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Como Conocer Los Temperamentos

Como Conocer Los Temperamentos - Sociedad

NORMAN YAIR NORIEGA GUTIERREZ

Los 4 temperamentos del ser humano

Introducción

El temperamento es la base biológica del carácter y está determinado por los procesos  fisiológicos y factores genéticos que inciden en las manifestaciones del comportamiento.

El temperamento provee a cada uno de los seres humanos las cualidades de singularidad; únicas en su género, y que le hacen tan individualmente diferente de sus congéneres como diferentes son las formas que Dios ideó para los cristales de los copos de nieve. Es la fuerza invisible que yace bajo la superficie de toda acción humana, fuerza que puede destruir a una persona normal y útil a menos que se la discipline y dirija. El temperamento proporciona al hombre fuerzas y debilidades. Si bien nos agrada meditar solamente en nuestras fuerzas, ¡no hay uno solo que no tenga debilidades! (Tim LaHaye 1986,)

La importancia de este ensayo recae en conocer como el temperamento influye en la vida de las personas y cuáles son las características de cada uno de ellos para un autoanálisis, que nos ayude a comprender las naturales debilidades o defectos de los demás. Por lo tanto en el trascurso de este ensayo se estará tratando desde diferentes autores y puntos de vista los 4 temperamentos resaltando sus debilidades y fortalezas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desarrollo

Que se entiende por temperamento

 

El temperamento es el resultado de combinar los rasgos congénitos que en forma subconsciente afectan el comportamiento del hombre. Estos rasgos se disponen genéticamente basados en la nacionalidad, la raza, el sexo y otros factores hereditarios, y son transmitidos por los genes. Algunos psicólogos sostienen la idea de que más son los genes que recibimos de nuestros abuelos que de nuestros padres. Por ello algunos niños son más parecidos a sus abuelos que a sus padres. El orden de los rasgos temperamentales es tan impredecible como el color de los ojos, del cabello o del tamaño del cuerpo.

Todos hemos heredado de nuestros padres un temperamento que incluye tanto fuerzas como debilidades. La Biblia le asigna a este temperamento diversos nombres, tales como “el hombre natural”, “la carne”, “el viejo hombre”, y “carne corruptible”, por no nombrar más que unos pocos. Es el impulso básico de nuestro ser que busca satisfacer sus deseos.

 

Conozcamos los Temperamentos

En esencia, la teoría de los 4 temperamentos sostiene que el cuerpo humano está compuesto de cuatro sustancias básicas, llamadas humores (líquidos), cuyo equilibrio indica el estado de salud de la persona. Así, todas las enfermedades y discapacidades resultarían de un exceso o un déficit de alguno de estos cuatro humores. Tanto griegos y romanos como el resto de posteriores sociedades de Europa adaptaron la filosofía médica clásica, consideraban que cada uno de los cuatro humores aumentaba o disminuía en función de la dieta y la actividad de cada individuo. Cuando un paciente sufría de superávit o desequilibrio de líquidos, entonces su personalidad y su salud se veían afectadas.

Más de 400 años antes de Cristo, Hipócrates, el brillante médico y filósofo griego, propuso la teoría de que hay, básicamente, cuatro tipos de temperamento. Erróneamente pensó que resultaban de los cuatro humores predominantes en el cuerpo humano: “sangre”; “cólera” o “bilis amarilla”; “melancolía” o “bilis negra” y “flema”. Hipócrates nominó los temperamentos de acuerdo a los humores que los producían, según su creencia: el Sanguíneo, sangre; el colérico, bilis amarilla; el melancólico, bilis negra y el flemático, flema. Según él, sugerían los temperamentos vivaces, activos, tristes y lentos.

Ninguna persona es portadora de un temperamento típico exclusivo. Descendemos de cuatro abuelos, cada uno de los cuales contribuye, por medio de sus genes, a la formación de nuestro temperamento. Todos ellos pueden haber sido de distintos temperamentos, de ahí que todos los hombres son una mezcla de temperamentos, pero con uno de ellos habitualmente predominante sobre los otros.

 

CHISPEANTE SANGUINEO

Chispeante Sanguíneo es el temperamento cálido, campante, vivaz y que goza de la vida. Es receptivo por naturaleza y las impresiones externas llegan fácilmente a su corazón, donde se transforman de inmediato en generosas respuestas. Cuando toma una decisión sus sentimientos predominan sobre sus pensamientos y reflexiones. El señor Sanguíneo cuenta con una inusitada capacidad para divertirse y generalmente logra proyectar su naturaleza cordial. Cuando entra a una habitación llena de gente, levanta los ánimos de todos los presentes con exuberante charla. Es fascinante oírlo contar cuentos, porque con su naturaleza cálida y emocional logra darles vida a los personajes de su narración. Nunca le faltan amigos al señor Sanguíneo. Hablando de él, el doctor Hallesby dijo: “Su naturaleza candorosa, espontánea y cordial le abre puertas y corazones”. Participa de las alegrías y de las tristezas de las personas con quienes se encuentra y tiene la capacidad de hacerlas sentir importantes, como si fuera un amigo particularmente íntimo, y lo es. . . como lo es la próxima persona que encuentra la cual recibe, a su vez, la misma atención. Disfruta de la gente, no le gusta la soledad y se siente en el mejor de los mundos cuando está rodeado de amigos donde es “el alma de la fiesta”. Tiene un repertorio interminable de historias interesantes que dramatiza al contar, por lo cual resulta un favorito tanto de los niños como de los adultos y su presencia es siempre bien recibido en fiestas y tertulias sociales. El señor Sanguíneo nunca tiene problemas por no saber qué decir. Con frecuencia habla antes de pensar, pero su franca sinceridad desarma a los oyentes, que lo acompañan en su buen humor. Su manera de ser sin ataduras, aparentemente excitante y extrovertido, provoca la envidia de los tipos temperamentalmente más tímidos. La forma ruidosa, jactanciosa y amistosa con que actúa lo hace aparecer más seguro de lo que realmente es, pero su energía y cariñosa disposición le permiten sortear los escabrosos obstáculos de la vida. La gente que lo rodea está dispuesta a excusar sus debilidades diciendo que “esa es la forma de ser de Chispeante”. El mundo sale ganando con esta gente sanguínea jovial y agradable. Triunfan como vendedores, como empleados de hospital, como maestros, como charlistas, como actores como oradores y, ocasionalmente, como líderes.

 

 

FRENETICO COLERICO

Frenético colérico es el del temperamento fogoso, de genio vivo, activo, práctico, de recia voluntad. A menudo es autosuficiente y muy independiente. Tiende a ser terminante y porfiado; le resulta fácil tomar decisiones tanto para sí como para los demás. El señor Colérico prospera en la actividad. En realidad, para él “la vida es actividad”. No necesita ser estimulado por los que lo rodean, sino que, por el contrario, es él quien los estimula a ellos con su interminable dosis de ideas, planes y ambiciones. Su permanente actividad no se pierde en el vacío, puesto que su mente, aguda y penetrante, le permite tomar decisiones instantáneas y también planear excelentes proyectos de largo alcance. No vacila bajo la presión de lo que puedan pensar los otros. Se define claramente sobre un tema y se lo ve a menudo actuando como cruzado de una gran causa social. No lo asustan las adversidades; más bien lo estimulan. Posee una tenaz determinación, y muchas veces el éxito le sonríe donde otros fracasan, no porque sus planes fueran mejores que los de ellos, sino porque prosigue empecinadamente la puja cuando los otros se han desanimado y han renunciado al esfuerzo. Si alguna verdad hay en el adagio de que “los líderes nacen, no se hacen”, entonces el señor Colérico es un líder nato. La naturaleza emocional del señor Colérico es la parte menos desarrollada de su temperamento. No simpatiza fácilmente con los demás ni demuestra o expresa compasión por nadie. Más bien se siente molesto o disgustado ante las lágrimas ajenas. Aprecia poquísimo las artes, porque su interés primordial descansa sobre los valores utilitarios de la vida. Es rápido para reconocer las oportunidades e igualmente rápido para diagnosticar la mejor manera de aprovecharlas. Cuenta con una mente bien organizada pero le aburren los detalles. No es dado al análisis sino, más bien, a rápidas y casi intuitivas estimaciones; de ahí que tenga la tendencia de mirar hacia la meta tras la cual va corriendo sin fijarse en los hoyos u obstáculos que pudiera haber en su camino. Una vez comenzada la carrera en pos de su meta, es capaz de atropellar sin miramientos derribando a los que se opongan a su paso. Tiende a ser dominante y mandón y no duda un instante en usar a la gente para la obtención de sus fines. Se lo considera un oportunista. Muchos de los grandes generales y líderes de la historia han sido coléricos. Son buenos ejecutivos, hombres de ideas, productores, dictadores o criminales, según hayan sido sus normas morales. Al igual que el señor Sanguíneo, el señor Colérico es habitualmente un extrovertido, pero no al grado del anterior.

 

 

MAESTRO MELANCOLIA

 

Se habla de “temperamento negro u oscuro” para referirse al Maestro Melancólico. Es el más exquisito de todos los temperamentos porque es un perfeccionista analítico con tendencia al auto sacrificio y emocionalmente hipersensible. Nadie como él para apreciar las artes. Inclinado por naturaleza a ser introvertido, su humor es cambiante porque habitualmente lo dominan sus emociones. A veces su disposición de ánimo lo lleva hasta el éxtasis y lo hace actuar como un extrovertido. Pero en otras ocasiones anda triste y deprimido y, durante esos períodos. Se retrae y se vuelve antagónico en grado sumo. El señor Melancolía es un amigo fiel. Pero a diferencia del señor Sanguíneo, le cuesta hacer amigos. No toma la iniciativa para saludar a la gente y espera más bien que sean las otras personas las que lo busquen a él. Tal vez sea el de conducta más responsable de todos los tipos temperamentales, porque sus tendencias perfeccionistas no le permiten desentenderse de sus obligaciones ni dejar librados a su suerte a los que dependen de él. Su natural reticencia no debe interpretarse como falta de apego a la gente. Al igual que todos nosotros, no sólo aprecia a las personas sino que anhela ser querido por ellas. Algunos desengaños que pueda haber experimentado lo hacen renuente a tomar a las personas por lo que son; por eso se muestra desconfiado cuando las personas se le aproximan o cuando lo colman de atenciones. Su excepcional capacidad analítica le permite diagnosticar con toda precisión los obstáculos o peligros que pudiese haber en cualquier proyecto  cuya planificación haya intervenido. Esto contrasta en forma radical con la persona colérica que raramente se toma el trabajo de meditar con anticipación en los problemas o dificultades que pudieran presentarse, sino que confía en su capacidad para habérselas con cualquier problema que se plantea. Esta característica lo hace reticente a iniciar algún nuevo proyecto y es capaz de provocar un conflicto con los que quieren hacerlo. Ocasionalmente, cuando está en una de sus venas de éxtasis emocional o de inspiración, puede crear una gran obra de arte o producir una acción genial, seguida, a menudo, de períodos de gran depresión. Habitualmente el señor Melancólico encuentra sentido a la vida a través del sacrificio personal. Pareciera que siente el placer de estar triste, y con frecuencia elige una difícil vocación que entrañe un gran sacrificio personal. Una vez tomada la decisión, tiende a ser concienzudo y persistente en la prosecución del objetivo, y es casi seguro que lo hará a la perfección. Ninguno de los tipos temperamentales tiene tanto potencial natural como el melancólico. Pertenecen al grupo de los melancólicos muchos de los grandes artistas, músicos, inventores, filósofos, educadores y teóricos en general, Es interesante constatar que muchos de los más sobresalientes personajes de la Biblia eran predominantemente melancólicos o con una fuerte tendencia melancólica, tales como Moisés, Elías, Salomón, el apóstol Juan y muchos otros.

 

 

 

TRANQUILO FLEMATICO

 

Tranquilo flemático toma su nombre de lo que Hipócrates creyó era el humor corporal que originaba ese temperamento calmo, sereno, lento, tranquilo y equilibrado. La vida, para él, resulta una experiencia feliz y sin peripecias, durante la cual procura no verse envuelto en los problemas de los demás.

El señor Flemático es tan cachazudo y tranquilo que muy pocas veces se irrita, no importa cuales sean las circunstancias. Hierve solamente cuando se le somete a una altísima temperatura y por ello rara vez explota dando rienda suelta a su enojo o a su alegría, por el contrario, ejerce un severo control sobre sus emociones. Es el único tipo temperamental consecuente en todas las ocasiones. Bajo su personalidad serena, reticente, algo tímida, se esconde una verdadera constelación de capacidades. Siente con más intensidad las emociones de lo que aparece a simple vista, y tiene la aptitud de apreciar las artes y las cosas hermosas de la vida. Al señor Flemático no le faltan amigos, porque disfruta de la compañía de las personas y posee un raro sentido del humor. Es el tipo de persona que puede provocar risotadas en una tertulia mientras él permanece impasible sin esbozar siquiera una sonrisa. Tiene desarrollada al extremo la capacidad de captar lo humorístico en otros y en las cosas que hacen. Su mente ágil y de gran retentiva lo hacen, en ocasiones, un excelente imitador. Una de sus mayores delicias es hacer objeto de sus chanzas a los otros tipos temperamentales. Le molestan los raptos de entusiasmo inútiles y sin sentido del sanguíneo, y le enrostra la futilidad de tal entusiasmo. Le disgusta la triste disposición de ánimo del melancólico y procura ridiculizarlo. Le encanta echar un balde de agua fría sobre los fabulosos planes y ambiciones del colérico. Procura ser un espectador en la vida y trata de no verse envuelto o comprometido en las actividades de los demás. Y si al final alguien lo convence y logra que haga cosas que lo saquen de su rutina diaria, lo hace a disgusto. Ello no significa, sin embargo, que no comprenda la necesidad de la acción y las dificultades de los demás. Tanto él como el señor Colérico ven con igual claridad la misma injusticia social, pero sus respuestas serán totalmente diferentes. Habitualmente el señor Flemático es una persona simpática y de buen corazón, pero rara vez revela sus verdaderos sentimientos. Pero toda vez que se siente movido a la acción, da pruebas de su extraordinaria capacidad y eficiencia. No busca espontáneamente el liderato, pero cuando las circunstancias se lo imponen resulta un líder sumamente capaz. Ejerce un efecto conciliador sobre los demás y es por naturaleza un pacificador.

 

 

¿SE PUEDE CAMBIAR EL TEMPERAMENTO?

El apóstol Pablo tradujo en palabras el desgarrador grito de desesperación que brota del corazón de toda persona sincera que lamenta sus debilidades: “¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte?” (Ro. 7:24, Versión Reina- Valera 1909). Su respuesta es electrizante: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro”. Efectivamente, el temperamento puede ser cambiado! No hay dudas de que así es, según lo manifiesta claramente Pablo en 2 Corintios 5: 17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Ya que el temperamento constituye nuestra “vieja naturaleza”, lo que el hombre necesita es una “nueva naturaleza”. El hombre adquiere la “nueva naturaleza” cuando recibe a Jesucristo en su vida. El apóstol Pedro podía hablar de este tema por experiencia personal, pues su temperamento cambió espectacularmente al recibir la “nueva naturaleza”. En 2 Pedro 1:4 se refiere a todos aquellos que “han nacido de nuevo”, por fe en Jesucristo, como “…participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”. La “naturaleza divina” que la obtenemos por medio de Jesucristo, es la única vía de escape al control que ejerce sobre nosotros nuestro natural temperamento, pues solamente por medio de él somos hechos “nuevas criaturas”.

Cierto es que algunos pocos individuos, con gran fuerza de voluntad y dominio de sí mismos, logran cambiar algunos aspectos de su temperamento y gran parte de su conducta, pero no curar todas sus debilidades. Aun ellos han caído en sus vicios habituales y dominantes. En cierta ocasión, el doctor Henry Brandt, uno de los más sobresalientes sicólogos cristianos de América, afirmó ante un grupo de pastores que si sus pacientes no aceptaban a Cristo, nada podía hacer por ellos. No sabía de ningún tratamiento, en el ámbito de la sicología, que fuera efectivo para los problemas de comportamiento, pero en Jesucristo encontró la respuesta. Para ilustrar más aún su absoluta confianza en el poder de Jesucristo, el doctor Brandt dijo una vez: “Podemos recurrir a nuestro trasfondo como una excusa por nuestro comportamiento, solamente hasta el momento de recibir a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador personal. Después de eso, contamos con un nuevo poder interior que nos capacita para cambiar nuestra conducta”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conclusión

  • no existe un tipo temperamento puro, sino más bien somos una mezcla de diversos rasgos, con predomino de alguna característica en particular.
  • somos el resultado de nuestro temperamento y de nuestro carácter. El temperamento es inamovible, sí es posible su control y modificación.
  • EL SANGUÍNEO. Es muy cerebral y da la sensación de una persona fría. Es trabajador y curioso y se adapta bien a cualquier ambiente.
  • EL FLEMÁTICO. Es reposado y tranquilo y también muy ordenado. No le gusta el trabajo en equipo. Además, es dócil y metódico.
  • EL COLÉRICO. Se caracteriza por sus arrebatos. Se deja llevar por la primera impresión y es poco constante. Abandona las actividades cuando sospecha algún peligro (real o fantaseado).
  • EL MELANCOLICO. Es tímido e inseguro, pero muy reflexivo y generalmente busca el aislamiento y la soledad y tiene problemas para adaptarse a cosas nuevas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

LAHAYE, Timothy Francis

1986               Temperamentos Controlados. Editorial Unilit,

 

HALLESBY, Ole Christian

1972                Temperamento y fe cristiana. Caribe.

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IngNorus

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