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¿Cómo funciona nuestro cerebro?

¿Cómo funciona nuestro cerebro? - Ciencia

Como el tema es muy amplio, iré desarrollando el tema en diferentes artículos. En el anterior os hablaba de cómo afectaban las emociones a nuestro cerebro, podéis leerlo pinchando aquí.

Para ser sincera, es un tema que me fascina, y no dejo de maravillarme con las capacidades que tiene nuestra mente. Jamás me canso de leer artículos sobre nuevos descubrimientos o teorías.

La complejidad del encéfalo no reside en sus células, las cuales tienen una estructura bastante sencilla, sino en los circuitos existentes en él. Que sea capaz de generar comportamientos verdaderamente complejos se debe a la comunicación que mantienen las, aproximadamente, 100.000 millones de células nerviosas que posee. Las redes neuronales son tremendamente flexibles, nos dan la capacidad de mejorar y adaptar sus conexiones para que algo que practicamos nos resulte más sencillo cada vez. Si conduces desde hace tiempo, recuerda cuando empezaste. Si lo piensas, la diferencia con tu primer día es evidente. Puede que al principio pensases incluso que jamás lo harías del todo bien, que sería imposible relajarte al volante, que necesitabas poner toda tu atención desde que te sentabas y empezabas a pensar lo que tenías que hacer. Y ahora, si llevas algunos años haciéndolo, estoy convencida de que ni siquiera tienes que pensar que tienes que ponerte el cinturón, apretar el embrague, meter primera, pisar el freno, soltar el de mano, girar el volante, mirar por el retrovisor, …  Tu cerebro, gracias a sus redes, lo ha automatizado todo hasta tal punto, que puedes perfectamente arrancar tu vehículo mientras hablas con otra persona, por ejemplo, sin que te suponga el menor esfuerzo ni tengas que decirle a la otra persona: «Espera, no me hables, tengo que concentrarme y pensar como arranco este trasto».

Pero adentrémonos un poco más en el cerebro. Tenemos dos hemisferios y cuatro lóbulos: el occipital, el parietal, el temporal y el frontal.

El frontal, en el hombre, abarca el 30% de la superficie cerebral, mientras que en animales como el perro (7%) o el gato (3%) este porcentaje disminuye considerablemente. Tiene la arquitectura neuronal de más alto nivel en la escala evolutiva. Es un verdadero logro del ser humano.

Su activación está relacionada con cosas como planear, solucionar problemas, comportamiento sexual, emociones, planificación y ejecución de conductas, etc., y patologías en esa zona se asocian con conductas antisociales y criminales.

Cuando estudiaba Psicología, en una de mis clases, el profesor nos contó una historia relacionada con el lóbulo frontal que me impresionó y que recuerdo que luego amplié por mi cuenta, pues me resulto muy interesante. Se trataba del conocido caso de Phineas Gage.

Phineas nació en 1823. Era trabajador de los ferrocarriles y se encargaba de abrir camino a las vías. A la edad de 25 años, sufrió un accidente laboral al colocar una carga explosiva que hizo que una barra de metal de 3 cm de diámetro entrase en su cráneo por su mejilla izquierda y saliese por la parte superior. La barra fue encontrada a varios metros de él.

No solo no murió, lo cual de por sí ya es bastante increíble, sino que además fue capaz de hablar y moverse a los pocos minutos del accidente. Fue atendido por el médico local, Harlow, quien se dio cuenta de la importancia científica de lo que tenía ante sí y documentó el extraño comportamiento de Phineas Gage, a causa de este daño en el lóbulo frontal.

Sobrevivió, pero su personalidad cambió. Nunca volvió a ser el mismo. Se volvió extremadamente impulsivo, irascible, había perdido completamente el pudor, blasfemaba, su comportamiento se volvió muy agresivo, hacía sus necesidades en lugares inadecuados, pegaba a su familia… Aunque eso sí, no parecía haber diferencias significativas en cuanto a su inteligencia. Todos los cambios se produjeron en su personalidad.

Phineas Gage, en su desgracia, nos proporcionó las bases para que hoy en día sepamos las funciones que desempeña el lóbulo frontal y aquel suceso, marcó un antes y un después en las investigaciones que relacionaban diferentes áreas del cerebro con la conducta.

Si el lóbulo frontal tiene semejante importancia en el comportamiento, si todo se basa en redes neuronales flexibles, si sabemos que se pueden modificar según nuestras actuaciones habituales ¿No tendría sentido que en la medida de lo posible, tratásemos de moldear estas redes del modo más favorable para nosotros? Todos lo hacemos, enviamos señales constantemente que generan una serie de respuestas y cambian o mantienen dichas redes, pero muchas veces permitimos o nos sentimos incapaces de controlar ciertas emociones negativas que afectan a todo nuestro organismo y que “moldean” nuestro cerebro de un modo que no es el más indicado. Hoy en día, está más que probado científicamente este hecho. Un ejemplo sencillo y conocido por todos es el estrés. La sintomatología va desde tensión arterial elevada, insomnio, diarrea, indigestión, nauseas, vómitos, cefaleas, desarreglos en el ciclo menstrual, y un largo etcétera, la lista es realmente amplia y eso que solo nos estamos centrando en el estrés. Es decir, le estamos “diciendo” a nuestro cerebro que “algo” no va bien y que se tiene que encargar de “solucionarlo”.

Sí, nuestra mente es capaz de provocar todos esos y muchos más síntomas físicos. La buena noticia es que si tiene esta capacidad, ¿por qué no habría de tenerla para todo lo contrario, es decir, para llevarnos a un estado más saludable, placentero y feliz? ¿Aún lo dudas? Por supuesto que la tiene. Y hay muchas cosas que puedes hacer para que, mejorando tu positividad, mejores también tu salud general.

No hay más que pensar en el ya sobradamente documentado científicamente, efecto placebo. Intentaré explicar en qué consiste, aunque de una forma muy general porque evidentemente luego existen muchas variables ya que se han realizado muchísimos trabajos relacionados con este concepto. En este tipo de experimento se hacen al menos dos grupos de sujetos que presenten una misma sintomatología o trastorno. A ambos se les administra un medicamento que no es más que agua azucarada, es decir, incapaz por sí mismo de producir ningún cambio en el paciente, ni para bien ni para mal. La diferencia radica en las instrucciones y la forma en la que se les administra. Mientras a un grupo se les da por medio de un médico que aparentemente no cree en absoluto en la eficacia del tratamiento y así se lo expresa a sus pacientes, el otro “medicamento” es suministrado por un profesional que les habla de las maravillas que se logran con el mismo, y lo presenta como un “fármaco” altamente efectivo. No olvidemos que en ambos casos, la toma es la misma: agua azucarada. Después de un tiempo, los pacientes del segundo grupo, los que recibieron su medicamento informándoles que era muy efectivo, presentan una mejoría significativa comparada con el otro grupo.

Esto significa, ni más ni menos, que la forma de afrontar un tratamiento es fundamental. Que no sabemos hasta que punto nuestra farmacia cerebral y nuestro cuerpo participa en la curación o en nuestro bienestar general, pero es evidente que lo hace. Si queréis saber más acerca de nuestro cuerpo y nuestras emociones, podéis pinchar en el siguiente enlace: La importancia de las emociones en nuestro cerebro. Si te ha gustado el artículo o te ha resultado útil, te agradecería muchísimo que lo compartieses en tus redes sociales. 🙂

Imagen: pixabay.com

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Acerca del autor

Cristinace2018

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