Cine y Televisión

¿cómo Llega Un Seriéfilo Al Final De Una Serie?

¿cómo Llega Un Seriéfilo Al Final De Una Serie? - Cine y Televisión

Siempre que empezamos a ver una serie, adoptamos a esos personajes por el tiempo que dure. Así sean nueve temporadas. El proceso de un seriéfilo es algo muy particular.

La vida de un seriéfilo no es un chiste. Nos tomamos muy en serio eso de mirar series y de disfrutarlas, al punto de integrarlas a nuestras vidas. Antes de decir esto en voz alta por primera vez en mi vida, pensaba que era una loquita. Pero cuando empecé a estudiar guión, me encontré con gente que pensaba y sentía igual que yo con respecto a series, novelas y libros.

¿Quién no comparó alguna vez la vida real con un capítulo de Friends? ¿Quién no dijo “debe ser A” cuando algo misterioso pasaba? ¿O pensó en llamar a Mulder y Scully porque vio una luz rara en el cielo? Pero, como todo en la vida, las series también terminan y eso cuesta aceptarlo. Sobre todo para un seriéfilo.

Ese proceso que dura capítulos y temporadas.

Elegir una serie no es moco de pavo. Sabés que va a formar parte de tu vida, que la vas a incluir en comentarios, que la vas a recomendar si te gustó. De repente, casi por accidente, esos personajes que ves en la televisión (o en la computadora en tiempos de Netflix), pasan a integrar tu vida. No en plan loquita, sino en plan admiración y entretenimiento. Y te encontrás comparando situaciones de tu vida con los protagonistas de aquellas series, con lo que hacen y con lo que dicen.

Y por eso, aquella obsesión de Mónica por la limpieza en “Friends” pasa a ser comparada con ese momento en que, mientras tus amigas veían un partido y gritaban goles, vos pasaste barriendo. O las decisiones amorosas de Lorelai de “Gilmore Girls” son muy similares a las que vos tomás. No porque copies lo que sucede en la televisión. Es más bien el identificarse con situaciones o decisiones. Y sentirlas cercanas.

Y de pronto… “The End”

Encontraste una serie que te divierte, te hace pensar y con la que sentís una conexión muy fuerte. Pasan los capítulos y empezás a acercarte al final. Pero no querés que termine, porque significaría dejar ir a los personajes, a las historias…

Igual hay algo muy distinto. Está el terminar una temporada y saber que pronto van a estrenar la próxima (como me sucede con “Grace & Frankie” o “Pretty Little Liars“). O saber que, una vez que termine, termina de verdad (me pasó con todas las de los 90 y con algunas actuales).

Recuerdo con mucho horror el momento en que terminé de ver las 3 temporadas de “El Barco” y salí a la calle. Si la vieron, me darán la razón (Si no la vieron, no sé qué están esperando para hacerlo). Había vivido durante dos días —sí, tardé dos días en ver 3 temporadas— en un barco, en el medio de la nada, llorando y riendo con sus personajes. Y, así como si nada, terminó. Cuando salí a la calle, me maravillaba ver los edificios y necesitaba tomar Coca-Cola (guiño, guiño).

También expreso mi negación por ver el final de “Velvet”. Me niego a que termine, me niego a abandonar esa historia y a sus personajes ¿Saben que tardé casi un año en ver el final de “Charmed” por negación? Sí, tengo problemitas… Que todo seriéfilo tiene.

Empezás a hacer un duelo bastante horrible. Porque los personajes, al fin y al cabo, son gente que no existe. O, mejor dicho, están creados para estar congelados dentro de una serie y haciendo lo que el guionista escribe. Las series, los diluvios y la vida terminan, y vos no podés hacer nada al respecto.

Pero… ¿Qué me queda?

¿Que qué te queda? La inmortalidad de las escenas repitiéndose en loop en tu cabeza. O las repeticiones que enganchás un domingo en Fox, las rewatch en Netflix. Los diálogos que te sabés de memoria y que acuden en auxilio cuando no sabés qué decir. Y, lo mejor de todo, lo que te enseñaron.

Las series hacen que quiera ser muchas personas a la vez. Muchas escenas que me gustaría representar, escribir y ser. O pensar.

Eso es lo que hay que hacer con las series una vez que terminan. Como con todo lo bueno que termina en la vida. Agarrar lo bueno y utilizarlo en el camino. Que, a lo sumo, te tratarán de loco cuando digas una frase de “The X Files” para terminar una charla. O cuando compares una pelea con una escena de “Charmed”. Pero, acaso, ¿no está bueno estar loco?

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Acerca del autor

Mauge Sologuestúa

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