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Cómo Viajar En Pareja Sin Morir En El Intento.

Cómo Viajar En Pareja Sin Morir En El Intento. - Sociedad

 

No existe un método exacto, una posición mágica, o algún tipo de hechizo para que, al viajar en pareja, todo salga viento en popa. (Tampoco podemos estar culpando siempre a mercurio retrógrado, por favor)

Todo depende de la pareja en sí. Del tipo de viaje. De las ganas. Y lo más importante: de la paciencia que cada uno tenga.

Porque es muy fácil querer viajar con una persona, pero es otra historia diferente cuando ya estás viajando y de la nada, te comienzan a crecer una especie de instintos asesinos momentáneos en la rutina diaria.

El dicho dice que, si deseas conocer verdaderamente a una persona, tienes que viajar con ella. Yo digo que, si deseas desconocer a una persona, viaja con ella. Me centro ahora en el viaje de parejas, pero estoy muy segura de que hacerlo con un amigo o algún familiar puede resultar muy, muy similar.

Pues bien, no estoy segura en qué voy a convertir este artículo, si en una especie de auto ayuda, o una guía maestra de pasos y puntos a seguir para no terminar asesinando a tu compañero o compañera. Yo solo escribiré y está en ustedes ver el modo de emplearlo o no (si es que planean asesinarlo en serio)

El “punto” número uno en la lista de viajes se encuentra el llenar tu cuerpo, tu alma y cada uno de tus preciosos chacras en tener paciencia, toda la disponible y un poco más. Porque cada persona reacciona diferente ante determinados momentos del día y ante determinadas situaciones características de quien vive la vida sin saber exactamente que rumbo tomará.

El “punto” dos consiste en darte cuenta de que realmente nunca, pero nunca se llega a conocer a una persona verdaderamente. No, no. Por lo cual no puedes ir mentalizado en que no pasará nada, en que todo estará bien y que la pasarán bomba cada día de la semana porque “ya nos conocemos” “ya he visto todas sus caras” te aseguro que no las viste y que quedan un par más escondidas.

El “punto” tres es ser flexible. Con todo. Más si se está viajando de mochilero y se está cambiando de destino cada dos por tres. Conocer a tu pareja no significa tener los mismos gustos ni las mismas ganas de hacer determinadas cosas. Puede ocurrir que mientras tú quieras descansar sin hacer nada en un hostel la otra persona quiera salir a escalar alguna montaña. O cuando tú quieras ir al pueblo del norte, la otra persona quiera visitar el pueblo del sur.

Y allí, mis amigos, los quiero ver.

Considero también, que existe un punto muy importante que es el nunca olvidarte de ti mismo. De tú independencia y tu libertad como ser humano. Que viajen juntos no significa que tengan que estar 24/7 pegados. Yo creo que ayuda enormemente el tener esa libertad de poder decidir sobre ti mismo. De que, si te levantas por la mañana con ganas de salir sola a andar en bicicleta por ahí, puedas hacerlo. Porque en ese tiempo estás aprendiendo un montón y tu pareja, del otro lado, también lo está haciendo. Porque realizar actividades cada cual por su lado significa luego realizar algo juntos que es el contar las experiencias de cada uno y eso resulta, al final del día, totalmente gratificante.

Lo siguiente es que resulta agotador. Llega un momento del día en que pueden llegar a discutir porque tú te serviste un vaso con agua y no le preguntaste a tu pareja si también quería (esto es verídico, lo juro); en ese caso es cuando se tiene que respirar hondo, contar hasta diez y solucionar el asunto del modo más rápido posible. Llenar tu mente con todas las cosas buenas de esa persona, con todos los momentos vividos y las acciones realizadas y ceder, si es necesario, para no escandalizar el asunto. (Miren que me costó entenderlo al principio)

Lograr el nivel de que tu pareja sea también tu compañero es difícil. En especial porque yo considero que ser compañero en algo mucho, mucho mejor que ser un amigo. O incluso en determinado momento llega a tener más significado las palabras “compañero de vida” que “pareja”

Pero si bien es difícil, no es imposible. Tienes que estar abierto a todo, a dejar que esa persona te sorprenda sin importar que sea para bien o para mal. Porque es el único modo de conocerse un poquito más el uno al otro. Y es confiar. Confiar plenamente en la persona que ocupa tu costado. Porque esa persona se vuelve parte de ti con el pasar del tiempo, y en cierto modo van a depender el uno del otro sin siquiera darse cuenta.

Viajar en pareja es un modo de crecimiento personal que reconozco como muy… violento. Muy abrupto. Una forma radical de poder darte cuenta si quieres o no quieres estar con la persona a tu lado. Si realmente confías o no. Sí tú misma eres una buena persona como pareja. Como compañero. Porque sucede que no solo conoces al ajeno, sino también a ti mismo. Y por ahí conoces partes de ti que no sabías que tenías o que te llegaran a gustar. Por ahí determinados acontecimientos despiertan en tu interior determinadas acciones que pueden asustarte incluso a ti mismo. Y esa clase de momentos son los decisivos como para poner en balanza los “si” y los “no” de esta vida. Lo que sí quieres. Lo que no quieres. Lo que sí estás sintiendo. Y lo que no quieres sentir.

Viajar en pareja también es un modo increíble de viajar. No es todo color de rosas, por supuesto (maldito mercurio) pero vale completamente cada minuto. Las experiencias se tornan diferentes cuando tienes en tu mano la de la persona que más quieres. Las noches lindas son aún más lindas e incluso los momentos feos luego no te los imaginas con nadie más que no sea esa persona. Se aprende a compartir, compartir horas de tu vida, compartir momentos, compartir experiencias, paisajes, aventuras. Se trata de entender o al menos hace tu mejor esfuerzo por entender tus sentimientos primero, y luego los ajenos. Viajar en pareja se trata de aprender que el ego es lo peor que puede tener un ser humano, y que ninguna discusión es el fin del mundo. Y que todo, todo de cierto modo, tiene una solución.

No son solo fotos. No son solo videos divertidos. Es cuánto les costó llegar hasta ese punto culmine. Cuántos miedos debieron superar. Cuanta confianza fue necesaria. Cuánta paciencia perdieron. Y cuanto amor terminaron sintiendo al final del día.

 

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Alexsandra

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