Sociedad

Comunicación: Sinceridad/indiscreción

Comunicación: Sinceridad/indiscreción - Sociedad

 

Las personas a veces confundimos sinceridad con indiscreción y hacemos un romance en torno a la “sinceridad” insolente y desenfadada, que pasa por encima de todo protocolo por el prurito de “tener que decir la verdad” o porque “somos así”. De alguna manera justificamos la necesidad de expresar nuestra opinión aun ofendiendo a las personas objeto de nuestra sinceridad mal entendida, como si quisiéramos golpearlas o castigarlas con ella.
El problema es que no nos damos cuenta que este tipo de sinceridad no nos hace superiores, muchas veces lo que tenemos que decir es algo trillado y sin importancia, pero lo decimos igual, más que por el honor a la verdad tan pregonado, por la falta de control de nosotros mismos y el afán protagónico que casi siempre se esconde en estos “orgasmos verborréicos”.
La sinceridad está más cercana a otro concepto importante en nuestra comunicación, la “asertividad”. Por asertividad entendemos la capacidad de expresar los sentimientos, ideas y opiniones, de manera libre, clara y sencilla, comunicándolos en el momento justo y a la persona indicada. Ser asertivo no significa que lo que digamos sea la verdad, más bien significa un intento válido por lograr una comunicación honesta, respetuosa y directa.
Ser asertivo previene el ofender al interlocutor, expresa lo que con honestidad se desea expresar y la forma cómo este concepto expresado nos afecta. Es también la pérdida del miedo a comunicarnos. Pero esto lamentablemente sólo enfoca al comunicador pero no al receptor, quien por el otro lado es el destinatario de nuestra comunicación.
El receptor tiene una óptica diferente en el mecanismo de comunicación, el receptor a veces puede tener un “filtro” emocional que le impide discurrir en forma asertiva, puede por ende llegar a sentir que el comunicador le quiere imponer una idea o concepto y en consecuencia, se defenderá con todo lo que esté de su lado para evitarlo. De esta manera, el receptor puede reaccionar en función de sus propios prejuicios y preconceptos, produciendo con ello un ruido importante en el proceso de comunicación.
Volviendo al extremo del comunicador, algunas veces se olvida que toda comunicación está sujeta a la interpretación del mensaje por parte del receptor y esta, puede estar sometida a distorsiones que obedecen a motivaciones subalternas y en extremo, poco conscientes o lejanas a la influencia de su inteligencia emocional. De esta manera es muy importante hacer uso de la empatía, de manera que al formular el mensaje también se tenga en cuenta la forma como el receptor pueda presentar menor objeción al mismo. El mensaje así nunca deberá tener calificativos o el empleo de términos que puedan representar imposición, superioridad o menoscabo.
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Jorge De la Barra

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