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Conversación con un gato negro

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Conversación con un gato negro - Sociedad

Afirman los supersticiosos que si se te cruza un gato negro tendrás mala suerte, yo no lo veo de esa manera. De camino al mercado me lo crucé y adivinen qué, fue el mejor día de mi vida al entender sus palabras.

Iba caminando tranquilamente cuando lo ví, le pegunté el porqué de esa idea. Me dijo que los humanos están acostumbrados a echarle la culpa de sus errores a terceros. Pero adivina qué —dijo con voz irónica— yo nací negro, no pedí venir a este mundo, pero vivo entre ustedes y no me quejo de la vida. Por ser negro no consigo que me adopten, pero no ando por la vida echándole la culpa a mi madre por haberse, quizá, cruzado con un gato de mi color. Tampoco conozco a mi padre, pero vivo feliz sin él. Le agradezco a la vida por haber formado esa parte de mi historia que, aunque sea triste, me ha hecho más fuerte cada día

Al llegar la noche no deambulo por las calles pidiendo un techo, me acomodo en un lugar donde, por lo menos, tenga algo de calor y las entrañas no se me endurezcan por el intenso frío de la noche. Soy feliz al lado de los gatos de mi misma condición, pero, aunque ellos formen parte de mi vida, soy diferente, no me meto a las tiendas a robar comida o a las casas ajenas a revisar las ollas o las sobras de entre los platos sucios. Prefiero esperar a que la gente bote algo de basura y sé que, entre los desperdicios, puedo conseguir si quiera una lambida a una lata de conservas. En ocasiones hay gente buena que compra una lata de atún y me la regala por pena.

Estoy feliz de ser un gato negro, pero también estoy feliz de estar vivo y es lo que más importa, si algún día muero, quiero que me recuerden como un ser noble que nunca pidió nada, comió de las migajas e su vida más fácil que otros.

¿Por qué no sales a buscar tu comida como los otros gatos? —pregunté con cierto asombro— Yo siempre quiero hacerlo todo—contestó—, pero es que me da tanta pereza salir a buscarlo, prefiero esperar la voluntad de los demás y mientras tanto aprovecho en dormir y pasarla bien que la felicidad también depende ello.

Sus palabras sonaban contradictorias, pero me animaron a no ser conformista. Si hoy no tengo dinero, no es porque me lo crucé y me haya dado mala suerte para no encontrar trabajo, lo que pasa es que no busqué en el lugar indicado.

Dejemos de ser como un gato y pongámosle esfuerzo al deseo de superación. Dejemos de ser un eco entre la multitud y creemos nuestras propia iniciativa. Basta de esperar a que todo nos caiga del cielo, tengamos presentes que hemos sido creados con la capacidad máxima de establecer una vida de felicidad plena. Que nuestras ideas no se queden en nuestra mente, explotemos esa mente y hagamos realidad nuestras ideas.

Recordemos siempre: ¡Quién no arriesga, no gana!

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Roy Pacaya

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