Literatura

Cortos Pero Intensos: Selección De Microrrelatos Y Poesía

Cortos Pero Intensos: Selección De Microrrelatos Y Poesía - Literatura

NO SERÁ LA ÚLTIMA BATALLA

Año 206 a.C. Las legiones romanas estaban celebrando la victoria. Habían expulsado definitivamente a las huestes cartaginesas de la Península Ibérica, haciéndose con los territorios conquistados hacía años por esos bárbaros africanos. Roma expandía su poder con puño de hierro, y las legiones, entrenadas y disciplinadas, se convertían en su brazo ejecutor. Marcelo Crispo, uno de esos legionarios, celebraba el triunfo acompañado de sus camaradas, anhelando el fin de la guerra y el regreso a su Cumas natal junto a su mujer y sus dos hijos. Marcelo, recordó los momentos vividos con sus camaradas caídos en la batalla, buenos y leales compañeros, en especial Quinto Vitelio Rutio, el cual le había salvado la vida en más de una ocasión. Esa noche, el veterano legionario Aulo Marcelo Crispo, haría una ofrenda a los dioses sempiternos, pidiendo que las almas inmortales de sus camaradas y amigos caídos en la batalla tuvieran una existencia dichosa y feliz en los Campos Elíseos. “Volveremos a vernos, amigos”, dijo Marcelo mirando el refulgir de las estrellas en la oscura inmensidad de la noche, “pero todavía no.”

 

NOS CONOCIMOS EN LAS SOMBRAS

Nos conocimos en las sombras, en un lugar donde no existen las caricias, pero allí estábamos los dos. Ella se acercó a mí, y yo no pude evitar sonreír. Fue una sensación agradable, una sensación que no recordaba, una exhalación de vitalidad que arrasó toda la desdicha de mi ser. Hablamos durante largo rato, y por primera vez en mucho tiempo, las horas no significaron nada para mí. Ella era tan hermosa, tan inteligente, tan natural, que yo solo podía venerar su presencia y perderme en sus cetrinos ojos, grandes, como dos luceros que me mostraban la luz, atravesando las tinieblas, mostrándome el camino de regreso a la vida. Ella se sentía igual, pero era mucho más fuerte que yo.

 

HELIA LA CABALLERO

Érase una vez, una niña que no soñaba con ser princesa. Helia, que así se llamaba la pequeña, siempre deseó convertirse en caballero para combatir las injusticias y defender a los inocentes. Tampoco buscó nunca al príncipe azul, pues su amor sería para un hombre de noble corazón, compañero y amante; aquel que luchara a su lado, escudo junto a escudo, como iguales. A medida que Helia crecía, luchaba con todas sus fuerzas contra los convencionalismos sociales de la época, y a pesar de no pretender ser ejemplo para nadie, la joven se convirtió en el referente de las mujeres que ansiaban romper las cadenas de la falocracia gobernante. Helia, ya mujer, consiguió convertirse en caballero y encontrar el amor junto a Beltrán, su compañero de batallas y amante. Los dos juntos, vencieron al Dragón que pretendía condenarla a la oscuridad del arcaico machismo histórico, convirtiéndose en el ejemplo de las nuevas generaciones femeninas, las cuales, fueron libres de elegir sin miedo su destino.

 

TREBOR

Por alguna razón, jamás encontré placer en el amor, pues en mi configuración, se trataba tan solo de una necesidad para poder encajar. Comer, beber, dormir, amar, y poco más. Eran mis funciones básicas. Todo lo demás, lo iría aprendiendo con el tiempo, que se me presentaba intrascendente, pues no podía envejecer como lo hacen los humanos. Mi nombre verdadero es TR-380R, aunque todos me conocen como Trebor.

 

EJECUTOR

Se dictó la orden desde el otro lado de la línea,‭ y su receptor se dispuso a ejecutarla sin más demora. Sacó su arma de la funda que llevaba bajo la chaqueta, preparó el silenciador, y apretó el gatillo regando con sangre y sesos la pared y parte de la moqueta de la habitación del lujoso hotel donde ahora, maniatada a una silla, yacía la víctima. El verdugo, tranquilo, haciendo gala de su profesionalidad, desmontó el silenciador del arma y volvió a introducir su Smith&Wesson de 9mm en la funda. No haría ningún intento por esconder el rastro del crimen, pues esa era su intención. La víctima, sería encontrada tal y como había sido ejecutada; el casquillo del proyectil, sería encontrado y examinado por la policía, pero el ejecutor ya se habría esfumado sin dejar rastro. Todo parecería pertrechado por un asesino inexperto, precipitado, aunque en realidad se trataba de un trabajo profesional, pues las pistas apuntarían hacia otro lado dejando invisible el verdadero motivo. La única pista dejada por el ejecutor era el casquillo del proyectil, el mismo calibre y marca utilizado por la policía de la ciudad. ¿Quién estaría interesado en señalar a la policía? ¿Sería el cadáver hallado en un hotel de lujo una víctima inocente o culpable? Y el ejecutor… ¿Quién era ese ejecutor?

 

FALSA ALARMA

Todo lo que juntos descubrimos no fueron más que hermosas y crueles mentiras. Mentiras vestidas de amor fingido, pintado de una esperanza que claudicó antes de poder desafiar al tiempo.

 

MEMORIA CAUTIVA

Ya no quedan lágrimas ni tumbas donde dejar flores.

En su lugar, historias perdidas y sueños rotos bajo olvidadas cunetas.

 

PATRIA

¿Qué es la patria? La patria son tus ojos, y hasta donde alcanzan tus brazos mi frontera. La patria son las voces de la gente, cada amanecer, cada luna, cada sueño. La patria son los niños, los ancianos y sus historias; los hombres y mujeres libres que caminan en una misma dirección. ¿Qué es la patria? La patria es la tierra, sin importar su color.

 

LÁGRIMAS DE SANGRE

Todo ocurrió en cuestión de segundos. Tras la primera explosión se desató el pánico. La polvareda atrapaba en su interior a decenas de personas que corrían sin orden alguno. Algunas se agazapaban, inmóviles por el miedo, confundiéndose con los cuerpos inertes en el frío pavimento. Quizá ya no notarían nada. Una segunda explosión volvió a sacudir el lugar, una pequeña plaza rodeada de bares de copas, establecimientos de comida y modernos escaparates de ropa. El céntrico lugar se había convertido de manera inesperada en un improvisado infierno. Marcel solo pensaba en Esther, su hija, a la cual abrazaba con fuerza para notar los latidos de su pecho. “Está viva”, se repetía una y otra vez en su interior. Habían salido a comprar algo de comer para la cena. Su teléfono sonaba, y la pantalla marcaba el nombre de Chloe, su esposa. La antes soleada y transitada plaza, estaba ahora cubierta por una negra y densa nube de muerte y destrucción. De su interior, algunas personas surgían como espectros de entre las tinieblas. Cristales rotos, sangre, y cuerpos de inocentes poblaban el lugar. Gritos y sirenas acompañaban la dantesca escena.

 

BRILLA VIEJA ESTRELLA

Brilla vieja estrella, nunca dejes de brillar, pues aunque el dolor persista, muy pronto acabará. Cierra los ojos, que yo te tenderé la mano. Tranquila, sigue soñando pues yo estaré a tu lado como tú siempre lo has estado. Mira al otro lado. Allí te espera él, pues a pesar de los años nunca te olvidó. Ahora ve, ve a su encuentro y abraza su recuerdo. No llores más, pues a este lado siempre presente estarás. Cuando esté triste sabré donde encontrarte, no te preocupes por mí, pues me enseñaste muy bien cómo cuidarme. Ahora ve, no pierdas más el tiempo, que yo no olvidaré mirar al cielo para hablar contigo. Pero recuerda: Brilla vieja estrella, nunca dejes de brillar, que a pesar de la distancia tú siempre me encontrarás.

 

REOS DEL AMOR

No se dijeron nada y se lo dijeron todo mientras unían sus cuerpos y se acariciaban el alma. Tanto ella como él, acabaron por declararse culpables ante el juez alado. Eros, los declaró culpables por haberse robado mutuamente el corazón, condenándolos a amarse para toda la eternidad.

 

LO QUE DURE LA ETERNIDAD

Viajó eternamente por las curvas de su cuerpo. Por la mañana, la claridad de los rayos del sol lo transportó a la realidad, pues ella se había marchado. Nunca más la volvió a ver, y la eternidad de esa noche se convirtió en un efímero recuerdo.

 

UNA GUERRA COMO LAS DE ANTES

(Si vis pacem, para bellum)
El viento transportaba en sus invisibles brazos el aciago y fétido hedor de la muerte, mientras la presencia de la Parca se hacía horrorosamente visible por todo el campo de batalla.

-¡Aulo! ¡Fabio! ¡Mirad!- gritaba uno de los soldados mientras señalaba a los jinetes que se acercaban cabalgando a todo trapo en dirección al dantesco lugar.

Era la caballería aliada, que se ensañaba con los enemigos que intentaban escapar de la cruenta lucha, produciéndose una auténtica carnicería acompañada de una lúgubre melodía de gritos, lágrimas y súplicas inútiles que nunca daban resultado. Muchos de los aguerridos soldados enemigos que minutos antes combatían con la furia de los dioses bárbaros, ahora yacían en el barro con las ropas manchadas de sangre y su propia orina.

 

LA MÚSICA ESTÁ EN EL CIELO

Las notas de una antigua canción se dibujaban en el cielo de la mañana, aunque en las calles todo permanecía en calma. La gente que transitaba por aquel lugar observaba con extraña curiosidad a aquel hombre sonriente, con un especial brillo en los ojos que algunos atribuían al alcohol o a alguna otra substancia; pero no era así. Aquel individuo de aspecto descuidado y gastadas vestiduras, bailaba poseído por un misterioso ritmo que tan solo él escuchaba, mientras acompañaba sus movimientos con un melodioso silbido que sonaba a la canción de una vieja película. Nadie conocía su historia, pero a él no le importaba lo que pudieran pensar los demás. Ese anciano de inusual vitalidad, llevaba esperando ese momento desde hacía más de tres años, y finalmente, la deseada llamada había llegado. Desde el Hospital, le habían comunicado que su mujer acababa de despertar del coma, y que preguntaba por su marido. Todos continuaban mirando y murmurando sobre la actitud de aquel hombre, pero este continuaba bailando y silbando mientras se dirigía sin pausa a ver a su querida esposa. La melodía de la vieja canción que salía de sus labios la había bailado infinidad de veces con ella, era su canción, la canción con la que se besaron por primera vez y que tantos recuerdos despertaban en sus ancianas mentes. El reencuentro fue tan hermoso, que algunos de los miembros del cuerpo médico que presenciaron la escena, no pudieron contener las lágrimas. Se abrazaron en silencio mientras sus almas bailaban en un lugar sin tiempo, eterno a los ojos de los mortales. Sus manos, curtidas por el paso de los años no querían separarse. Sus ojos, cubiertos de emociones se miraban después de tantos años, sintiendo el ardor juvenil de la primera vez que se vieron. Esa pareja de ancianos era un ejemplo para el propio Eros, el cual los observaba con admiración. Doce semanas después, regresaron a su hogar para acabar juntos y felices los años de vida que les restaban. El destino quiso que años después murieran juntos. Una dulce y tranquila muerte mientras dormían. Sus familiares los encontraron cogidos de la mano, sonrientes, como si los dos estuvieran disfrutando de un placentero sueño. La memoria de los ancianos no perduró más allá de sus familiares y amigos más cercanos, y con el tiempo su historia fue cayendo en el olvido. A pesar de todo, y muchos años después de su muerte, todavía hay gente que dice escuchar, incluso ver algunas noches, a una pareja de ancianos bailando agarrados al son de una vieja canción. Después, la música se detiene y los ancianos se desvanecen, dejando en su lugar tan solo el silencio.

 

MÁS ALTO QUE NOSOTROS SOLO LAS ESTRELLAS

Ella era el ave más radiante que jamás había surcado los cielos, y yo, un vulgar pajarillo que no sabía volar. Me acogiste en tu seno y me enseñaste a dominar el firmamento, a bailar entre las olas del viento, a sentir la brisa en mi pardo plumaje. Tú me regalaste amor, yo te juré fidelidad. Juntos construimos nuestro nido en el lugar más cercano a las nubes. Volamos altos, volamos eternos; después, más alto que nosotros solo quedaron las estrellas.

 

 

 

 

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miquelangelo

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