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Sociedad

Crianza (Ir)Respetuosa

Crianza (Ir)Respetuosa - Sociedad

Que la sociedad nos mete la nariz en un consumismo voraz no es ningún secreto. El sistema está diseñado para crear necesidades, algunas más acuciantes que otras, pero, no hay que ser un genio para ver que incluso nos impide algo tan sencillo como ahorrar. Siempre tendrás un imprevisto, algo que se rompe en casa, un compromiso familiar que te obliga a desplazarte, todo con su consiguiente gasto.

Esto no es nada nuevo y supongo que, en general, os sonará demasiado familiar. Pero la cosa se complica a nivel experto cuando tienes un hijo pequeño, y por pequeño me refiero a edad pre-escolar, de hasta unos 3 años, más o menos.

Ya desde la más tierna infancia, la maquinaria se pone en marcha y es a través de los padres como se les crea necesidades artificiales a los hijos. El proceso de maduración y aprendizaje de un niño es largo, complicado y laborioso y de eso se vale la industria, ofreciendo a padres primerizos y asustados toda una serie de artilugios “prodigiosos” que convertirán la crianza en una fiesta de pijamas. Desde redecillas antiahogo, con las que, básicamente, nuestro nene chupará un trozo de melón a través de una red, tronas bañera para que los padres no tengamos ni que agacharnos para bañar a nuestro retoño o muebles cambiadores con todo lujo de detalles, porque cambiarlo encima de la cama como se ha hecho siempre es demasiado vulgar… Todo ello por un “módico” precio, de ese que te deja el mes más tieso que un ajo.

No es un laboratorio de CSI, es un escurridor de biberones

Con la excusa de hacernos la crianza más fácil, nos publicitan toda clase de trastos que, al final, acaban arrinconados en un cajón o regalados a los siguientes padres en nuestro círculo social, padres que, por supuesto, harán lo mismo tarde o temprano. Criar a un hijo nunca será fácil, no solo desde el punto de vista funcional, sino emocional. Algunos pensarán que, haciendo la primera más fácil, la segunda se hace menos dura, pero eso es un espejismo. Cambiar un pañal es cuestión de práctica, no de tener un mueble específico para ello. Con el tiempo, se aprende a cambiarlo en la cama, en el carro o en medio de un huracán. Igual con la comida, el niño debe aprender a comer a su ritmo, si no está preparado para comer sólidos, da igual si usas una redecilla, el niño no comerá, solo rechupeteará la comida.

La redecilla aporta ese toque de sabor

Toda esta parafernalia nace de la falacia de que los niños deben cumplir los plazos establecidos de aprendizaje. Parece que si un bebé no dice “mamá” a tal edad ya se disparan las alarmas de trastornos, deficiencias de aprendizaje, etc. Nada más lejos. Cada persona es diferente y eso es aplicable a los niños. Con la crianza como carrera de obstáculos, crean esa necesidad artificial en los niños, a través de sus padres estresados, preocupados o, en algunos casos, perezosos y caprichosos. Cada necesidad, se traduce en un producto que la satisface y que, por supuesto, los padres comprarán.

Hay muchas cosas que podemos hacer con nuestros hijos, les podemos aportar algo mucho más valioso de lo que creemos: seguridad, comprensión, autodisciplina, cercanía, amor… No es ninguna consigna de libro de autoayuda, es la verdad desnuda, sin adornos. Un niño que confía en sus padres será un adulto seguro de sí mismo mañana, porque habrá tenido el apoyo necesario para realizarse como persona. Y eso no se puede comprar online…

 

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Siru

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