Sociedad

Crisis Civilizatoria

Crisis Civilizatoria - Sociedad

NOTA INICIAL: En esta entrada compilo algunos de los textos, publicados en este sitio web, que tocan -a mi juicio- la misma temática y en la cual quiero ofrecer un punto de vista ligeramente diferente. El texto es abundante en enlaces para que, quienes lean este artículo, puedan visitar los escritos a los que hago referencia.

 

Actualmente, como señala Karla Arguelles en su artículo Crisis Ambiental (https://www.nocreasnada.com/crisis-ambiental/), asistimos a un progresivo agotamiento de los llamados recursos naturales. Aunado a ello, problemas ambientales como el cambio climático o los países vertederos afectan la salud de los ecosistemas y las especies en todas las latitudes del globo terráqueo.

Sin embargo, aún cuando coincido con su llamado a sensibilizarnos sobre estos temas y a brindar soluciones a diferentes temáticas, creo que la raíz del asunto es mucho más profunda que la falta de una gestión adecuada, algo de por sí crucial.

Por su parte, Gabyara71 en Un planeta que agoniza (https://www.nocreasnada.com/un-planeta-que-agoniza/), enuncia una dimensión de análisis importante para estos debates (la historia), afirmando que las y los seres humanos, en nuestro afán de conquista, estamos aniquilando sistemáticamente la diversidad biológica y cultural de la Tierra. Este enfoque constituye, quizás, uno de los focos más candentes de discusión, toda vez que cuando hablamos de la humanidad en general, consciente o inconscientemente estamos omitiendo que no todas y todos estamos afectando el planeta de la misma manera (“googlemos” el término Antropoceno y veremos que hay varias posiciones al respecto; lo mismo ocurre con los debates sobre la naturaleza humana). Tengamos presente que las relaciones sociales están atravesadas por relaciones de género, étnicas o de clases sociales, así como por diferentes escalas temporales y espaciales.

Ofrecer un lugar donde puedan vivir las generaciones futuras es, efectivamente, una responsabilidad común. No obstante, es al mismo tiempo una responsabilidad diferenciada. Países como Estados Unidos, China, Rusia, India, Sudáfrica o Brasil, entre otros países de peso significativo a nivel mundial, como Canadá, Alemania o Japón, impactan el sistema tierra con una mayor magnitud que los estados insulares, por citar un ejemplo. Para sintetizarlo, acorde a los documentos del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, se trata de responsabilidades comunes pero diferenciadas. Brenda93, en Los 4 países más responsables con el medio ambiente (https://www.nocreasnada.com/los-4-paises-mas-responsables-medio-ambiente/) nos ofrece brevemente algunos casos emblemáticos.

Igualmente, en un sentido propositivo, José Pineda, en Conservación Ambiental (https://www.nocreasnada.com/conservacion-ambiental/) y Educación Ambiental (https://www.nocreasnada.com/educacion-ambiental/), nos sugiere varios cursos de acción ante este tiempo histórico de desgarramiento del tejido de la vida.

Entendiendo la conservación ambiental como la preservación, cuido y mantenimiento de los mundos socio-naturales, la misma no es posible sin el fomento de valores, hábitos y comportamientos ecológicamente sustentables y socialmente justos. Este proceso educativo y de socialización no es únicamente un asunto formal, de universidades o escuelas, sino también “informal” o, más bien, que puede desarrollarse en cualquier espacio de interacción humana (plazas, barrios, urbanizaciones, iglesias; a través de talleres, cine-foros, grupos de discusión, actividades artísticas, campamentos, meditaciones atentas, etc.).

Una lectura atenta a todos los escritos referenciados da muestra de una masa crítica de reflexiones y preocupaciones comunes en torno al devenir de nuestra especie y de toda las formas de vida en el planeta. Pero un aspecto que no está presente en ellos es el ubicar la raíz de la crisis ecológica en la civilización occidental.

Como agudamente afirmó Aimé Césaire, poeta martiniqués y autor del clásico libro Discursos sobre el colonialismo, “Una civilización que se muestra incapaz de resolver los problemas que su funcionamiento suscita, es una civilización decadente”. O, para decirlo con las palabras de un sociólogo portugués, Boaventura de Sousa Santos, “nos enfrentamos a problemas modernos para los cuales no hay soluciones modernas” (mi crítica a la modernidad la abordaré en otro escrito).

Y es que siendo el crecimiento económico un indicador de “bienestar” del mundo moderno, no podemos esperar que el mismo sea sustentable. Mayor crecimiento implica mayor consumo de recursos y esto, a su vez, supone mayores afectaciones en nuestro entorno: el cambio climático tiene, entre sus diferentes raíces, el consumo global de combustibles fósiles, esto es, la sangre y el oxígeno de las sociedades industriales.

Voy a finalizar esta nota con un pasaje que encontré en el reciente libro del antropólogo colombiano Arturo Escobar, el cual lleva por título Autonomía y Diseño. En la modernidad:

 

 

“aprendemos desde niños a darle prioridad a la producción y al consumo (a costa de otras formas de valorar la existencia), al éxito individual (en vez del buen vivir colectivo), a orientarnos hacia el futuro (en vez de estar presentes al presente, de habitar en el hit et nunc de la cotidianeidad), y a subordinar la espiritualidad al materialismo de las cosas, el ser al poseer. Todo esto tiene lugar en gran medida a expensas de vernos separados/as de otros/as humanos y no humanos, y por tanto conlleva la negación de estos/as como iguales”.

 

 

Poner en el centro de la discusión la crisis del modelo civilizatorio occidental no quiere decir “volver al pasado”, sino cuestionar los fundamentos del mundo moderno y las formas en las que somos socializados. En su devenir histórico, la modernidad ha venido subestimando, cuando no aniquilando, otras formas de ser, hacer, sentir, pensar y vivir que pueden ofrecernos claves de respuestas diferentes, así como el permitirnos formularnos otras preguntas.

Por supuesto, requerimos otras formas de gestión, otras instituciones, así como otras nociones de política y economía. A su vez, sensibilizar y educar son tareas ineludibles. Pero, en mi opinión, todo ello sera eficaz y efectivo, si reflexionamos en conjunto la manera en como estamos “viviendo” la vida.

El pasaje de Arturo Escobar con el que cierro este escrito nos invita a dar esos pasos, a juntar todas las manos y todas las voces para construir un mundo donde quepan muchos mundos.

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Ma-jokaraisa

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