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Crisis De Pareja

Crisis De Pareja - Sociedad

CRISIS DE PAREJA
Ojalá fuéramos como los gatos
silenciosos y con visión nocturna
independientes y escurridizos.
Pero somos como las nutrias
que aspiramos a dormir de la mano de alguien más
y crecer juntos bajo las estrellas.
Vivir en pareja puede ser un sueño o una trampa sin escape.

La alegría del noviazgo, los descubrimientos y el optimismo dan paso a la festividad de la boda, el banquete y la luna de miel. Pero todo pasa.
Y comienza la rutina, que siempre ha estado ahí, pero no la veíamos tan cerca, ahora comienzan las negociaciones, acomodar los horarios, la compra, los pagos, el cuidado de la casa y el empleo.
Y sin saberlo, iniciamos una guerra de poder, las preferencias de la comida, del color de las paredes, si el dentífrico va del lado izquierdo o la manera de apretarlo, si la tapa del inodoro va abajo o arriba, quién saca la basura y dónde pasamos los domingos.
Como respuesta a tantas interrogantes cuyo manejo poco eficiente puede declinar en una bola de nieve que crezca con proporciones gigantescas, siempre existirá la negociación.
Más allá de la idea del Amor Romántico que aprendemos desde la lactancia, vivir en pareja es más una empresa familiar que una película de princesas, así que aprender a negociar cuanto antes se convierte en un factor vital para una buena dinámica en la pareja.
Parece sencillo, pero tiene su encanto aprender a convivir con un extraño, tienes como base el amor, pero por mucho que este sentimiento invada tu corazón, en la práctica no es suficiente, hay que tener capacidades diversas, como la prudencia, la empatía, la honestidad y la libertad.
Cualquiera puede ver que mantener una buena relación tiene mucho que ver con la comunicación, pero ésta va más allá de las palabras y el uso correcto del lenguaje, existen condiciones que entran en juego a la hora de relacionarnos eficientemente.
La confianza, el respeto, la sinceridad, la paciencia, la empatía y un interés genuino por el bienestar de la pareja, pueden sonar prácticas trilladas, sin embargo tienen un gran peso en una buena relación, sin estas cualidades no sobrevive un matrimonio por mucho amor que se digan profesar.
Establezcamos que estas virtudes deben partir de ser propias para después evaluarlas en el otro, no podemos pedir aquello que no estamos otorgando, pensar que el otro debe tratarnos con cortesía sin dar esa misma a nuestra pareja es jugar sucio.
Ahora hablemos de los puntos que facilitan una crisis matrimonial. Si iniciamos una vida en común sin un proyecto personal definido y con el pasar del tiempo no se establece ninguno, la apreciación que se tiene de uno mismo cambia, sin notarlo al principio, la rutina va generando un estrés producto de una insatisfacción que se torna real y quisquillosa, la falta de una vida propia, de la autorrealización, de pronto un día te despiertas sintiéndote enojado sin una razón aparente, y la desvalorización aflora en formas poco simples.
No hay una razón específica, nos hemos dejado de lado para emprender una empresa desconocida que no nos llena y junto a ello desconocemos el cúmulo de emociones que se encuentran atascados en el interior.
Normalmente la primera reacción es culpar a alguien más de nuestras emociones fuera de control, así que establecer una rutina de autoexploración hará que descubramos que aquello que sentimos no siempre tiene que ver con alguien más, sino con la percepción que tenemos de nosotros mismos en relación a la vida en común.
Emociones como la ira, la tristeza, estrés, desconfianza crean en la persona emociones mal gestionadas generadas por las falsas expectativas que nos hicimos al casarnos. La idealización del amor, de la convivencia llena de mitos suelen constituir el eje central de la problemática en las crisis.
No solemos tener la prudencia de cuestionar y cuestionarnos cuál es la idea que tenemos de un matrimonio, cómo queremos vivir, cuántos hijos deseamos tener o si deseamos mascota o vivir en el campo. Creamos falsas expectativas cuando no hemos hablado sobre las cosas que consideramos importantes para los dos.
Gestionar las emociones, hablar en voz alta para escucharnos lo que pensamos y sentimos con honestidad, crear un día especial para los dos, buscar ayuda profesional individual y/o en pareja y buscar de manera sincera una plataforma que nos permita conducir nuestra relación por buen camino.
La madurez personal aporta mucho, pero tener la verdadera intención de continuar porque podemos reconocer las virtudes del otro y lo que nos aporta, hacen que sea una batalla que merece la pena luchar.
No estamos solos en esto, si consideras que lo que te duele a ti, también le afecta al otro, si pensamos que existe un tercero, esto es, es el otro, yo y la relación, tomar en cuenta a este tercero como una entidad que formamos entre dos, siempre ayuda a entender que no es un trabajo individual, sino un mosaico que vamos formando cada día.
Si somos realistas, el amor tiene muchas aristas distintas, y cada caso sea único, pero como base siempre existirá la comunicación, que implica hablar hasta que todo sea claro y llano.
El respeto; no pienses en hacerle al otro, lo que no te gustaría que el otro te hiciera a ti, así resulta hasta sencillo.
Aceptar las diferencias, hay cosas que responden a una pregunta muy simple. “Esto me molesta, pero ¿es algo con lo que puedo vivir?” Quitarle peso a las cosas triviales tomándonos la vida más ligera, nos libera de muchos obstáculos que no son importantes.
Espacio; sí, el ser pareja no nos convierte en siameses, cada uno debe tener su propio espacio y respetar el del otro, el otro tiene una historia previa en la que no estamos incluidos.
Proyectos; propios y en común, al uso de la vida propia se genera una en común, tener proyectos juntos no solo nos mantiene en contacto, nos acerca constantemente.
Reír; aprender a reírnos de nosotros mismos, reír juntos, la alegría es el mejor catalizador para rescatar una relación en crisis, esa idea de reír, bailar, cantar, va más allá de palabras bonitas, es una práctica que vale la alegría rescatar.
Habrá cientos de ideas de qué hacer para reciclar, renovar una relación en crisis, lo más importante es tener la convicción de que realmente quiere hacerse, porque poniéndonos serios, la historia sería simple; si no te hace feliz, no tienes nada que hacer ahí. Evalúa. No siempre el que alguien no te quiera como tú quieres que te quieran no significa que no lo haga totalmente.
Lo más importante no es el amor en sí, lo más importante es que cada individuo se sienta lo suficientemente valorado y auto realizado, que su legítimo deseo sea compartir con su pareja, no complementarlo, sino acompañarlo.
Piensa, si al elegir pareja buscabas sustituir a tu padre o madre, alguien a quien cuidar o ser cuidado, una pareja no tiene que ser perfecta, solo tiene que ser alguien que sea un compañero, que comparta su tiempo, espacio y pan, que no te solucione la vida sino que te acompañe a caminar.
Después de todo, un matrimonio significa la unión entre dos personas que desean crecer juntas, porque la responsabilidad de ser feliz, esa, es solo tuya.

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Acerca del autor

Aniela Ramos Amezquita

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