Cine y Televisión

Crítica de The shift

Crítica de The shift - Cine y Televisión

Dios es un deseo, no una conclusión.

Así se titula el documental de marras. Un (falso) documental en el que un psicólogo religioso se interpreta a sí mismo pretendiendo convencernos de que en el momento en que nos entreguemos a Dios nuestra vida será un remanso de paz.

El Dr. Wayne Dyer (http://es.wikipedia.org/wiki/Wayne_Dyer. Ojo, es doctor porque tiene un doctorado en psicología; sospecho que, como a Ross, le gusta ser deliberadamente ambiguo) sostiene que provenimos de una fuerza superior (él la llama Dios, yo, azar) que está en todas las cosas y por tanto también en nosotros mismos, por lo que se establecen lazos entre todo lo que existe y cada ser humano, incluyendo aquellas cosas que deseas poseer (las cosas que deseas poseer están conectadas a ti en cierta manera por tanto no debes añorarlas. No te frustres).  Afirma que si te abres a esa fuerza y te dejas llevar por ella, prescindiendo de los dictámenes del ego, volverás al sitio del que procedes.

Ese sitio del que procedemos es algo así como un estado. El estado en el que se encuentra un feto en el útero materno. Dyer cree que un feto vive en un equilibrio emocional perfecto, pues no es ambicioso, ni corrupto, toma lo que necesita y alberga una potencialidad enorme. El ser humano se estropea cuando crece.

Cuando algo es simple se rige por leyes sencillas. El ser humano cuando nace es tremendamente inmaduro (de hecho nace sin circunvoluciones cerebrales), y conforme pasa el tiempo va aumentando su complejidad, aumentan las variables que rigen su comportamiento y su estado de ánimo, lo hace tanto que es alcanzar esa FELICIDAD absoluta, esa armonía con el universo que defienden Dyer y otros resulta IMPOSIBLE.

No es que a mí me guste pasarlo mal ni que pretenda convertir mi vida ni la de nadie en un valle de lágrimas, pero me ofende que alguien pretenda vender una felicidad absoluta. En la vida se pasa mal. En la vida se sufre, unas veces se experimenta un sufrimiento más objetivo, más racional y entendible desde fuera y otras veces no, otras veces se está jodido sin causa aparente. Ni la armonía con el cosmos ni la aniquilación del ego van a impedir que te agobies porque te estás quedando sin dinero o porque tu novia amenaza con dejarte. Yo no creo en Dios, y no porque no quiera disfrutar del bálsamo del relato totalitario sino porque no puedo. ¿Escepticismo? Puede ser. Quizá peque (¡ja!) de excesivamente racional; a mí el ejercicio de la razón me sirve para aliviarme las penas. El asunto es que yo sigo sin sentir afinidad por divinidad ninguna, yo soy más de Gandalf y su “no nos toca a nosotros decidir qué tiempo vivir, sólo podemos elegir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado”. Hay que ser práctico, aceptar que hay momentos en los que lo pasaremos mal, unos por ignorancia, otros por negligencia y otros… por las circunstancias, como le gusta decir a mi chica favorita.

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wasp304

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