Sociedad

Cuando La Gente Se Va

Cuando La Gente Se Va - Sociedad

Hace un par de semanas cambié mi turno en la escuela para estudiar por las noches en vez de los fines de semana. Cuando llegué el primer día no conocía a nadie, pero el grupo me encantó.

La nueva escuela estaba lejos de mi casa y de mi trabajo, en un barrio rudo al que yo no estaba acostumbrada; pero ahí estaba yo, una señora no tan joven en medio de la chamacada con cabellos de todos los colores. Comencé a tratar a las chicas (por alguna razón en mi carrera casi todas somos mujeres) y me di cuenta de que eran rudas, muy rudas, pero buenas personas.

El siguiente domingo después de haber entrado al turno nocturno me encontré con mis compañeras del fin de semana, les conté todos los detalles y me preguntaron por qué decía yo que las “nuevas” eran rudas pero buena onda. Recuerdo que les dije: “es que aquí todos llegan en motocicleta y las muchachas están llenas de tatuajes y piercings por todas partes”. Lo cierto es que no todas eran así, de hecho la gran mayoría no tenía un sólo dibujo; pero yo lo decía pensando en una chica en particular que estaba tatuatada desde el cuello hasta las mangas y tenía aretes por doquier, ahora sé que se llamaba Rocío.

Rocío me caía bien, a pesar de su indumentaria era una persona de “sangre ligera”, inteligente y divertida. Nunca tuve la oportunidad de hablar con ella pero sí con varias de sus amigas. Todas la querían mucho. Ayer me enteré que perdió la vida, todavía no sé cómo pasó.

Me enteré de la noticia de su muerte mediante las redes sociales. Al principio no entendí qué estaba pasando, sus amigas publicaban fotos juntas diciendo cuánto la extrañarían y yo no quería creer lo que esos mensajes daban a entender, sólo atiné a pensar: “ya me enteraré en la noche”. Las horas del día se me hicieron eternas, quería que terminara la jornada laboral, al final salí 10 minutos antes de lo habitual, necesitaba llegar y averiguar qué había ocurrido.

Cuando llegué al salón no había nadie, estaba vacío salvo unas pocas personas, nadie hablaba del tema. La maestra ya estaba iniciando la clase del día y las pocas estudiantes se veían risueñas. Al fin en una breve pausa decidí preguntarle a la chica de al lado si sabía algo acerca de la muerte de alguna estudiante, me confirmó que efectivamente Rocío había muerto pero que no sabía nada más, ella al igual que yo se había enterado por las redes sociales.

La profesora nos preguntó por los demás compañeros, al parecer todas las presentes sabían de la muerte de Rocío pero nadie se atrevía a mencionar el tema. Me animé a decirle a la maestra que los demás no llegarían porque una compañera había fallecido, mi voz casi no se escuchó, alguien más lo volvió a decir en voz más alta y fue entonces cuando el silencio llegó, nunca olvidaré la cara de estupefacción de la docente que estoy segura era misma cara que yo puse cuando me confirmaron el fallecimiento. A pesar de todo seguimos trabajando, incluso hubo algunas risas.

La clase terminó, seguía la siguiente materia. Nadie volvió a mencionar nada hasta que la maestra inició una frase diciendo “mientras llegan los demás…”, no había terminado de decir algo cuando la interrumpí para decirle “no van a llegar”. La profesora me miró de forma extraña hasta que alguien más le explicó que una compañera había fallecido y que muy probablemente los demás estaban velándola. Nos preguntó entonces por qué no habíamos ido, una chica se apresuró a responder “no somos amiguis”. Lamentablemente tenía razón, y no es que Rocío nos desagradara, todo lo contrario, pero era cierto que no éramos cercanas a ella.

Las personas verdaderamente cercanas a Rocío estaban destrozadas, se sentían vacías, en pena, lloraban. Eran las que publicaban fotos, las que recordaban anécdotas, las que conocían a su familia, las que estuvieron en su entierro. Yo también hubiera querido estar, aunque no la conocía, y quizá ese “querer estar” era mi deseo de compensar precisamente el no haberla conocido, me habría gustado llegar a quererla como lo hicieron todas esas personas, porque es muy triste pensar que una chica tan joven que estaba a mitad de sus estudios dejara este mundo de forma tan imprevista.

La repentina muerte es lo que más nos impactó, fue la frase recurrente de quienes no éramos tan cercanas: “la vimos el viernes, estaba bien, nos despedimos diciendo que nos veríamos el lunes”. Y nunca más la volvimos a ver.

Es triste cuando la gente se va, tanto si eras tan cercana como una hermana o como si apenas estabas comenzando a hablarle. El dolor no es el mismo por supuesto, pero el impacto y la sorpresa sí.

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

3.67 - 3 votos
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

blanestrod

Deja un comentario

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información