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Cuando Un Chico No Quiso Tener Sexo Conmigo

Cuando Un Chico No Quiso Tener Sexo Conmigo - Sociedad

Fue incómodo, fugaz y divertido a un mismo tiempo. Aún recuerdo la sensación de su lengua sobre la mía, algo carnosa, húmeda y atrevida. Y su pelo corto, muy corto, que al acariciarle la nuca pinchaba mis dedos.
Me cuesta recordar su rostro, apenas hablé con él durante unas horas, y nos besamos y nos acariciamos en la oscuridad de un apagón que parecía orquestado para precipitar el beso que ya se estaba demorando demasiado. Pero recuerdo su sonrisa, sus ojos, su voz y su pose. Era un chico muy inteligente, de esos que enamoran nada más de escucharlos hablar, de escuchar como piensan en voz alta.
Mi plan, irme en cuanto pudiera, en cuanto todos se fueran o en un breve lapso de silencio, aprovecharía y daría la espalda. Pero no. La conversación se fue alargando, fue interesante escucharlo a él con sus historias, hablarle y notar como me miraba y comenzar a sentir una sutil tensión y palpitación que me hicieron querer quedarme despierta y ver que pasaba.
Fue totalmente inesperado lo que ocurrió, al menos para mí. E incómodo y precipitado. La urgencia del tiempo, de las circunstancias, obligaban a apresurar el protocolo y saltarse ciertos pasos. No obstante, fue delicioso, calmado, tranquilo, sin grandes pasiones, sin grandes tormentos, sin grandes gemidos, pero inusualmente íntimo, respetuoso y hasta tierno. Besos, abrazos y toqueteos. No llegó a más, y quizás por ello fue magnífico.
El encuentro tuvo la magia de lo efímero, de lo que permanece fijado en el recuerdo y parece repetirse sin cesar, una y otra vez, siempre que acudimos a él. Lo que la memoria no registró, mi imaginación lo inventa, y me complazco, en brevísimos momentos, en recordar la sensación de sus besos, de tenerlo cerca, de su voz tan peculiar y su sonrisa. Sin embargo, el fantasma de lo que pudo haber sido y no fue, la eternidad de una posibilidad que no se concretó, empaña la nitidez del momento. Cada día el recuerdo esta más lejano y se desvanece. La imaginación le va ganando espacio a la memoria, y pronto la pereza y el olvido borraran su sonrisa de mi mente.
Escribirle después, ha sido una torpeza. O no. Poco importa. Las múltiples distancias que se interponen no han hecho más que llenar de malentidos una comunicación de por sí ya díficil, entre dos extraños que solo han compartidos besos de una noche.
Pero el recuerdo de aquella noche es inmejorable y con eso me quedo.
Debo volver a la normalidad. Este escrito es una especie de purga, y no creo que me quede mucho por decir después de esto.
Ahora solo me queda esperar que el recuerdo se opaque lentamente, hasta que pierda su efecto desestabilizador.

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Tala Tasila

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