Literatura

CUANDO UN PADRE LLORA TERCERA PARTE



CUANDO UN PADRE LLORA TERCERA PARTE - Literatura

Todo esto pasa en la intimidad, bajo las sábanas, y así las autoridades tienen el descaro de pedirte testigos para poder determinar quien genera la violencia, qué ganas de llamarlos estúpidos, que ganas de decirles muchas otras cosas, con rabia… Pendejos, de mente cerrada.

Quién con dos dedos de frente, con la mínima capacidad de raciocinio puede pensar que en hechos de este tipo puedes tener una horda de testigos, pero así funciona la in partición de justicia en nuestro país, y peor aun, de ese tamaño es el criterio de quienes comen con nuestros impuestos y que debieran ser gente preparada. Lastima, estamos en manos de gente inculta, in preparada, que ven un puesto tan importante como “la chamba”, ministerios públicos, jueces, el poder judicial en todos sus rangos y escalafones, que al recibir estos casos, primero escanean de abajo hacia arriba, piernas, nalgas, senos y finalmente el rostro, de este modo comienza su juicio, barren a la hembra con lujuria, fantaseando…

Ahí comienza la desventaja, el hombre no puede luchar con eso y la mujer, astuta, sabe que lleva la ventaja y se luce, se contonea, se prepara frente al espejo para la siguiente audiencia, se toma su tiempo para lucir aún más impactante ante los ojos de quienes deberían ser imparciales, pero que como bestias se dejan llevar por el instinto no por la razón.

Todo esto sucede cuando después de soportar una y otra vez la ola de violencia, finalmente decides alejarte de ella y te armas de valor para tratar de terminar con toda esta frustración, al no poder hacer nada por ti y por tus hijos, pero al estar frente al juez, listos para firmar la separación. Un torbellino agita tu mente y nuevamente como relatan las personas que han estado al borde de la muerte y que relatan haber visto el túnel y la brillante luz al final del mismo, en un segundo una incontable cantidad de imágenes, de recuerdos se vuelcan en tu cabeza y no te permiten abandonar a tus angelitos, a tus bebes a los que amas con toda el alma y le hablas a tu mujer y le pides que lo piensen. No te puedes permitir abandonarlas a su suerte, sabiendo que se van a quedar al “cuidado” de ella, de esa mujer que no les tiene paciencia, que les grita, que las insulta, que se pone como loca al ver que dejan un juguete tirado en el piso, fuera de su lugar. Pero son niños, quieren jugar, pero para ellos ese es el peor de los pecados, tratar de ser felices a su forma, porque su madre dentro de su mente enferma no les permite ser, todo lo ve mal, todo es motivo de maltrato, de insultos; pero ¿tiene la culpa el niño que rompe el bazo o el adulto que pone en sus frágiles manitas un bazo de vidrio? O el hecho de ensuciar sus ropitas jugando en el patio, ¿es esto un pecado?

Todo es motivo de una fuerte reprimenda. No un regaño que los ayude en su educación, sino una sarta de majaderías que ni siquiera entre adultos se escuchan frecuentemente, pero que sus pequeños oídos han recibido una y otra vez, tratando de comprender esas palabras que escuchan de los labios de quien las trajo al mundo.

Es por esto que lo piensas una y mil veces en un abrir y cerrar de ojos estando frente al juez, y decides en un instante hablar con ella, y no te toma mas que unos segundos convencerla de desistir, a pesar de que según ella tu la golpeabas y la maltratabas frecuentemente, mentiras que el juez cree sin chistar, ciego, ¡bruto!

Pero ¿que no se da cuenta que le duplicas el peso? Que si fuera cierto, ella, la victima, se la viviría en el hospital, porque de un solo golpe podrías matarla, que ganas de retar al juez a golpes para que se de cuenta de tu fuerza y así abra un poco su criterio y se de cuenta de la sarta de mentiras, porque si fueran verdades, contaría con un gran expediente lleno de archivos médicos de las supuestas golpizas que le dabas.

A pesar de todo esto, regresas con ella, al calabozo por voluntad propia, tratando de proteger a quien mas amas, tus propios hijos que ya se encuentran dentro de el.

Y continua la historia, vuelve la rutina, de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, por unos días hay calma, parece que las cosas pueden cambiar, y como un bálsamo la esperanza unge tu corazón lleno de llagas, que estaba a punto de colapsar, te sientes tranquilo, contento, parece que tu familia finalmente será lo que habías soñado.

Se llega a acuerdos, todo luce bien, sales de paseo como una familia, tratas de tenerla contenta, pero ella siempre con la nariz levantada, se siente una princesa que lo merece todo y no tiene que dar nada a cambio, es soberbia, arrogante, nada agradece. Poco apoco todo comienza a temblar, a tambalearse, lo que se veía como un hermoso día de primavera, con el cielo azul, sin una sola nube en el horizonte, y con el sol brillando a todo su esplendor, sin mas ni mas comienza a nublarse, poco a poco se cubre el sol, el aire se siente frío, sopla el viento, densos y negros nubarrones terminan por cubrir el ultimo trozo de cielo azul que se alcanzaba a percibir, la obscuridad se hace presente, pequeños relámpagos se ven a la distancia, pero se acercan cada ves mas, destellos de luz cada ves mas intensos, hasta que por instantes iluminan por completo la impenetrable obscuridad. Todo retumba con el poderoso trueno, todo se cimbra, todo comienza a ser como antes, empiezan los detalles, primero te prohíbe que tus hijas vean a tu familia, en su mente corrompida ve a los tuyos como una amenaza, pero lo aceptas, te alejas de la gente que te quiere, procurando evitar que la mecha se encienda otra vez. Y regresas al circulo vicioso de violencia y maltrato, pero nada de lo que tu hagas la va a detener, comienza a hervirle la sangre de la nada, sin mas ni mas, por cualquier detalle por mas pequeño que parezca, por ejemplo, tiendes la cama, quieres cooperar y ella se molesta y la destiende, reclamándote no haberlo hecho bien, ¿Qué le pasa?

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Acerca del autor

Manuel Mendez Feregrino

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