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“cuéntame Cómo Pasó”, Feminismo Vaciado De Contenido

“cuéntame Cómo Pasó”, Feminismo Vaciado De Contenido - Política

Cuéntame cómo pasó suele ser acertado en sus críticas, pero cuando se cae en los “ismos”, por lo general se entra en el campo de aquello que está vaciado de contenido y es guiado por fanatismos que poco contribuyen a la construcción de una sociedad mejor.

En el capítulo 343 “La antena colectiva” y su anexo “cuéntame mujer, respuesta al machismo del 88”, se cae en ese feminismo fanático que tuvo sentido en los inicios de la lucha por la reivindicación de la mujer, pero que mantenerlo tal como en aquél momento lleva a desviar el camino por un mundo de respeto en donde se acepten las diferencias, para una mejor convivencia.

La actriz que representa a Herminia dice que por qué hay que darle prioridad a una mujer de edad en una cola, que la haga como cualquier otra persona. Darle el paso a una persona de edad no tiene nada que ver con el género, tiene que ver  con que esa persona ha luchado toda su vida y es un reconocimiento a sus esfuerzos y sus cansancios, un agradecimiento por todo lo que nos ha dado como sociedad.

La solidaridad es un valor que está más allá de los géneros y hay que reivindicarla. Hay que reivindicar también al joven que se levanta en el metro para dar su asiento a una mujer embarazada, eso es solidaridad y fortalece a cualquier sociedad.

Hay que reivindicar de igual modo a la chica que se levanta en el metro y le da el asiento al padre con un niño en los brazos, eso es solidaridad y poco tiene que ver con feminismo, sino con la posibilidad de un mundo en el cual no seamos indiferentes los unos a los otros y nos apoyemos para fortalecer la convivencia.

Como todo fanatismo y el feminismo a ultranza lo es, se desvirtúan y critican acciones al intentar etiquetarlas como parte de una reivindicación que nada tiene que ver con el género. Al contrario ser indiferente al otro, para ratificar que supuestamente todos somos iguales, es una acción absolutamente egoísta, que es precisamente una de las principales características del machismo y de todos los “ismos”.

Lo que se desea es un mundo de amabilidad en el cual toda acción solidaria sea reivindicada y vista como un valor. Un mundo en donde no seamos indiferentes. Un mundo en donde se acepte que efectivamente somos diferentes y gracias a la vida por eso, pero que debemos respetarnos, aceptarnos y apoyarnos.

Los radicalismos y el feminismo lo es, son indispensables como la chispa que dio inicio a las reivindicaciones, luego debe apagarse, pues de no hacerlo terminan pareciéndose mucho a lo que dicen combatir.

No se quiere una sociedad en la que unos sean superiores a otros, menos una sociedad de venganza. Las reivindicaciones de las mujeres siguen siendo indispensables, pero teniendo como un gran valor la solidaridad y el respeto a las diferencias, que es lo que permite la convivencia.

Decir que las mujeres son mejores que los hombres es tan estúpido como decir lo contrario, porque la calidad de los seres humanos no está basada en el género, sino en una innumerable cantidad de condicionantes de la vida.

Atacar un acto de solidaridad como un hecho machista, es precisamente favorecer al machismo. El macho no tiene nada que ver con lo que necesitan o quieren los otros, solo su satisfacción personal es lo importante porque lo merece todo gracias a aquello que lleva entre las piernas.

Se desea una sociedad en donde se le dé prioridad a las personas de edad, como además está contemplado en las leyes, en donde se piense en el otro para hacerle la vida más fácil y apoyarlo hasta en las cosas más simples como dar un asiento, lo que de seguro implicará un mundo mejor.

Para combatir al abusador debemos agruparnos para aislarlo, no porque la mujer no pueda hacerlo sola, como se intenta decir en el capítulo, sino porque las acciones deben ser colectivas y en grupo, pues si una mujer se enfrenta sola a un macho vernáculo por un abuso, de seguro crecerá el número de muertes por violencia. No se trata de acciones de mujeres valientes solitarias emulando a los super machos, es un problema social y como tal debe ser enfrentado.

Tampoco se trata de clichés sin sentido, un hombre que cocina y atiende a los niños puede ser un super macho maltratador y otro que no mueve un dedo un excelente compañero y solidario cuando realmente se le necesita. Igual una mujer que trabaja como empresaria y no mueve un dedo en la casa, no se convierte en una super mujer feminista.

El problema del radicalismo feminista es que trata de reivindicar para las mujeres todo aquello que han hecho mal los hombres. No es un asunto de venganza, sino de educación, no es una cuestión de reproducir ahora lo malo, como reivindicación de algo bueno, pues la sociedad está compuesta de géneros, afortunadamente y a pesar de las feministas.

Un mundo en el que las mujeres reaccionan como impulsadas por un detonador ante una muestra de solidaridad es un mundo de intolerantes, de acomplejados, de aquello que se ha querido cambiar. Respeto a las diferencias, tolerancia, solidaridad, sin importar el género es un largo camino que hay que recorrer y posiciones como la mostrada en el capítulo de “Cuéntame” y su anexo, lo minan con más de lo mismo: la intolerancia.

Como bien ha demostrado la Historia y el día a día de nuestras vidas, la intolerancia no construye y lejos de ello anima a nuevos odios, radicalismos y luchas sin sentido. Reivindicar los derechos de las mujeres no debe pasar por convertir a la intolerancia en un valor, porque no existe nada más intolerante que el machismo y su espejo: el feminismo.

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Normandia

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