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Cuentos De Terror. El Tío Salomón.

Cuentos De Terror. El Tío Salomón. - Literatura

Mi tío Salomón era el más viejo de los hermanos en una familia donde mi padre era el más joven de los hijos. El viejo Salomón ya no estaba en sus mejores días. Poco a poco se fue quedando solo, pues mis primos crecieron y tomaron su camino. Mi tía Miriam había muerto varios años antes, por lo que el viejo había quedado solo en su viejo apartamento, el cual se negaba a abandonar.

De manera gradual, mi tío comenzó a perder sus facultades mentales, cosa que a mí me dolió mucho, pues lo recordé siempre como un hombre muy inteligente. Con el pasar del tiempo llegó a azotarlo la demencia senil, comenzó a desvariar con cada vez más frecuencia, hasta el punto que tuvimos que contratar a una joven enfermera para que lo cuidara. Su nombre era Lila.

La chica era muy amable y cariñosa, lo trataba muy bien y el anciano estaba contento con ella, así que lo dejamos a su cuidado. Yo, que era uno de los que vivía más cerca, trataba de visitarlo cada vez que podía. Todo iba bien hasta que mi tío comenzó a mostrar signos de esquizofrenia. El viejo decía que veía personas dentro de su hogar. Decía que un hombre y una mujer lo observaban y reían mientras conspiraban para matarlo. Supuse que se trataba de alucinaciones causadas por su avanzada edad y enfermedad.

Comencé a notar que el tío Salomón no me comentaba nada respecto a estas supuestas personas que lo acechaban, cuando estaba en presencia de Lila. Hubo algo en todo el asunto que se me hizo muy raro, así que, aunque no le creía, decidí hacer tiempo y quedarme con él un fin de semana. Así que le dije a la enfermera que se tomara unos días para visitar a su familia (O hacer lo que quisiera en su tiempo libre) y me instalé desde el viernes en casa de mi tío Salomón.

El hombre parecía muy contento de que yo estuviese allí. Esa tarde, luego de leerle un poco, alimentarlo y dejarlo instalado. Me acosté en un comodísimo sofá que se encontraba en la sala, en todo el frente, colgaba un hermoso retrato de mi tía Miriam en sus mejores tiempos. La admiré por un momento, apagué la luz y me dispuse a descansar.

Creo que eran las dos de la mañana, no lo puedo asegurar. Lo cierto es que escuché alaridos provenientes del cuarto de mi tío y corrí lo más rápido que pude hacia la alcoba. El hombre estaba profundamente dormido y al parecer tenía una pesadilla. Gritaba sin cesar que lo dejaran en paz, que todavía no había llegado su hora. Era bastante triste y alarmante a la vez, lo moví un poco para despertarlo y tratar de que se calmara. Su piel estaba helada, pero lo que más me alarmó fue lo que vi después. Su cuello estaba rojo, marcado, como si alguien lo hubiese tratado de ahorcar.

Luego de calmarlo un poco y dejarlo durmiendo, salí de nuevo al confortable mueble. Me acosté a tratar de recobrar el sueño cuando algo me dejó perplejo. El retrato había cambiado, mi tía había envejecido hasta verse como una anciana.

Me levanté completamente espantado y corrí a la habitación de mi tío, esta vez, mi sorpresa fue mucho mayor. Todo el cuarto había cambiado como si se tratase de estar metido dentro de un espejo. La puerta ahora estaba del lado izquierdo, la cama, que antes estaba a la derecha había cambiado a la izquierda, todo era un completo desastre y en ese momento pude ver la cara de horror de mi tío. Supe entonces que el anciano no estaba alucinando, algo muy raro estaba sucediendo.

Decidí que nos iríamos del lugar, salí de nuevo de la habitación para juntar mis cosas, y pude ver a dos personas caminando hacia el balcón. Corrí para tratar de alcanzarlos y justo al hacerlo, ellos voltearon simultáneamente hacia mí. La mujer vestía de enfermera y el hombre con bata de doctor, ambos uniformes estaban ensangrentados, al igual que las manos y parte de sus rostros. Justo cuando intenté salir corriendo, ambos desaparecieron, haciendo que mi corazón latiera tan rápido como nunca pensé que podría hacerlo.

En medio de mi desesperación, corrí para buscar el número de Lila, quería llamarla y preguntarle si sabía algo sobre lo que sucedía. Había dejado mi teléfono móvil en mi vehículo, así que decidí buscar entre sus cosas para ver si tenía algún número de contacto y llamarla desde el teléfono del departamento.

Entré con apremio a la habitación de la chica, todo parecía normal. Me acerqué hacia la peinadora y pude ver una foto, se trataba del doctor y la enfermera que había visto antes. La foto tenía algo escrito: “Para nuestra adorada Lila, recuerda siempre que te amaremos, Atentamente: Papá y Mamá”

Tomé varias cosas de mi tío y las metí junto a mi equipaje. Como pude, cargué al viejo hasta el viejo elevador del edificio. Justo antes de entrar al ascensor, volví a mirar hacia la puerta y observé al doctor y a la enfermera haciéndome una señal de despedida con las manos. Fue la última vez que estuvimos en el departamento.

Al llegar de nuevo a mi hogar, lo primero que hice fue tratar de localizar a Lila. Sin embargo, no hubo manera de hablar con ella. Luego de notificar a la policía, supe la noticia unos días después de que la chica se había suicidado dentro del departamento. Había dejado una nota, pidiendo disculpas a mi tío por todo lo que había padecido y diciendo que ahora, por fin podría reunirse con sus difuntos padres.

Meses después, envié a mi abogado a hacerse cargo de la venta del departamento. Una pareja joven y valiente decidió comprarlo, sin embargo, no duraron un mes antes de mudarse y ponerlo de nuevo a la venta. Supongo que nunca sabré realmente lo que sucedía en el lugar, solo sé que mi tío decía la verdad. A veces simplemente nos negamos a escuchar la realidad, y, cuando eso pasa, la verdad suele ir a buscarnos para obligarnos a verla.

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Acerca del autor

Pedro M

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