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Cuentos De Terror. La Serpiente Redentora

Cuentos De Terror. La Serpiente Redentora - Literatura

Todo estaba listo para el despegue rumbo a Ciudad del Cabo. Camilo reposaba tranquilamente en su lujoso asiento de primera clase, preparándose para un viaje que abriría una infinidad de posibilidades hacia su deseada libertad financiera.

Acababa de cumplir treinta y cinco años y se encontraba bien encaminado hacia su meta. Estaba un poco pasado de peso, pero se sentía bastante saludable. Su rostro caucásico todavía le resultaba atractivo al sexo opuesto. Se había ocupado de delinear muy bien su barba de candado antes de salir, cosa que podía observar en la pantalla de su teléfono móvil de última generación, mientras el dispositivo se apagaba por órdenes de la azafata que hacía las indicaciones de seguridad. Todo estaba listo para partir y cerrar ese trato.

El avión despegó con regularidad. Camilo durmió durante un buen rato y despertó lo bastante descansado como para repasar los aspectos más importantes de su presentación de negocios. Si cerraba el trato, su empresa se convertiría en una de las más importantes del continente, y él se convertiría en uno de los hombres más ricos de la región.

Todo iba según lo planeado hasta que un estruendo sorpresivo estremeció a toda la tripulación. Una de las azafatas corrió a toda velocidad por el pasillo mientras incitaba a todos a mantener la calma. Por unos segundos, solo la incertidumbre reinó entre los pasajeros. Ese sentimiento se transformó rápidamente en terror, cuando una explosión mucho más fuerte hizo temblar con violencia toda la aeronave. Los viajeros entraron en pánico mientras intentaban ajustar sus cinturones y gritaban desmesuradamente.

Una fuerte turbulencia agitó el avión, matando de miedo a todos los presentes. Una dama de unos cincuenta años que se encontraba dos filas antes que Camilo comenzó a gritar efusivamente, pidiéndole a Dios la oportunidad de vivir para poder decirle a su hijo que lo perdonaba y que lo amaba. Camilo sintió un horrendo escalofrío que lo dejó sin aliento.

El empresario comenzó a recordar cuando apenas era un jovencito pobre de un barrio marginado. Recordó sus inicios, trabajando duro para llegar a la cima. En ese momento vino a su memoria una decisión que cambió para siempre su vida en aquel entonces. Había decidido no ser más una víctima.  Se había propuesto que llegaría lejos, sin importar las consecuencias, y así lo hizo. Tomó las riendas de su vida y solo eso le había permitido salir de su situación. Era claro que esta vez haría lo mismo. Estaba decidido a tomar las riendas de la situación.

Camilo desabrochó su cinturón y se dispuso a correr hacia la cabina del piloto. No sabía bien lo que haría al llegar, pero seguro encontraría información que le permitiría tomar alguna decisión para salvarse. Emprendió su misión con vigor,  pero no pasó demasiado tiempo antes de que el violento movimiento del aeroplano lo hiciera caer bruscamente. Camilo se golpeó la cabeza y quedó completamente inconsciente, mientras el avión planeaba sin rumbo intentando minimizar el impacto de su inminente caída en algún lugar de África.

El hombre despertó bastante aturdido y confundido. Al abrir los ojos solo podía ver humo, llamas y una densa vegetación a su alrededor. Sintió de inmediato que algo quemaba su pierna. Era un trozo de metal proveniente del destruido armazón del avión. Como pudo lo retiró, y procedió a hacerse un breve examen para ver si había sufrido algún daño. Su cabeza sangraba de forma notoria, además comenzó a sentir un terrible dolor, producto del golpe que había sufrido.

Caminó por varios minutos gritando en busca de una ayuda que nunca conseguiría. Poco a poco se fue alejando de los restos del aeroplano. El sol comenzaba a ocultarse y el hombre no tenía idea de dónde se encontraba. Solo podía ver una densa selva en todas las direcciones y escuchar los estrambóticos sonidos de los animales salvajes que emitían sus cantos desde todas las direcciones.

Finalmente la noche hizo acto de presencia. El hombre estaba exhausto y aterrado. Mientras hacía un esfuerzo por seguir caminando en busca de ayuda o refugio, comenzó a escuchar unos sonidos aterradores que se acercaban cada vez más a su posición. Era obvio que se trataba de primates, probablemente chimpancés. De forma cada vez más escandalosa, las bestias gritaban y chillaban estremeciendo el follaje de la oscura selva. Camilo podía notar el movimiento de los árboles no tan lejos de él, aunque era difícil saber la ubicación exacta de los animales debido a que la oscuridad era total.

Un golpe de adrenalina lo hizo reaccionar, y sin pensarlo comenzó a correr desesperadamente, cortando su piel con los arbustos espinosos y golpeando su rostro con las gruesas ramas. Corrió tan rápido que no pudo ver a tiempo que se acercaba a un pequeño rio, no le quedó más remedio que caer al agua.

La corriente no era tan fuerte como para arrastrarlo. El agua no estaba profunda, sin embargo, recordó los documentales que tanto le gustaba ver a su pequeño hijo y supo que un rio de África no era un buen lugar para moverse de noche. Aceleró su paso siguiendo la corriente, ya que supuso que era la mejor manera de encontrarse con la civilización.

Luego de caminar por un buen rato, se había alejado de los primates. Siguió por la orilla del río hasta llegar a un lugar en donde la vegetación era menos densa. En un pequeño claro, la luz de la luna permitía ver una pequeña cabaña improvisada. Camilo se acercó con desesperación.

El pequeño refugio estaba construido de trozos de madera y contaba con una especie de techo hecho con láminas de zinc. Probablemente, era el refugio de cazadores furtivos. El hombre inspeccionó con cuidado el maltrecho lugar, pero no había ningún indicio de que alguien hubiese estado allí en un buen tiempo. Tampoco había provisiones, ni algo que pudiese ayudarlo a escapar de ese lugar. Lo único que podría servir era un pequeño y polvoriento camastro que podría usar para descansar un poco y pasar la noche.

Luego de sacudirlo, se recostó como pudo sobre el camastro y se dispuso a descansar un poco mientras salía el sol. Al día siguiente podría emprender su escape con ayuda de la luz solar.

Comenzaba a quedarse dormido. El dolor de cabeza lo atormentaba, al igual que los incesantes mosquitos, pero estaba demasiado cansado como para mantenerse despierto. Sin embargo, hubo un peculiar estímulo que volvió a ponerlo en estado de alerta. Un ruido, como de algo arrastrándose lentamente en  el polvoriento suelo, lo hizo abrir los ojos bruscamente.

Comenzó a mirar en todas direcciones, pero no había nada a la vista. La escasa luz no lo ayudaba, de pronto, observó un rayo de luna asomarse por la portezuela del refugio. La puerta se había abierto un poco, Camilo pensó que tal vez el viento la había movido, pero estaba por llevarse una gran sorpresa.

Se levantó para cerrar la portezuela cuando algo lo hizo mirar al suelo. Por fortuna para él, el escaso rayo de luna que entraba a la cabaña fue suficiente para iluminar la enorme cabeza de una serpiente pitón que metía su hocico hacia la estructura. El hombre sintió su corazón latir a toda velocidad, ya que no se trataba de una serpiente común. Este reptil era realmente gigantesco. Camilo quedó paralizado sin saber qué hacer, mientras la serpiente arrastraba lentamente su cuerpo hacia el interior. El aterrado empresario se percataba de que el cuerpo del ofidio se hacía cada vez más y más grueso. Era tan larga que no terminaba de entrar a la cabaña.

Camilo hizo un movimiento leve, pero no lo suficiente. La serpiente notó la presencia del hombre, y lanzó un rapidísimo mordisco directo hacia Camilo, abriendo sus enormes fauces repletas de finos colmillos de par en par. Una vez más, la suerte jugó a su favor, pues el reptil era tan grueso que no había terminado de pasar su cuerpo por el espacio entre la pared de madera y la endeble puerta, cosa que no le permitió asestar el golpe que había lanzado directo a la garganta de Camilo.

Víctima de sus reflejos, el hombre cayó hacia atrás con fuerza, tropezando con una de las frágiles paredes y haciendo caer buena parte de la improvisada cabaña. Camilo cayó sobre el camastro, y sobre él, una lámina de zinc que servía de techo. Esto le permitió tener una especie de escudo que lo protegía de la serpiente.

Completamente aterrorizado por el suceso, e impactado por el descomunal tamaño de su agresora, el hombre decidió permanecer en ese reducido espacio hasta que la serpiente decidiera irse. Claramente, el reptil tenía el tamaño suficiente para devorarlo, y seguramente lo haría si tenía la oportunidad.

Durante toda la noche Camilo se mantuvo bien despierto. No podía dormir sabiendo que ese monstruo estaba esperando para devorarlo. A la mañana siguiente, se asomó cautelosamente, levantando con suavidad la lámina de zinc para ver si la cazadora se había marchado, no tendría tanta suerte.

Durante toda la tarde Camilo estuvo sudando y recibiendo picaduras de toda clase de insectos. Sin poder moverse demasiado y sin haber comido o bebido nada; estaba pasando por una tortura infernal, pero sabía que no le quedaba más opción que resistir.

El hombre aguantó por dos días más, pero la tortura era insoportable. Sentía que estaba volviéndose loco, y, eventualmente se dio cuenta de que el ofidio no tenía ninguna prisa. Cada vez que se asomaba, el reptil estaba en el mismo lugar. Sacando y metiendo la lengua bífida y mirándolo con un rostro tenebroso.

Una vez más, decidió que no sería una víctima. Se dio cuenta de que si la serpiente no lo mataba, de igual forma moriría de sed. Así que en un último y desesperado intento antes de salir, y tal vez víctima de la deshidratación, intentó razonar con la serpiente…

¡Ten piedad de este pobre hombre! ¡Lárgate de aquí y déjame volver con mi familia! Es lo único que te pido… – Gritó Camilo, con las pocas fuerzas que le quedaban, y sabiendo lo absurdo de su accionar…

-Por piedad es que he venido, mí desolado amigo. – Susurró una tétrica voz desde la entrada de la cabaña. Camilo no creía su suerte, habían venido a rescatarlo…

¡Gracias al cielo! – Exclamó el hombre con tono agónico.- ¡Gracias por venir por mí! Pero antes de entrar, ¡Tenga cuidado con la serpiente!

Nadie ha venido por ti. Solamente tú y yo estamos en este predicamento. – Contestó de nuevo la terrorífica voz – He venido a salvarte de tu horrible destino. Espero que salgas pronto para que podamos hacer lo que ambos vinimos a hacer…

Camilo no comprendía lo que sucedía, así que se asomó una vez más hacia afuera de su escondite y observó a la serpiente enroscada en el mismo sitio. Esta vez, pudo darse cuenta de que las palabras provenían del enorme reptil. Se dio cuenta de que no percibía las palabras a través de sus oídos, sino más bien, escuchaba a la serpiente en sus pensamientos. Ella parecía mostrar cierta emoción por el encuentro…

Como dije antes, – Prosiguió el reptil – He venido a salvarte de tu destino. Hay algo que la mayoría de la gente no sabe, y es que Dios y el Demonio tienen muchas cosas en común. Una de ellas, es que a ninguno de ellos le gusta que dañen su planeta. Tú, mi desesperado Camilo, te has hecho rico construyendo infraestructuras para que los ricos puedan tener suministro de agua constantemente, pero a cambio, has secado vías fluviales que servían de sustento a vastos sectores selváticos y a un indefinible número de animales que inevitablemente han fallecido. Esos animales y esas plantas, también son hijos de Dios.

-Camilo todavía no podía creer lo que sucedía. Comenzó a pensar que lo que atestiguaba eran probables alucinaciones a causa de la deshidratación. Sin embargo, lo que estaba viviendo se sentía bastante real. El reptil continuó su plática…

– Dios no tiene nada en contra de los hombres ricos, de hecho, los ama mucho. Su problema no es con tu ambición, el tema está en que tu intenso deseo de grandeza te lleva a destruir al mundo, en lugar de hacerlo mejor. ¿Cuántas familias pobres has dejado sin agua? ¿Cuántos ríos has dañado arrojando desperdicios tóxicos? Todo eso, que para ti son simples negocios, ha logrado molestar a los dos poderes que se disputan el control de La Tierra.

-Espera un segundo.- Interrumpió Camilo, sin tener mucha claridad sobre lo que se disponía a preguntar…- Primero que nada, ¿Quién eres, o mejor dicho, qué eres? Segundo, ¿qué quieres decir con que vienes a liberarme?

-Ese accidente de avión realmente no fue un accidente. – Replicó la serpiente con mucha calma – Dios y el Diablo han confabulado para asegurarse de que no firmes ese trato, porque aunque no lo sepas ahora, cerrar ese negocio será la causa de un cataclismo mundial que no ha sido planificado por ninguno de los poderes que se disputan el control del mundo. Dios, en su infinita misericordia, me ha enviado a mí para rescatarte. En este momento mi cuerpo es el de una gran serpiente, pero en realidad no soy diferente a ti. Solo somos dos seres vivos pagando sus penitencias…

Camilo reflexionó por unos segundos y volvió a formular otra pregunta. – ¿Quiere decir entonces que has venido a salvarme? ¿Vas a guiarme de nuevo a la civilización?

No. – Contestó secamente la serpiente. – He venido a devorarte. Dios me ha enviado a deambular por esta selva como penitencia por mis errores, ahora debo sufrir lo que sufren los seres vivos. Una de esas necesidades es la de comer. Yo te comeré, y de esa forma, Dios te perdonará. Me servirás de alimento y tu alma volverá con Dios…

Nuevamente, Camilo hizo silencio por más o menos un minuto, mientras consideraba los argumentos del enorme ofidio…

No es una oferta muy tentadora – replicó Camilo – ¿Qué pasa si me rehúso?

-Si te rehúsas, pueden suceder dos cosas. Puedo simplemente quedarme aquí hasta que mueras de sed o de hambre. De esa forma, también pagarás por tus pecados y te irás con Dios en paz, aunque sufrirás mucho más que si te entregas ahora. La segunda opción, es que me pidas que te abandone. En ese caso, eso haré. Sin embargo, es importante que sepas que si me voy, estarás por tu cuenta, y debes recordar que Satanás debe estar muy interesado en hacerte pagar lo que le has hecho a su tan codiciado planeta…

Una vez más, Camilo guardó silencio para considerar lo que estaba a punto de decidir. Rápidamente, el hombre recordó todo lo que había aprendido sobre Dios durante su infancia. Recordó todas sus lecciones de religión y formuló la última pregunta antes de tomar una decisión definitiva…

Muy bien. – Inició Camilo – Digamos que no estoy alucinando y realmente eres una serpiente parlante. ¿Por qué debo creer que vienes de parte de Dios? ¿Qué motivo tendría Dios para enviar a un ángel en un cuerpo de serpiente, si es bien sabido que las serpientes son animales diabólicos, siempre relacionadas con el demonio? ¿Cómo puedo saber que realmente no eres un engendro del mal que ha venido para devorarme?

Debo admitir que has hecho una buena pregunta – Replicó la serpiente, impresionada – Como dije antes, ambos estamos aquí para pagar por nuestros pecados. Dios me ha hecho una serpiente para enseñarme humildad y respeto hacia los demás. Los humanos sienten desprecio por las serpientes, una repulsión que yo he tenido que sufrir desde que tengo esta forma, y, que yo solía sentir por los humanos. Sin embargo, no hay ningún motivo por el cual deberían sentirla. Las serpientes son animales nobles, y cuando matan personas lo hacen en defensa propia. Cuando una serpiente entra a una casa, no entra buscando humanos que asesinar, solo busca refugiarse del frío, del calor o simplemente algo que comer. Tal como una serpiente, tú entraste a esta cabaña buscando refugio, y así como le has quitado tanto al mundo y a la naturaleza, hoy Dios te da la oportunidad de devolverle algo. Recibe tranquilamente mi abrazo y tu muerte será rápida, alimentarás mi cuerpo y yo liberaré tu alma.

-Esta vez, Camilo no tuvo que pensar tanto para responder. – ¿Dices que si te pido que me abandones, lo harás? ¡Pues vete! No pienso creerte ni una palabra, además, es muy probable que solo seas obra de mi maltratada mente. Gracias por tu oferta, pero me las arreglaré solo.

Sin decir una palabra, la gigantesca serpiente giró su enorme cabeza rumbo hacia la portezuela del refugio y emprendió su retirada sin mirar atrás. Camilo esperó unos minutos y luego salió de su escondite. Aun dudoso, revisó los alrededores para asegurarse de que el reptil no estuviese cerca. No había rastro de él.

El desesperado hombre decidió aprovechar la luz del día y emprendió su viaje nuevamente. Siguió caminando rio abajo, con la esperanza de encontrar alguna salvación. Esta vez, no iba a tener tanta suerte.

Caminó durante varias horas sin comer nada, aunque esta vez, con la ventaja de haber podido beber agua del rio. Se sentía un poco mejor y estaba determinado a salvar su vida. El sol estaba a punto de ocultarse cuando Camilo pudo divisar otra vez un claro en la vegetación. En esta ocasión, escuchó el sonido de algunas vacas y pudo ver humo a lo lejos, un claro indicio de que había alcanzado la civilización, así que se apuró para llegar hacia el lugar.

Luego de caminar unos cuantos metros por el lecho del río, observó a lo lejos lo que parecía ser una pequeña aldea indígena. No era mucho, pero al menos podrían darle algo de comer e indicarle cómo volver a la civilización. Haciendo un esfuerzo descomunal, el hombre corrió hacia las pequeñas chozas y al llegar al caserío, fue recibido por un extraño anciano que parecía ser el chamán del grupo.

Camilo lo tomó de los brazos e inclinó la cabeza, comenzó a explicar lo ocurrido con su avión y trató de pedirle ayuda al anciano, pero era obvio que el hombre no hablaba su lengua.

Camilo hizo algunos gestos tratando de indicarle al hombre que necesitaba algo de comer. El anciano pareció comprender, y le hizo un gesto para que esperara. Camilo se desplomó sobre la tierra y quedó acostado sobre el polvo de la aldea, con una gran sonrisa en el rostro. Lo había logrado, sobreviviría una noche más, o al menos eso creía.

Camilo cerró los ojos unos segundos, descansando la vista y regocijándose en su suerte, cuando los volvió a abrir, había unos cinco hombres corpulentos y de piel oscura rodeándolo, y mirándolo con enormes sonrisas de dientes amarillos. Camilo les devolvió la sonrisa mientras se ponía de pie, pero de inmediato, los hombres lo sujetaron con fuerza y comenzaron a arrastrarlo al corazón de la aldea.

Al llegar a la parte central de la pequeña población, había un espacio similar a una plaza, (Aunque mucho más rudimentario) en dicho lugar, había una especie de altar hecho de piedra. La roca central, tenía varios petroglifos que ejemplificaban rituales de sacrificio. Fue entonces cuando Camilo comenzó a comprender que se había encontrado con una tribu de caníbales que aparentemente, nunca habían visto a un hombre blanco en su vida.

Intentó resistirse y trató de escapar, pero estaba demasiado débil y los hombres eran demasiado fuertes. Uno de ellos hizo una especie de llamado en una lengua extraña. Poco después, todos los pobladores del lugar comenzaron a salir  de sus chozas, y casi de inmediato, empezaron a realizar unos extraños bailes y rituales bastante extraños. Denotando una visible exaltación y emoción, todos reían y brincaban estrepitosamente, mientras los guardianes tomaban a Camilo y lo ataban a un enorme tronco ubicado en centro de la pequeña congregación.

Tal parecía que todos los residentes se encontraban presentes, pero el último en salir fue un hombre blanco. Usaba caquis y un sombrero marrón. El hombre observó a Camilo de arriba abajo y le sonrió, Camilo intentó conversar con él…

-¡Por favor! ¡Tiene que ayudarme! Estoy perdido en esta selva desde hace días, no he comido nada ni he podido descansar. Sé que usted puede entenderme, ¡Ayúdeme, por amor de Dios!

-¿Por amor de Dios? – Preguntó el extraño individuo de forma sarcástica, antes de soltar una enorme carcajada. – De alguna forma te las arreglaste para llegar al único lugar de la tierra en donde Dios no tiene jurisdicción. Esta tribu de salvajes solamente conoce y adora a Satanás. Esta noche están por ofrecerle un sacrificio, y debo suponer que el sacrificado serás tú…

Camilo comprendió en ese momento que lo que había sucedido con la serpiente había sido real. Dios le había ofrecido una salida y él lo había rechazado, todo por su ego y sus malas creencias. Ahora estaba solo, rodeado de decenas de adoradores del Diablo y sin tener ninguna escapatoria. Comenzó a llorar desconsoladamente mientras las cuerdas le apretaban cada vez más el cuerpo y el resto de la población encendía con asombrosa velocidad una enorme fogata. El hombre del sombrero solo lo miraba y reía tranquilamente.

Una vez que el fuego estuvo encendido, todas las mujeres hicieron una especie de círculo alrededor de Camilo, mientras los hombres cantaban una extraña y tenebrosa canción, mientras se ponían una especie de cascos en sus cabezas. Los cascos estaban hechos de cuero y tenían cuernos de animales. Algunos eran de antílopes, otros de búfalos, incluso habían algunos con cuernos pequeños de cabra. Todos se veían aterradores.

Las mujeres comenzaron a bailar la tenebrosa canción e hicieron una fila. La primera mujer de la fila comenzó a caminar y bailar rumbo hacia el fuego con un cuchillo enorme en la mano. Lo calentó hasta que la hoja se enrojeció completamente y luego bailó de nuevo hacia donde estaba Camilo, apretando la hoja ardiente contra el rostro del indefenso empresario. Camilo gritó como nunca lo había hecho ante la quemadura, solo que su castigo apenas comenzaba. Luego de reír hasta casi caer, la mujer corrió y le entregó el cuchillo a la mujer que venía detrás de ella. La siguiente agresora realizó el mismo procedimiento, solo que puso el cuchillo ardiente en el cuello de Camilo. El hombre se retorcía de dolor sin poder hacer nada.

La tercera mujer fue un poco más creativa. Ante el agrado de sus compañeras, se dispuso a bajar el pantalón y los calzones de Camilo. El hombre quedó desnudo de piernas para abajo, así que la inclemente aldeana calcinó sin pestañar los testículos de Camilo, quien no podía más que gritar desoladamente sin saber qué hacer para salvarse. Incluso el hombre del sombrero hizo un gesto de dolor al ver lo que ocurría, mientras el resto de los hombres seguían riendo y cantando la extraña canción.

Camilo giró su rostro de nuevo hacia el hombre del sombrero y sin poder hablar, le envió una mirada de ruego y misericordia. El hombre sonrió, se quitó el sombrero y dejó ver un par de filosos cuernos, Camilo supo entonces que él era el demonio que estaba a cargo de la situación.

Alegremente, el resto de las mujeres siguieron calcinando la piel de Camilo, cada una lo hizo en una zona diferente. Cuando la última de ellas terminó, Camilo estaba a punto de desmayarse. En ese momento la canción se detuvo. Los hombres se dirigieron hacia el torturado y lo desataron. Tristemente, no se trataba del final de su tortura. Lo pusieron boca arriba sobre un enorme mesón de madera y lo ataron con los brazos y piernas abiertas. Cada extremidad estaba atada a una de las patas del mesón. En esta ocasión, las mujeres comenzaron a cantar otra extraña canción, mientras Camilo seguía rogando en vano que lo dejaran ir.

En esta oportunidad, los niños y niñas de la tribu se acercaron alegremente a la mesa de uno en uno. La más anciana de las mujeres se acercó con un enorme y filoso cuchillo. El primer niño, pasó con inocencia y señaló un lugar en la barriga de Camilo, la complaciente anciana comenzó a cortar un trozo de carne del lugar señalado, mientras Camilo agonizaba y se retorcía sin cesar. Cuando pensó que lo que le estaba pasando no podía empeorar, comenzaron a devorarlo vivo.

Unos cuatro niños hambrientos habían pasado por la mesa mientras Camilo se desangraba. La sangre caía en una cubeta y cada niño que pasaba, podía beber un sorbo después de terminar su parte de la carne. El atormentado negociante nunca había deseado tanto la muerte.

Al mirar hacia arriba, pudo notar que había un árbol sobre su cabeza y pudo percibir movimiento en él. No lo distinguió bien al principio, pero luego de unos instantes se dio cuenta de que se trataba de la enorme serpiente. El reptil comenzó a hablar de nuevo, le pidió a Camilo que no dijera nada, evidentemente, nadie más podía escucharla. La constrictora le dijo que lo había rastreado hasta ese lugar maldito, y que había venido para matarlo, pero debía esperar el momento oportuno.

En un momento de distracción de los alegres comensales caníbales, la serpiente lanzó su envestida desde el árbol hacia el mesón, tomó a Camilo entre sus fauces y lo subió con asombrosa fuerza hacia el árbol, desprendiéndolo de sus ataduras y causándole un enorme dolor. Sin embargo, en esta ocasión el hombre sabía que era un dolor que valía la pena soportar.

Los pobladores del lugar corrieron en búsqueda de lanzas, arcos y flechas, sin embargo, hubo tiempo de el reptil envolviera a Camilo en un cariñoso y mortal abrazo que en pocos minutos le quitaría la vida.

Camilo podía sentir finalmente el alivio de la muerte que se acercaba a saludarlo, estaba agradecido de que la serpiente hubiese acudido en su ayuda. El hombre del sombrero se acercó con mucha calma y se situó debajo del empresario, que lo miraba aterrorizado y deseando que todo terminara pronto. El hombre solamente le sonrió, se quitó de nuevo el sombrero dejando ver sus cuernos y lo puso sobre su pecho, en una clara señal sarcástica de condolencia. Luego se puso de nuevo el sombrero, y con la mano le hizo un gesto de despedida.

Finalmente, Camilo se había librado de sus ataduras terrenales. Nunca imaginó que el abrazo de una aterradora constrictora, sería el mayor regalo que podría recibir. Afortunadamente para él, y a pesar de su necedad, Dios se negó a abandonarlo esa noche. Sin embargo, tuvo que aprender de la peor manera que no se debe discriminar por las apariencias, y, que generalmente, los humanos solemos confiar en quien nos quiere hundir, pero desconfiamos de quien realmente nos quiere ayudar.

 

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Pedro M

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