Historia

Culto al lobo en la península itálica I (Sabinos/Samnitas – Etruscos – Latinos)



Culto al lobo en la península itálica I (Sabinos/Samnitas – Etruscos – Latinos) - Historia

CULTO DEL LOBO ITÁLICO

«TRIBUS DE LOBOS»

Antes de la aparición y expansión de Roma como ciudad dominante en la península itálica, varias tribus confederadas habitaban las montañas del centro-sur de Italia. Estos eran los samnitas, hablaban el idioma osco y se hacían llamar a sí mismos como Sabini o sabinos.

El historiador romano Plutarco narra que Romulo, legendario fundador de Roma, amamantado junto a su hermano Remo por una loba, organizó un gran festín e invitó a los sabinos. Ebrios los sabinos, aprovechó para enviar a sus hombres y raptar a las mujeres samnitas, a quienes violaron. Esto, real o no, era símbolo del nuevo poder emergente, el de los latinos, por sobre las tribus sabinas.

Los sabinos se dividían en cuatro importantes clanes, unidos en una confederación: Hirpini, Caraceni, Pentri y Caudini. Existía otra tribu samnita que hacían llamar clan Lucani, nombre que provenía del osco Lykos, que quiere decir «lobo». Sus vecinos, los Hirpini, tomaron su nombre de la palabra Hirpus, que es otra para designar al lobo. Según una tradición sagrada de estas tribus, un oráculo les había dictado que vivan «como lobos», lo cual quiere decir depredando a otros pueblos y rapiñando.

Existía otra nación, la de los volscos o Volsci, quienes habitaban el centro de Italia, lindando con los samnitas. Estos también manejaban la lengua osca, aunque adoptaron el latín en el siglo III A.C. al someterse a Roma.

Los dioses primigenios de Roma y el resto de tribus itálicas estuvieron emparentados con la figura del lobo. El lobo era símbolo del fugitivo, de aquel con alma rebelde, o también del huérfano, como es en el caso de Romulo y Remo. Otras deidades eran Zeus Lykoreius, Apollo Lykeios, el hombre-lobo Marte y la loba del Capitolio, Lucania.

Según la leyenda descrita por Tito Livio, la princesa Rea Sylvia, única hija del rey de Alba Longa, era una virgen vestal que servía dentro del templo de Marte. De repente, la joven apareció embarazada «sin causa alguna», diciendo haber sido fecundada por el dios-lobo Marte, quien le entregó gemelos, prediciendo que uno de ellos sería regente de toda Italia y semilla de una nación poderosa. Su tía Amelia, no convencida por la explicación, ordena a los soldados que los hijos de esta vestal sean arrojados al río Tiber. Los encargados de la tarea, enternecidos por los niños, deciden dejarlos sobre una canoa, para que no se ahogasen en las aguas. Los dos pequeños huérfanos fueron encontrados por una loba, lo cual podría significar que fueron rescatados por una mujer del clan samnita Lucani. Esta «loba» los amamantó y los protegió hasta que fueron dos jóvenes fuertes y sanos.

Ya crecido, Romulo erigió un refugio para proscritos y forasteros en el Capitolio. Muchos guerreros de Tracia y Dacia, según la leyenda, encontraron protección en este lugar, amparado por el dios lobo Lykoreus de Delphos. Cada 15 de febrero, los sacerdotes sacrificaban un perro y dos cabras en honor de esta deidad tribal antigua, untando con la sangre la frente de dos niños pertenecientes a cada familia noble. Esta celebración pasó a llamarse Lupercalia y vivió en la tradición romana durante todo el Imperio, incluso tiempo después de su caída.

La captura de las mujeres sabinas por los hombres romanos provocó la furia de los samnitas, quienes se lanzaron sobre Roma. Muchas de estas mujeres se habían casado con latinos, por lo que, según relata el mito, ellas lograron una tregua entre ambos beligerantes. Los samnitas accedieron a bajar sus armas si uno de ellos era aceptado como co-gobernante junto a Romulo. El líder romano accedió y el sabino Tito Tatio lo acompañó en el mando, aunque su prematura muerte dejó otra vez al latino como único rey.

Durante la Lupercalia, cada 15 de febrero, los sacerdotes, llamados Luperci Lupus, ofrecían dos cabras y un perro. Dos niños de cada familia noble se acercaban al altar y sus frentes eran marcadas con sangre, luego los oficiantes del rito procedían a limpiar la sangre del cuchillo con lana empapada en leche. Después del acto del sacrificio, los Luperci cortaban la piel de los animales ofrendados en tiras, y comenzaban a correr alrededor de la colina del Palatino, golpeando a las mujeres con esas tiras asegurando su fertilidad.
Las celebraciones de la Lupercalia solían terminar en danzas grupales muy salvajes y orgías rituales que promovían la fecundidad.

Aita era el dios de la muerte de los etruscos. Considerado el equivalente del Hades griego, este dios recibía a los muertos ataviado con una piel de canino, siendo considerado un dios-lobo.

SORANUS, dios-lobo itálico

Soranus se trataba de una deidad tribal adorada en la península itálica por gentes como los samnitas y etruscos, vecinos de Roma.

Estas gentes rindieron culto a Soranus en el Monte Soracte, donde levantaron altares en la base de la elevación. Cuenta la leyenda que las vísceras de los animales ofrendados a Soranus eran llevadas por lobos hacia dentro de las cuevas. Un día, los campesinos siguieron a estos caninos hasta el interior del monte. Allí mismo, olieron gases venenosos y se vieron muy afectados. Un oráculo les dijo que habían sido «bendecidos» por Soranus, por tanto deberían actuar como lobos a partir de ahora. Así, según la leyenda, se originó el clan samnita Hirpini. Este grupo selecto comenzaría a celebrar ritos donde se atrevían a caminar sobre cenizas, antes de llevar ellos mismos las ofrendas al interior del Monte Soracte. Dentro de este culto a Soranus, también incluyeron a su esposa, la diosa de los inframundos, Feronia, también llamada «madre de los lobos».
Los romanos identificaron al dios Soranus con Apolo, comenzando a llamarlo Apolo Sorani.

Imagen del dios Soranus – Aita, adorado por samnitas y etruscos.

 

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Sebastián Richard

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