Literatura

Cultura Silvestre 1, Identidades Forzadas

Cultura Silvestre 1, Identidades Forzadas - Literatura
Se puede pensar que esta cosa revolucionaria que invade a jóvenes y a pueblos enteros es producto de seres únicos, traídos al mundo para una misión, pero además del reconocimiento por su grandeza los líderes conllevan una renuencia por asumir el rol que a uno le toca, el compromiso inevitable de cada contexto, que en muchas ocasiones se lo considera demasiado, cuando es más bien necesario, inmediato, inminente, a veces súbito pero casi siempre sencillo, silvestre. Las carencias de una vida en zozobra pueden haber sido caldo de cultivo para el sentimiento mesiánico y este se presta muy bien para convertir en “mártir alienante” al “luchador ejemplar”. Detrás de esa actitud hay como trasfondo la necesidad de forzar una identidad. El hecho de asumirnos por algo que no somos, aunque sea en parte, es una metonimia de la cualidad ejemplar por el todo de nuestro presente que dificulta una dinámica revolucionaria universal. Un problema de identidad que la revolución no termina de resolver bajo la mirada extraordinaria de su benefactor, o quizá precisamente por eso. Tolerar tranquilo el regaño del “mártir alienante” es mucho más fácil que seguir el ejemplo del “luchado ejemplar”. Esa diferencia entre uno y otro ente, que en nuestra memoria puede representar una misma persona, fecunda una reflexión sobre la diferencia entre lo que somos y lo que queremos ser y sobre cómo se pasa, sobre la marcha, de una a otra instancia. ¿Cómo dejamos de ser súbditos para impulsar una nueva manera de vivir en la que todos somos líderes?
Comencemos por diversificar el problema en variantes que nos revelan una multiformación de lo que tratamos de señalar. El problema no viene sólo de “arriba”. Hay jóvenes a juro que no asumen la experiencia de sus años para seguir disfrutando de la adolescencia, pero hay también viejos a juro que evaden los apremios de su juventud; hay quienes usan ropa con etiquetas de “marca” para compensar “la vergüenza” de vivir en un barrio; también hay los helenos a juro que prefieren “el arco y la lira” quizá por temor de aprender a bailar el tambor del trópico. Hay orientales a juro que estudian el Tao y hasta masones a juro que practican privaciones para no asumir las ascesis que pueden significar los oficios que practican. También la comprobada perversión pedófila del vaticano podría tener causas en más de un sacerdote a juro, que jamás tuvo verdadera vocación espiritual sino más bien complacer a una familia a juro. Algunas personas de piel más oscura nos parecen, en la mayoría de los casos, afrodescendientes  a juro, como si no fuéramos todos, según el consenso paleoantropológico, descendientes de áfrica. También sé de una especie extraña de malandro posmoderno ajuro, que por el sospechoso reconocimiento de amigos burguesitos que usan la palabra “beta” para todo, y “bájale dos” como frase reguladora se vio en situaciones que realmente no sabía manejar. Postmoderno a juro que un buen día decidió escribir, hasta estas páginas. El caso es que todos somos o hemos sido algo a juro por una sociedad a juro disimulada en poses por un problema de identidad…. Podríamos decir que eso es lo que distrae o retrasa la revolución.
Es natural que una parte de nuestra identidad sea ficticia, el problema es cuando nuestra ficción nos convierte en repeticiones de otras personalidades dejando de aportar un punto de vista nuevo para convertirnos en corroboradores de otro pensador del pasado. Los conflictos artificiales han resultado perfectos para evadir los propios. Una posición espiritual podría tener más sentido.
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Argimiro Serna

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