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De Aristóteles a Descartes (y vuelta). Las esferas del ser



De Aristóteles a Descartes (y vuelta). Las esferas del ser - Ciencia

Aristóteles y Descartes hablaron de causa, materia, etc. Pero el significado que dieron a esas palabras es tan distinto que conviene analizarlo. El Estagirita detalló cuatro causas: eficiente, formal, material y final. La primera es principio de movimiento, la segunda es la manera en que está organizada la sustancia, la tercera responde a la pregunta de qué está hecha la cosa y la cuarta es la finalidad con que fue hecha. Descartes y Bacon eliminaron las causas formales y finales en la física e hicieron bien. No cabe idea más anticientífica que suponer que un cometa pasa cerca de la Tierra para anunciar desgracias. “Los cielos se inflaman cuando muere un emperador” dijo Shakespeare en Julio César. Un poco más de un siglo después Halley podía calcular la órbita del cometa que lleva su nombre y predecir cuándo iba a retornar.

Pero desterrar las causas formales y finales del pensamiento es otra barbaridad. Decir, como Hawking, que el comportamiento humano se puede predecir mediante el cálculo de los movimientos de las partículas que nos componen es la absurda pretensión de que la física se trague la psicología y la lógica. Solo imaginemos a Hawking cuando escribió El gran diseño. Mientras escribía el título, siguiendo el dictado de las partículas que formaban su cuerpo, ya se le habría olvidado lo que iba a tratar en los capítulos de la obra. El físico tenía que tener en su mente la forma del libro, o sea, el orden de los capítulos; la materia que iba a tratar en cada parte y el fin: divulgar la ciencia y probar que Dios no existe. Para escribir un libro de esa envergadura es preciso mantener el pensamiento en una sola dirección durante meses o años. Eso jamás puede ser el resultado de movimientos aleatorios de partículas o de transmisiones nerviosas. El mundo de la física es una esfera del ser: el del pensamiento es otra. La causalidad y la materia en una no son las mismas que en la otra.

El campo de batalla entre Aristóteles y Descartes es la biología. Para el primero (al igual que para los partidarios del diseño inteligente), los animales tienen ojos con el fin de ver y, si hubiese conocido amebas que fabrican sus pseudópodos, diré que lo hacen para caminar. Para Darwin, las cosas aparecen por azar y la selección natural opera para que sobreviva el que tiene ventajas comparativas. En su obra De Aristóteles a Darwin (y vuelta) el filósofo Etienne Gilson muestra como Darwin y Jacques Monod, a pesar de predicar una visión mecánica del mundo, no pueden evitar utilizar expresiones finalistas a lo largo de sus exposiciones.

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Acerca del autor

Luis Alberto Solórzano Sojo

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