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De Los Santos A San Fierro



A lo largo de la historia de la industria del videojuego ha habido diversos títulos que han sido capaces de marcar épocas; de definir un género determinado, o de introducir una mecánica de juego novedosa y revolucionaria. Alejándonos de las míticas entregas perfectamente conocidas en la cultura popular («Super Mario» o «Tetris», por ejemplo), podríamos hacer referencia a otros títulos con nombre propio como «Metal Gear Solid» (1998), «Tekken 5» (2004), o «Jak and Daxter» 3 (2004), los cuales se colocaron, en sus respectivos momentos, en los puestos más altos de las listas de ventas, y nos entregaron horas de ensueño.

 

Sin embargo, todo lo conseguido por aquellas legendarias entregas se queda pequeño al compararlo con lo que supuso el nacimiento del «Rey de Reyes». En octubre del 2004 Rockstar completaba la trilogía de PS2 entregando al mundo el «Grand Theft Auto: San Andreas». Este videojuego tuvo todos los ingredientes necesarios para romper con el pasado y crear una nueva realidad. A un lado los elementos técnicos (motor gráfico retroalimentado, sistema de superposición, etc), San Andreas nos trajo a un protagonista que nos supo «enganchar» con su historia. Manejando a Carl Johnson podíamos sentir que realmente éramos de la «banda del pañuelo verde»; compartíamos con él los triunfos y las alegrías, y nos entristecíamos con sus dilemas emocionales.

 

Por otra parte, nos sentíamos libres explorando el inmenso «mapeado» que nos habían regalado los chicos/as de Rockstar. Bien por tierra, mar, o aire, teníamos la posibilidad de recorrer kilómetros y kilómetros por una tierra llena de sorpresa y misterios. Nunca antes habíamos experimentado tanta libertad en un videojuego. Las barreras y las limitaciones que habíamos conocido en otro títulos del pasado, habían pasado a la historia. San Andreas no tenía restricciones; prácticamente podías desarrollar todo lo que se te pasara por la cabeza.

 

Un videojuego así, por fuerza, tenía que marcar un antes y un después en esta industria del entretenimiento. De hecho, el impacto social fue tal que en las calles, en los lugares públicos, y, por supuesto, en la intimidad de la familia y las amistades, el GTA San Andreas era tema recurrente. Daba igual la edad. Todo niño/a, y adulto/a hablaba con los ojos como platos de lo que había sido capaz de conseguir un videojuego. Nunca hubo nada parecido en el pasado, por lo que «esta nube de euforia colectiva» se alargó durante meses.

 

Hoy en día recordamos con nostalgia y cariño aquellos momentos. Todos/as los que los vivimos aquello tenemos en nuestro cerebro una «carpeta» específica en dónde se nos recuerda qué fue San Andreas, qué significó y significa, y qué lugar ocupa en la línea temporal del mundo del videojuego. La innegable potencia de los títulos actuales «nos despista», pero no nos cohibe a la hora de pensar que nunca volveremos a observar un fenómeno de tal magnitud. Jamás volveremos a vivir lo que experimentamos al jugar a la última entrega en PS2 de la saga Grand Theft Auto.

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Sarvatore

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