Literatura

Debajo de mi cama



Debajo de mi cama - Literatura

Yo siempre le tuve mucho miedo a la oscuridad, no estoy muy seguro del porque, solo que me aterra, gracias a eso no tengo cama y menos armario, mi colchón esta sobre una tabla de madera, pero por mi trabajo tengo que viajar constantemente así que voy a muchos paises, soy alguien muy importante, se que no lo vas a creer pero es verdad, soy muy conocido en este país.

Hoy me toco viajar hacia Perú, me hospedaré en un lujoso hotel y todo eso, así que me voy.

Acabo de llegar de un largo vuelo, descanse en el trayecto así que hoy no tengo sueño. Ingreso al hotel y al instante me gusta, es muy grande, la habitación es enorme, pero creo que mi habitación es mucho mejor, es mas grande. En unos cuantos minutos sera las 00:00, no lo se, hoy no tengo sueño. Así que mejor voy a pensar, estar acostado en mi cama me resulta muy entretenido porque puedo pensar en los sucesos del día de hoy, en lo que estoy haciendo y en lo que haré.

De pronto se me viene a la mente ese pánico a la oscuridad, me siento inseguro y grito en medio de la habitación oscura por las luces apagadas «No hay porque tener miedo a la oscuridad, ni a lo que hay bajo la cama» pensé, porque debajo no…. debajo…. n…. deb…. me detengo, siento que la cama se mueve, de pronto la cama pega un salto y siento que hay algo mas en la habitación.

– ¿Hay alguien aquí? – pregunto

– si hay alguien – respondió una voz fuerte y grave

– ¿Quién eres? – pregunto

– tengo muchos nombres, pero con  el que mas me conocen es el de «jala píes»

De pronto un escalofríos recorre mi espalda y todo mi cuerpo, ahora si tengo miedo, pero no se lo voy a demostrar aunque esté temblando.

– ¡Tú no existes! – grito

De pronto la cama se mueve mucho más y más, hasta que se detiene, mientras una luz roja invade toda la habitación, la luz proviene de debajo de la cama, observo algo, una cosa sale de mi cama, ¡hay no, por dios! No no ¡sí!, unas manos gigantescas salen de mi cama, eran muy grandes, cada dedo mide igual que mi zapato, son algo amarillentas y muy descuidadas, con algunos rasgos de sangre, las unas negras y descuidadas, esas manos tienen marcas desagradables, algunas partes dejan ver su hueso.

– ¿Ahora si crees en mi? ¿Ahora si? – me pregunta

– No – le digo – eres solo un sueño – pero al parecer se molesto

– ¿Un sueño hace esto?

Me cogió los píes, lo apretó tan fuerte que escuche el crujido de mis huesos rotos, algunos trozos salían por mi pierna y atravesaron mi piel, la cama estaba llena de sangre, mis gritos empiezan a lastimarme la garganta, me duele mucho, de pronto escuche una risa macabra.

– ¿Y ahora crees en mi? ¿Ahora si? – me grito

– ¡no, eres un sueño! – grite. Pero al parecer se molesto

– ¿un sueño hace esto? – Y comenzó a arrastrarme hacia el piso, lo hizo tan rápido, que me golpeé en el, mi rostro choco tan fuerte que me rompió la nariz y algunos dientes.

– ¿Ahora si crees en mi? ¿Ahora si? – me dijo

– ¡no, eres solo un sueño! – le respondo. Pero al parecer se molesto

-¡¿Un sueño hace esto?! – me grito

Y me arrastró hacia debajo de mi cama, era como un túnel y me asustaba, estaba perdiendo el sentido, parecía que subía en vez de bajar, pero eso no importa sólo las heridas de mi cuerpo. Por un momento observé el suelo y me golpeé tan fuerte que me desmaye por un rato, en cuanto desperté me encontraba en las manos de una criatura horrible, sus manos seguían siendo las mismas, sus ojos eran color negros y su cara de un amarillento asqueroso, tenia patas como de cabra y unos cuernos en la frente, parecía un demonio, estaba descuidado, asqueroso, era repugnante, acerco su asqueroso rostro a mi cara y me miró fijamente a los ojos

– ¿Ahora? ¿Ahora si crees en mi? – me dijo

– si – le respondí, no me quedó otra alternativa – ¡si creo en ti!

Me arrojó a un pozo lleno de sangre o eso parecía, al momento de golpear mi cara contra el fondo, desperté en mi cama, eran ya como las 10 de la mañana y tenia una reunión, estoy seguro de que todo había sido un sueño, mas bien una pesadilla, me encontraba bien, sin marcas, ni heridas.

– ¿Ahora si crees en mi? ¿Ahora si? – escucho

– ¡no, no, eres sólo un sueño! – le grito. Pero al parecer se molesto

– ¡¿un sueño hace esto?!

Y sentí como un objetivo punsocortante atravesó mi pecho, sentí el dolor, todo mi cara, mi nariz, mi boca, mis piernas, mi pecho, todo junto, me desangre tanto que… que… todo… es re… real.

 

 

 

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Rosario

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