Literatura

Decisiones parte 3



Decisiones parte 3 - Literatura

10 claves para decidir bien.

Como habrás podido notar, ni la falta de decisión ni decidir a lo loco, son buenas estrategias. Entonces, ¿cómo podemos elaborar un sistema efectivo para tomar buenas decisiones? Vamos a ver 10 ideas a tener en cuenta.

1. Evitar las decisiones de sí o no

Tener solo la opción de sí y la de no es un conocido truco de venta: o te lo llevas ya, o pierdes la oferta. Pero, en realidad, casi siempre hay una tercera opción, sino más. Al cerebro le gustan las opciones de sí o no, son fáciles, no hay que pensar demasiado. ¿Voy a esta reunión o no? Sin embargo, si buscamos una alternativa, surgen nuevas preguntas: ¿Podría conectarme? ¿Podría ir solamente a una parte de la reunión? ¿Podría aplazarla? No está mal eliminar opciones innecesarias y reducir todas las decisiones a dos o tres opciones, pero no tienen que ser sí o no, blanco o negro. Algo que podemos hacer es dividir una decisión en decisiones más pequeñas.

2. Probar en vez de decidir

Uno de los miedos que tenemos al decidir es no saber las consecuencias, ya que no tenemos una bola de cristal. Sin embargo, hay un pequeño atajo para poder calcular cómo nos va a salir la jugada. En vez de poner en marcha todo lo que quiero decidir, ¿podría hacer una pequeña prueba que no tenga un resultado tan definitivo?.

Un ejemplo podría ser una peluquería. Quiero montar una peluquería, pero no sé si será mejor peluquería o barbería. En vez de decidir y abrir el negocio, podemos poner dos anuncios y ver qué tal responde la gente. Lo mismo podríamos hacer antes de una compra importante, como la de un automóvil. Podríamos calcular datos de consumo, pero también podríamos solicitar al concesionario hacer una prueba de conducción o hasta alquilar el coche una semana. Las grandes empresas hacen esto. Lanzan prototipos, realizan tests A-B, prueban con promociones y ofrecen sus productos primero a grupos de usuarios destacados.

3. Evaluar el coste de oportunidad

Para saber cuál es el coste de oportunidad de cierta decisión en concreto, basta con preguntarnos: “Si hago esto, ¿qué voy a perder?” Eso sí, recuerda que el tiempo es dinero. Un ejemplo sería cursar una carrera universitaria. Es cierto que, si nos esforzamos, conseguiremos un título relativamente valioso, pero también lo es que perdemos años de experiencia laboral, de hacer cursos, de ganar dinero en un empleo… años de vida, en definitiva. Otro ejemplo sería una compra de cualquier producto. Plantéate: ¿qué cosas podrías hacer con ese dinero? ¿cuánto tiempo necesitas para conseguir ese dinero? Algo muy útil es pensar, en

vez de en dinero, en cuántas horas de trabajo supondría esa compra.
“Todo lo que podemos decidir es qué hacer con el tiempo que se nos ha dado.” – J. R. R. Tolkien

4. Evitar el sesgo de confirmación.

Esto quiere decir no hacer lo que ya queremos hacer. A nuestro cerebro le gusta mucho confirmar las conclusiones que hemos sacado en primera instancia, muchas veces, sin demasiada base. Y si no, piensa en el tema del fútbol. Aquí en Mexico hay dos grandes equipos confrontados: Rayados y Tigres. Por supuesto, hay prensa deportiva que apoya total y claramente a alguno de estos clubes, al mismo tiempo que ataca al contrario. Bien… ¿Qué periódico deportivo crees que comprará un aficionado de uno u otro equipo? Otra prueba del sesgo de confirmación son las redes sociales. Buscamos aquello que confirma lo que pensamos, nos hacemos amigos que coinciden con nuestra forma de ser. Incluso los propios algoritmos fomentan estos sesgos. Es necesario retenerse y evitar un juicio antes de seguir al menos, algunos de los pasos que estamos analizando. A veces alguien nos pregunta y nos presiona para decidirnos. Mejor que ceder, es responder con elegancia que no sabemos todavía, no lo tenemos claro, necesitamos pensarlo un poco.

5. Ver cómo le fue a otro.

Otra base para tomar decisiones acertadas es ver cómo les ha ido a otros al tomar la misma decisión o parecida. También

serviría recordar cómo nos fue a nosotros en el pasado. Vamos… la experiencia propia y ajena. Es útil, antes de realizar una compra o alquilar un servicio, buscar en internet las valoraciones de otros clientes y usuarios, o analizar artículos especializados que hablen de eso que queremos decidir. (Recuerda, con mesura, que no queremos ‘parálisis por análisis’). Incluso, para ciertas cosas, es bastante provechoso llevar un listado, o al menos, anotar nuestras impresiones. Esto evita otro sesgo de la memoria: evitar recordar las malas experiencias y transformar los recuerdos en positivos.

6. Encuentra a alguien que no esté de acuerdo.

Este punto es realmente disruptivo. Si quieres tomar una decisión, no busques solo a quien te apoya. Como decía Stephen Covey, ‘si alguien piensa igual que yo, no me esta aportando nada’ (o algo parecido) En la iglesia católica existía una figura conocida como el “Abogado del diablo” (promotor fidei). Era aquel que objetaba, exigía pruebas y buscaba errores en todo lo que se presentaba para canonizar a alguien. Pues algo parecido, viene bien antes de canonizar una decisión que después, pueda resultar en un fiasco. Puede ser un familiar, o un amigo, o un compañero de trabajo… el que sea, pero que sea sincero.

“Si no tienes la información que necesitas para tomar decisiones sabias, busca a alguien que sí la tenga.” – Lori Hil

7. No dejes que las emociones decidan.

Es muy importante esperar un poco antes de decidir algo importante. Las prisas son malas consejeras. Claro, no podemos darle el mismo tiempo a todas las decisiones. Un truco: Valora del 0 al 10 la importancia de la decisión que vamos a tomar. El resultado te dirá la cantidad de horas, como máximo, que deberás usar para decidirte. Recuerda bloquear el tiempo necesario para reflexionar en el asunto. Por cierto, evita las reuniones de última hora. Consúltalo con la almohada. No tomes decisiones por impulso, ni cuando te sientas desanimado. Una cosa interesante es que, para nuestro cerebro es más difícil perder algo, que ganarlo. La famosa Paradoja de Monty Hall (tres puertas con premios; dos cabras y un coche) lo ilustra muy bien. Se elige una puerta, y, a continuación, el presentador abre una que esconde una cabra. Después, pregunta al concursante si se queda con su primera elección, o prefiere cambiar. La mayoría de las personas se quedan con lo que tienen por una cuestión emocional (no quieren perder lo que ya tienen). Sin embargo, la estadística demuestra que tiene el 66% de probabilidades de ganar el coche si cambia. Mira el video de abajo si no te lo crees. La influencia de las emociones al decidir se traduce, tristemente, en pérdidas en bolsa, o en la adicción al juego por dinero. Cuidado también con las comparaciones; no decidas simplemente por parecerte a otra persona, ni cedas a la

presión social. Hacer lo que hace todo el mundo, porque siempre se ha hecho así, o por caer bien a los demás, no son razones aceptables. Las mejores decisiones se basan en principios.
“Las peores decisiones en la vida son las que tomamos basándonos en el miedo.” – Sherrilyn Kenyon

8. Toma distancia.

Muchas veces, los árboles no dejan ver el bosque. Para distanciarte del bosque, imagina que no eres tú, que eres un vecino, un familiar. ¿Qué elegiría yo si la decisión la tiene que tomar otra persona? Al hacer esta reflexión, uno se da cuenta de la importancia relativa de las decisiones que tomamos.
“El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide.” – Henry F. Amiel

9. Prepárate para el error.

Otra pregunta a tener en cuenta es: ¿qué es lo peor que me pasaría si? Piensa en modo ganar ganar (win win). Un ejemplo personal es el proyecto EfectiVida, que empezó siendo un podcast. Antes de decidirme, pensé: “Si funciona, genial. Si no funciona, bien también. Aprenderé mucho sin gastar casi nada, y habré disfrutado con la experiencia”. Otra técnica es comparar bueno con lo malo, usando un folio a la mitad. En la parte superior pongamos las cosas a favor, y en la inferior, las contras. Se pueden usar más variantes, como vimos antes en lo de los árboles de decisiones, pero con esto sería más de lo que hace la mayoría antes de decidirse por algo. Además, si percibes los riesgos pero quieres seguir adelante, siempre puedes protegerte por si acaso.

10. Asume el cambio.

Las decisiones no suelen ser para siempre. Lo que hoy decidí, mañana puede cambiar. Muchas veces se valora a aquel que toma una decisión y no la cambia, pero es mucho más valiente (y enooormemente más práctico) ser capaces de girar 180 grados sin inmutarnos. Esto aplica a los negocios, o a las inversiones. Si no funciona pasado un tiempo razonable, ¡cambia! No pasa nada. Sin cambio, sin decisiones, no hay mejora.
“Usar el poder de decidir te da la capacidad de superar toda excusa para cambiar cualquier parte de tu vida en un instante.” – Anthony Robbins No estaría de más tener un plan de cambio, una alternativa definida de antemano.

 

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elsoko_sergio

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