Historia

Del Socorro Pa’ Bogotá

Del Socorro Pa’ Bogotá - Historia

¡Qué calor que está haciendo hola! ¿Le molesta que pida una cervecita? Eso no se demora nada en llegar; y si quiere, usted también pida una, que Juan, el canchero, nos la trae rapidito, pere y verá que ese no se demora nada.
Mientras tanto, empecemos rápido, por si tiene preguntas, pues yo se las puedo responder, claro está, si eso le parece bien a usted; mejor dicho, usted decide.
¿Que hable de mí? Bueno, pues yo me considero un hombre berraquito, lo digo porque desde pequeño me ha tocado duro, crecí en un pueblo en Santander, bien cerca de Bucaramanga, se llama El Socorro.
¡Qué tierra bella! Yo sí que amo mi campo, mi pueblo, el olor a tierra caliente  ¿no ha sentido que cuando ya va a llegar a un pueblo caliente, siente un olor diferente? A mí eso sí me pasa y eso que no es que yo viaje mucho, porque con qué tiempo.
Crecí en el campo y creo que yo no cambiaría eso, ¡a mucho honor dirían por ahí!, me tocó duro, sí, porque la vida del campo es muy dura, usted sabe cómo es este país. Pero crecí levantándome a las tres de la mañana, todos los días entre semana, y corra que a desgranar las arvejas o la mazorca pa’ vender,  que a ordeñar las vacas a las que por cierto me gustaba cantarles. Yo no es que sea cantante, si acaso mis vaquitas me escuchaban, pero ellas se sentían bien tranquilas, uno conoce a sus animales y a ellas les gustaba eso, o pues yo creo, porque nunca me lanzaron un patadón.
Toda la semana era lo mismo, arree vacas, ordeñe, desgrane, cuide hermanos y trabaje. Desde chiquito yo he sido así, por eso no soy perezoso, siempre he sido bien trabajador y así mismito crie a mis hijos, qué cosa tan berraca eso de ver las mujeres trabajando, eso así no es. Las mujeres se quedan en la casa y el varón sale a camellar.
Lo que más esperaba yo era el domingo. Eso sí que lo esperaba siempre, mi papá nos levantaba temprano, pa’ dejar todo hecho, diga usted a las once salíamos pal’ tejo, qué felicidad que nos daba a nosotros. Porque esos días eran días de banquetes, eso comer gallina era la gloria. Pedíamos un piquete y nos poníamos a mirar cómo mi papá jugaba Tejo.
Así fui aprendiendo yo, mi papá me ponía a foguearme con los amigos de él, eso que cuento de que estaba muy chino, él hasta apostaba por mí, y eso que al principio yo sí que era tronco, el tejo no me llegaba sino hasta la mitad y me decían tontín, pero a mí no me importaba, yo me sentía grande jugando allá con los amigos de mi papá.
Fueron muchos los años que mi papá me cargaba con él, el tejo no es que fuera muy lejos de la casa, por eso me gustaba tanto, yo no rebajaba tejo. Con decirle, los castigos de ahora son quitarle los aparatos a los pelados, mis castigos eran quedarme en la casa, no podía ir al tejo, eso sí que era duro pa’ mí ¿oyó?
Alrededor del tejo yo conocí muchas cosas, uno pensará que es simplemente llegar allá, jugar y listo,  nos vimos. Pero va más allá de eso ¿si me entiende? Yo aprendí más cosas, ahora que me pongo a pensar, allí me di cuenta que una de las cosas más importantes para mi familia era eso, porque nosotros íbamos era todos unidos.
Otra cosa distinta era cuando mi papá salía del trabajo para allá, ese era su plan de macho   – decía él – , cuando mi papá se iba solo a echar pola, mi mamá casi no arrimaba cuando era ese plan de los amigos y eso. Pero nuestro lazo era muy fuerte, lo que yo más recuerdo de mi papá, que en paz descanse, es eso, es que yo crecí rodeado de todo ese mundo.
Para mí estar sentado aquí en este tejo, aunque sea aquí en Bogotá, me trae todas esas cosas a la cabeza, y no crea, a mí me da nostalgia, porque bien o mal eso me hizo ser a mí lo que soy ahora, creer muchas cosas en las que creo, hasta mis pensamientos en torno a lo que sucede en el campo y cómo manejan eso los ladroncillos de la política, todo eso ¿puede usted creer?
Aquí en Bogotá muchas cosas han estado a mi favor, no puedo decir que ha sido fácil porque la lucha ha sido larga, pero a mí de qué me serviría quejarme, sí es que la vida es pa’ eso, pa’ reír y llorar, o si no ¿qué nos haría sentir vivos? La cosa es así, si mi Dios le permite a uno caminar y trabajar, las quejas de eso no sirven de nada. La gente cree que es que quejarse les soluciona los problemas, y pues a la hora de la verdad eso no es así de fácil.
Y como anteriormente se lo dije, yo no soy un hombre perezoso, me levanto todos los días bien temprano,  y a mis cincuenta y cinco años, yo me siento conservado, me camino todo el centro vendiendo chance para llevarle de comer a mi mujer. Mis hijos todos ya se fueron, tuve tres nada más, porque en los tiempos de ahora no se tienen tantos, porque antes eso si era como pan caliente, había familias hasta de 12 hermanos. Pero yo no quise y mi mujer tampoco, aquí si teníamos televisión, bueno es un decir.
Pero bueno, le decía que me siento conservado, no solo por poder caminar, bendito sea mi Dios, todos los días para trabajar, sino que también, porque a pesar de la pobreza “mala vida no nos damos”, yo tengo tiempo hasta para pegarme mis chicos de tejo.
Aquí en el tejo se pasa sabroso, el ambiente es muy relajado porque casi ninguno es de Bogotá, muy pocos. Todos nos reunimos para descansar hasta de la mujer y con eso le describo qué tan chévere es venir acá.

Mi nombre es Jorge pero aquí casi nadie me dice así, yo aquí entro y soy Pantera. No porque me vuelva una pantera jugando, sino porque así me dicen acá, ese es mi apodo aquí y a mí no me molesta, aunque me lo haya ganado por desjuiciado.
Pasa que una vez me vine a echar pola con estos degenerados, puede usted creer que me dieron “las once y las doce”, yo no me di cuenta que llevaba metido acá todo el día, pues llegó mi mujer emberracada porque yo no aparecía y me sacó corriendo de acá.
Yo saliendo de acá me hice el pendejo y me puse fue a pelearle, yo sí sabía que tenía la culpa, pero todos se dieron cuenta que ella estaba furiosa, a pesar de que yo de puro descarado le levantara la voz para demostrar cosas que uno de hombre no soporta que otros piensen que uno no tiene, cómo le digo, como esa autoridad de ser la persona que lleva las cosas a la casa y no tener derecho a un tiempito de diversión, ¿sí me entiende?
Por eso quedé Pantera, ni siquiera por mí, pero no me disgusta, casi siempre la gente piensa que es porque soy bravo pero no, usted se ha podido dar cuenta, conociéndome, que soy una persona muy amable y entradora que le llaman.
Otros en cambio piensan que es porque soy el mejor jugador, dígame ¿eso por qué me va a disgustar? Si a todo el mundo le gusta que le llamen por apodos así, que den a pensar que uno es como poderoso.
¿Qué si mi mujer sabe? ¡No! Yo no le he contado nada, ella sabe que me dicen Pantera, pero no que es por ella, además ¿para qué? Después coge de costumbre la cantaleta y eso a mí no me gusta, qué pereza una mujer histérica, a ella me la dejan por allá en la casa, que cuando quiera traerla, yo, le compro una gallina y ahí se está quietica y callada porque pa’ encantarle una rabadilla a esa mujer mía, además ella creció en Boyacá entonces ella sabe cómo son las cosas con el marido, espero usted también me entienda, eso no me gusta explicarlo.
De aquí de este tejo hago parte de los veteranos, pero no solo por ser el más viejo, porque no lo soy, a mis cincuenta y cinco estoy en plena flor mi juventud, sino porque llevo mucho tiempo aquí, y quiere que le cuente algo, yo seguí la tradición de mi papá, de venir al tejo, verme con los compadres y jugar, pero yo no vengo los domingos, casi nunca un sábado, me gustan los martes y ni siquiera pregunte porqué, porque yo tampoco sé, me gusta, es costumbre y lo hago los martes, así como hoy.
Me gustaría seguirle contando, porque tan ameno que está esto, la música de fondo lo hace mejor ¿sí oye? “Si mi presencia te incomoda para poderlo mirar me voy, me voy de aquí para que vivas tu romance, no te preocupes ya entendí tus indirectas, no hace falta que me mientas me voy para no estorbarte.”
¿Pero sabe qué me pasa con esas canciones? Que me dan sed,  y así no puedo seguirle contando, yo necesito recargar energías para poder seguir, por eso lo mejor es que yo vaya y me tome unas Polas, usted sabe que aquí es imperdonable no hacerlo, además hoy siento que es un día especial para ganarme un chico, mientras tanto vaya usted y escriba, así como cuando viene por aquí a visitarme.
Yo voy a empezar a ganarle a estos degenerados, porque los veo como muy contentos, ¡Juan! Tráiganos el petaco, que tocó empezar el chico de una vez.

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NGZ

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