Política

Democracia directa: por qué es antidemocrática

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democracia directa

“No se debe convocar un referéndum para decidir si hay que construir un puente, pero sí se puede convocar un referéndum para decidir de qué color hay que pintar ese puente”. O dicho de otro modo. La democracia directa es un recurso existente en la mayoría de las democracias modernas que debería ser utilizado exclusivamente para tomar decisiones sin ninguna transcendencia, como cuál debería ser el himno del país, su bandera, etc.

En ningún caso debe utilizarse para decidir algo con una gran influencia en el devenir de la sociedad. Y muchísimo menos para decidir algo que la pueda dañar profundamente, como es el caso del Brexit, la independencia de una parte, la definición de políticas económicas, la articulación de subvenciones, si se debería entrar o no entrar en una guerra, etc.

Existen una gran variedad de argumentos para justificar esto, pero tres son los que explican por qué este método de gobierno es profundamente antidemocrático.

La democracia directa y por qué no es realmente democrática

El coste de información

En primer lugar, por mucho que amemos la democracia, es muy iluso pensar que la mayoría del pueblo puede tomar una mejor decisión que grupos reducidos de gente especializada. Un ejemplo para reducirlo al absurdo podría ser el de un ingeniero que somete a referéndum qué material debería utilizar para construir un puente. Con toda probabilidad, es más adecuado que esa decisión sea tomada por el ingeniero, que se ha formado específicamente en la materia, que un conjunto grande de personas que nada sabe de esa materia.

De la misma forma, la decisión de instaurar uno u otro sistema político o económico, separarse de un país, entrar o no entrar en guerra con otro o salir o entrar en la Unión Europea, por ejemplo, tienen consecuencias para el pueblo más allá de lo que la grandísima mayoría del pueblo está preparada para valorar. Por lo tanto, en un sistema de democracia directa, se le está obligando al pueblo a tomar una decisión cuyas consecuencias no conoce. Dado que el objetivo de tomar una decisión es poder asumir unas consecuencias u otras, tomar una decisión con desconocimiento es equivalente a no elegir, y, por tanto, profundamente antidemocrático.

Es obvio que tiene mucho más sentido que el pueblo elija a una serie de representantes (en el ejemplo anterior, al que consideren el mejor ingeniero) para que tome una decisión por ellos.

El comportamiento emocional

Incluso obviando el punto anterior, e independientemente de la información que el pueblo tenga, hay que tener en cuenta el comportamiento irracional o emocional que suele tener el ser humano, y aún más cuando forma parte de un grupo más grande.

Un ser humano no es una máquina que procesa información y toma la mejor decisión basada en unos parámetros lógicos. Puede convertirse en algo más preparado para ello con formación y experiencia. Pero para el pueblo (donde por supuesto me incluyo), la política, la nación e incluso un sistema económico son tan emocionales como su equipo de fútbol.

A nadie se le escapa que la mayoría de los votantes de Podemos o PP (con un 90% de fidelidad de voto) les seguirían votando siempre. Independientemente de lo que digan en su programa, de que hayan apoyado ciertos regímenes en el pasado, de cómo se hayan financiado, etc. Ser de Podemos o del PP es como ser del Barça o del Madrid. Lo soy y punto. Parafraseando a Donald Trump, otro personaje populista como los anteriores: “podría matar a alguien en mitad de la 5ª Avenida, y aún así seguirían votándome”.

Por lo tanto, dejar en manos de una mayoría que se comporta de forma irracional el devenir de una sociedad parece no ser lo más adecuado. Podemos ver que incluso cuando se le pide al pueblo elegir a sus representantes, algo mucho más sencillo que decidir si hay que subir las pensiones un 5% o un 10%, el pueblo se equivoca muchas veces. ¿Habría elegido Grecia, Argentina o Ecuador como eligieron si hubieran sabido que iban a provocar un corralito, hiperinflación etc.? ¿o al PP si hubieran sabido que iban a subir impuestos, o al PSOE si hubieran sabido que nos iba a dejar al borde del rescate? Sin embargo, a pesar de ello, ¿cómo se explica de forma racional que sigan reteniendo a una parte tan alta de su electorado?

La asimetría del poder

Y por último, es un error asumir que un referéndum dentro de un sistema de democracia directa es una elección libre de un pueblo, como si ningún otro factor interviniera. Pero existen multitud de formas de afectar al resultado del referéndum, y esa habilidad es completamente asimétrica en favor de los grupos de poder, siendo el más poderoso de ellos el Estado.

El Estado puede elegir cuándo convocar el referéndum –obviamente esperará a que las encuestas favorezcan el resultado que quiere – puede elegir la pregunta –similar a lo anterior -, puede hacer una gran campaña, más fuerte que ningún otro actor en la sociedad. ¿No sorprende cómo varían las encuestas del Brexit en pocos días, o en su día las de la salida de Escocia? ¿No estamos supuestamente ante la decisión racional de un pueblo? ¿Entonces, por qué depende el resultado en semejante de medida del gasto en marketing que se hace cada bando? ¿Del lamentable asesinato de una parlamentaria? ¿O de otros factores totalmente ajenos al control del pueblo?

No seamos ingenuos. Puede que como individuos tengamos cierta capacidad de elegir y tengamos cierto control de nuestras decisiones. Pero cuando se trata de una decisión de una masa, un experto en marketing de campaña ve al electorado como ovejitas a las que puede controlar. Si pongo mi dinero aquí, si pongo un artículo allá, si consigo que cierta estrella mediática me apoye, etc. Los argumentos racionales quedan a un lado, o, cuando menos, no son lo más relevante. Lo importante es una estrategia de marketing adecuada para que salga el resultado que el que la puede financiar elija.

Conclusión

Por lo tanto, y para acabar: ¿cómo puede ser la democracia directa realmente democrático? Si la gente que toma la decisión no tiene la información o la formación adecuada para entender las consecuencias. Si, como norma general, sabemos que la gente vota más por motivos emocionales que por los motivos racionales. Si, además, son poderes ajenos al pueblo los que en realidad mueven esa decisión supuestamente tomada por el pueblo…

La democracia representativa también adolece de problemas, en parte por los mismos motivos que se han expuesto arriba. Pero es un buen compromiso entre que el poder resida en el pueblo y que el que toma la última decisión tenga un buen entendimiento de sus consecuencias y una responsabilidad directa sobre ellas.

No lo duden, la democracia directa basada en referéndums es uno de los peores sistemas de gobierno posibles. Si en una dictadura alguien decide por el pueblo, en una democracia directa el pueblo decide sin capacidad para hacerlo. No sigamos el (mal) ejemplo de algunos países y apoyémonos en nuestras instituciones para lograr los cambios que buscamos.

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Acerca del autor

Juan Solana

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