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Demons [+18]

Demons [+18] - Literatura

Prologo

“No sólo las profesoras pueden enseñar”

Cuando la monotonía ahoga incluso al pez más vivaz del océano te das cuenta de que es hora de cambiar.

Lo difícil atrae, pero lo imposible engancha.

Kang HyeSook, experta en filosofía, será la nueva profesora de dicha materia, pero como se menciona antes, no sólo las profesoras pueden enseñar, en esta novela los alumnos impartirán las mejores lecciones.

Kim Taehyung era un experto en campos que la profesora Kang apenas podía alcanzar.

¿Estará preparada la señorita Kang para las lecciones de Kim?

 

Capitulo (I)

“Próxima parada Hongik-dong”–Anunció la azafata.

Me apresuré a coger mis maletas y a levantarme de mi asiento, con el objetivo de evitarme la avalancha de personas cuando llegara la hora de salir de aquí.

Mi trasero dolía horrores de estar tantas horas sentada y en la misma posición, no recordaba las horas exactas que duraba el viaje, pero mi trasero y yo podíamos confirmar que el trayecto desde Daegu a Seúl no era precisamente corto.

Tal y como anunció la azafata, después de unos minutos, las puertas se abrieron, invitandome a abandonar al fin aquel tren.

En pocos minutos me encontraba fuera de la estación, a pesar de la cantidad de gente.
Seúl era diferente a Daegu, se notaba en las calles y en la gente que se trataba de la capital, con todo tipo de lujos y tecnología, las calles de Daegu eran mucho más humildes, aunque eso no significaba que vivieramos en la edad de piedra.

La gente vestía de otra manera, más formal, más moderno y llamativo, incluso vi a varias personas con el pelo teñido de colores poco usuales, como los idols de kpop. Se notaba que aquí la gente era algo más abierta y que se podía ser un poco más libre de hacer lo que se quiera sin ser juzgado brutalmente como suele pasar en un pueblo.
Estoy segura de que si me tiñera el pelo de rosa en Daegu faltaría tiempo para que todo el mundo criticara mi nuevo look.

Envié un mensaje a mis padres confirmando mi llegada, recibiendo una respuesta poco efusiva por su parte. Esta era la primera vez que me separaba de ellos, por lo que no les agradó mucho la idea, teniendo en cuenta lo sobreprotectores que eran conmigo.

Llegué a mi apartamento en menos de 10 minutos, gracias al taxi que cogí nada más salir de la estación.

El vencindario era de lo más corriente, un edificio lleno apartamentos minúsculos habitados por una gran diversidad de personas.

Di las gracias al cielo por haber alquilado un primero, sólo pensar que tendría que subir y bajar escaleras todos los días me daba cansancio.

Al intentar abrir la puerta me encontré con mi torpeza, haciéndome probar y girar la llave hacia todos los lados para abrir la puerta fallando en el intento.

Derrotada miré con una sonrisa irónica hacia la puerta, no podía creer que un simple cerrojo pudiera conmigo.

Un poco cansada por mi inutilidad escuché un carraspeo masculino. Giré mi cuerpo en busca de aquel carraspeo, encontrándome a un chico con las facciones definidas, una mirada curiosa y una sonrisa realmente encantadora y contagiosa.

–Hola.– saludó alegre.

–Hola.– contesté de vuelta intentando igualar su simpatía.

–¿Necesitas ayuda?– mencionó señalando la puerta.

— Por favor.– supliqué más que rendida.

El chico se acercó rápido a la puerta, y con un ligero movimiento de muñeca y un leve empujón abrió la puerta dejándome anonadada y con el mayor sentimiento de inutilidad en mi.

–¿Cóm…

— Todas las puertas tienen truco, es fácil sólo tienes que empujar hacía ti y girar la llave.

— Gracias.– le dediqué una sonrisa.

Él me devolvió aquella sonrisa e hizo el amago de marcharse.

— Perdona ¿cómo te llamas?– pregunté con la intención de socializar con los vecinos, una nunca sabe cuando puede necesitar sal.

— HoSeok, Jeon HoSeok.– respondió extendiendo su mano.
— Kang HyeSook, ¿vives aquí?
— Oh no.– soltó una risita nerviosa.– vive mi novia.
— Oh eso es genial, no te entretengo más.– dije cortando la conversación.

— Adiós.– se despidió aún con la sonrisa pegada a su rostro.

Entré en el apartamento acarreando con mi maleta, encontrándome exactamente con lo que esperaba, un modesto apartamento con un solo dormitorio, un salón, una cocina y un baño. Perfecto para una chica soltera de 23 años.
Acomodé todas mis cosas acabando exhausta y con ganas de lanzarme a la cama.

Hoy había sido un día largo y lleno de sensaciones, pero mañana no se asemejaria ni de lejos al día de hoy. Mañana sería mi primer día de trabajo oficialmente como la nueva profesora de filosofía de los alumnos de último año.

Me sentía ansiosa, nerviosa y asustaba al mismo tiempo, sabía que este era mi trabajo pero tenía esa espinita clavada que me decía que quizá no lo haría tan bien como yo me pensaba.

Intentando dejar atrás mis agobios internos, me metí en la cama, con la intención se dormir de un tirón sin despertar, mañana necesitaba estar al cien por ciento.

(…)

8:00 de la mañana, hora en la que sonó el timbre indicando el inicio de las clases y de mi clase.

Los nervios que sentía ayer en la noche no eran nada comparados con los que sentía ahora, mis manos sudaban a más no poder, sentía un pellizco en el estómago que amenazaba con desechar toda la comida que había ingerido aquella mañana y por último mi voz, salía temblorosa, como si me diera miedo mediar palabra, en parte así era.

El director del centro me recibió amablemente explicandome toda y cada una de las normas del centro y sus instalaciones.

Me advirtió acerca de mi clase, de como debía tratar a mi alumnos de 17 y 18 años con las hormonas alborotadas y grandes aires de rebeldía contra el sistema y la sociedad, los escusó alegando que estaban en la edad, pero que me iba a contar a mi que no supiera, no hace más de cinco años era yo la que estaba recibiendo las clases y ahora me encontraba inpartiendolas.
Esperando impaciente me decidí a entrar en mi clase, la cual estaba llena de los alumnos mencionados anteriormente. Había de toda clase, desde alumnas coquetas y maquilladas hasta desaliñadas y sin un ápice de pintura, como solía ser yo en aquella época, la chica con la cara lavada y chándal adherido a su piel.

Me senté en mi asiento esperando a que los chicos guardarán silencio. Al cabo de unos minutos el silencio se hizo presente dejándome vía libre para comenzar con el discurso que llevaba preparado desde el día que me ofrecieron este trabajo.

— Buenos días, mi nombre es Kang HyeSook y seré vuestra nueva profesora de filosofía. Como sabéis la filosofía no suele ser de interés en el alumnado, pero doy mi palabra de hacer el mayor esfuerzo por que os guste la filosofía y os intereseis por ella.– tras estas palabras recibí dos tipos de reacciones, los de las primeras filas me observaban con ojos expectantes mientras que los de las últimas filas soltaron una par de risitas.

Tragué algo nerviosa y proseguí.

— Como es el primer día no tengo pensado empezar hoy con las clases, sólo os introducire la asignatura y el temario que daremos durante el curso.– ahora en vez de risitas podían oírse quejas en el fondo, llamando mi atención.
Se trataba de un grupo de chicos, se veía que eran los típicos chulos de la clase.

— Bien, primero procederé pasando lista.– comenté dirigiéndome a mi mesa y sacando el listado de alumnos que tenía en mi bolso.

Era una clase bastante grande, cerca de 42 alumnos.

Comencé pasando lista, nombrando uno por uno para recibir una “aquí” o “presente” por su parte.
-Kim Taehyung.– pronuncié en voz alta, esperando contestación.
Nada.
Anoté la falta y seguí con el listado.

Pocos segundos después golpearon potentemente la puerta haciéndome sobresaltar.

Me levanté se mi asiento lentamente, hasta llegar a la puerta.

Cuando la abrí me encontré con un muchacho alto, delgado, pero con los hombros suficientemente anchos como para causar impresión. Sus facciones eran definidas y su rostro parecía esculpido a la perfección acompañado de una mirada que parecía conocer todos tus secretos con tan solo una ojeada. Su cabello era algo largo y ligeramente ondulado, portando un color grisáceo que logró captar mi atención.
–¿Kim Taehyung?– pregunté deduciendo que era él el alumno que faltaba.

El susodicho asintió algo sorprendido.

–¿Usted?– preguntó haciendo un ademán con la mano con la intención de que me presentara.

— Soy la señorita Kang, la profesora de filosofía.– lo invité a pasar haciéndome a un lado.

— Señorita Kang.– dijo con una sonrisa ladina mirándome de arriba abajo.– estoy seguro de que este año vamos a aprender unas cuantas lecciones usted y yo.– dijo de la nada esto último dejándome algo perpleja.
Kim pasó por delante mía, haciendo así que nuestra diferencia de altura quedará aún más marcada, además de dejar su aroma en el aire, un olor diferente, era algo que no podía describir bien, pues nunca había percibido esa clase de olor, sólo podía decir que no me desagradaba del todo.
El nuevo alumno tomo asiento en su sitio, una de las últimas filas.

Proseguí con la clase.

— La filosofía, como su nombre indica, es la ciencia que estudia el saber.– comenté emocionada y cortada a la vez, pues sentía una intensa mirada clavada en mi cuerpo, aquella mirada que parecía descifrar todos tus secretos con tan solo una ojeada, la mirada de Kim Taehyung.

 

 

                     Señorita Kang                                      Taehyung                                                  Hoseok

                                         

 

ESTARE SUBIENDO EL CAPITULO (II) MAÑANA..
SALUDOS Y GRACIAS POR LEERME.

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