Sociedad

Desvaríos Sobre Posmodernidad

Desvaríos Sobre Posmodernidad - Sociedad
De acuerdo a la Real Academia Española, la palabra “modernidad” evoca todo aquello que pertenece al tiempo de quien habla. El concepto se haya en contraposición a lo viejo y ya establecido. Ser moderno, por lo tanto, es estar al día con el entorno en el que nos manejamos; es decir, ser conscientes de los acontecimientos —hechos relevantes— a nuestro alrededor. La Modernidad, por su parte, hace referencia a una época en la cual ser moderno era la norma. “Edad Moderna”, como llaman los historiadores a ese período de la historia en el cual nuestros ancestros decidieron buscar en el pasado la inspiración y no dogmas, con la intención de crear nuevos esquemas, muchas veces diametralmente opuestos a los anteriores. Dicho esto, ¿qué es la Posmodernidad y cómo podemos plantearnos la idea de un pensamiento que va más allá de lo actual?
Una de las características fundamentales del ser humano, al menos cognitivamente, es la capacidad de analizar patrones en el entorno y establecer en torno a ellos teorías sobre las cuales basar su conducta. No obstante, cuando la información es incompleta, o creemos que lo es, nuestra mente tiende a rellenar los vacíos, y no siempre lo hace de forma racional. Alguien, por ejemplo, que ha escuchado historias de un monstruo en el bosque, pensará que hasta el mínimo susurro de las hojas es el aullido de una bestia feroz; puede que sepa que el viento produce movimiento en las hojas, las cuales inevitablemente rozan y crean sonidos, pero la sugestión y el miedo influyen en su percepción de los patrones del ambiente. Este análisis puede derivar en dos conductas relacionadas pero opuestas: Expectativa y Esperanza. La primera es una espera racional, probable y posible, basada en el estudio de las leyes de la naturaleza y el reconocimiento de los patrones; la segunda responde a la ignorancia y está permeada por lo improbable. Muchas veces raya en lo irreal. La Posmodernidad, en mi opinión, surge de este intrincado mecanismo de supervivencia, ya que nace como una respuesta ante los estímulos —económicos, sociales, tecnológicos y demás— planteados por el pensamiento moderno de los siglos pasados, empañados por el miedo a lo que pareciera ser un inminente fracaso de los mismos.
La diferencia entre Modernidad y Posmodernidad es la misma que la planteada por los conceptos de Esperanza y Expectativa: racionalidad contra idealismo, lo probable contra lo improbable, Hércules contra las infinitas cabezas de la hidra; y todo matizado en aires de desdén por las corrientes pasadas. Es necesario hacer esta comparación porque realmente es difícil considerar que la Posmodernidad sea una modernización de la Modernidad, sino más bien un castigo a la misma.
La principal crítica que hace esta nueva corriente de pensamiento es el concepto de Verdad como una construcción social en oposición a las verdades absolutas, rígidas y dicotómicas planteadas por los modernistas. La Verdad es un ente múltiple, subjetivo y subordinado al individuo. El lenguaje —y en especial la comunicación— juegan un papel fundamental en cómo se percibe el mundo. Mientras que el moderno trata de analizar con el fin de llegar a una conclusión, el posmoderno pretende crear nuevas verdades, que a su vez engendran nuevas en aquellos que las interpretan, de forma que la Verdad es ecléctica y, por lo tanto, maleable. “Posverdad”, o el triunfo de la opinión sobre los hechos, donde vale lo mismo el mito que la realidad.
La segunda, y quizás la más desalentadora, es la oposición a la idea de una sociedad utópica que tanto buscaba el Humanismo típico de la Edad Moderna. La primacía y diversidad de las opiniones, sumada al desencanto por las doctrinas modernistas y todo lo que profesaban, no hace más que alejar al hombre de un objetivo común y por consiguiente hace más difícil la construcción de una sociedad organizada, coherente y justa. Por ejemplo, el sistema judicial, cuya función es la de establecer un marco objetivo para juzgar las conductas subjetivas, se ve abrumado ante los incontables caprichos del hombre posmoderno, para quien la libertad individual vale más que las responsabilidades comunes. El individualismo casi narcisista, el rechazo a los líderes y la desconfianza de los grandes discursos no hace más que conducir a la fragmentación.
Sumado a todo esto se encuentran los increíbles avances tecnológicos del último siglo, los cuales sirven como espada de doble filo ante el embate posmodernista: por un lado, el acceso a la información, especialmente aquella de índole académica, ha aumentado considerablemente; por otro, los rumores y la desinformación han crecido en igual medida. Si bien pareciera que existe un equilibrio en la balanza, es necesario recordar que, ante la indecisión, una cantidad abrumadora de información hace casi imposible comprender algo, y que el mundo posmoderno está sumergido en la indecisión.
Por supuesto, existen aspectos rescatables en esta nueva época; algunas de ellas, irónicamente, mantienen cierta consonancia con el proyecto modernista. Las libertades sociales se han extendido gracias a la relajación de los dogmas, así como un aumento en la cantidad de opiniones y opciones a las que los sujetos se exponen en su cotidianidad. Podría decirse que existe una atmósfera de pluralidad en las sociedades actuales que fomenta el debate y, por lo tanto, la educación. No obstante, esta aura de calma es frágil, pues es imposible contener el diverso mar de las ideologías posmodernas, cuyo narcisismo a veces olvida que la solidaridad es una de las grandes virtudes del alma. Una sociedad dividida es indolente, y un hombre indolente es un humano en declive. La persecución del eclecticismo como medio conciliador ha llevado, a su vez, a un paulatino deterioro de la capacidad crítica de los pensadores de nuestro tiempo. Eso, o que sus voces ya no son capaces de levantarse sobre los incontables murmullos que envuelven al “posmundo”.
Posmodernidad es, entonces, una crítica al racionalismo, al absolutismo y a la formalidad de las corrientes intelectuales anteriores. Es la búsqueda de una realidad flexible que se adapte a lo que consideramos individualmente como verdad, sin tomar en cuenta los aspectos objetivos del mundo en el que habitamos. Para unos la Tierra es redonda, para otros es plana, y los hay quienes afirman que no existe Tierra alguna.
¿Nos encontramos ante una nueva iluminación o la fragmentación nos conducirá al oscurantismo? Así como la posmodernidad pretende —¿teóricamente, quizás?— ser una revisión de la modernidad, quizás ha llegado el momento de hacer una revisión firme del pensamiento posmoderno. De lo contrario, no está lejos el día en el que ni la política ni la ética podrán hacer frente a la anomia resultante, y basta con hacer retrospección histórica para observar que, si no son canalizados adecuadamente, los cambios nacidos de la anomia pueden destruir lenta y dolorosamente una sociedad. Nuestras armas son la inteligencia y la sabiduría, esas grandes luces únicas del hombre cuya flama los eruditos humanistas se afanaron por cultivar.
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J.D.Silva

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