Literatura

El día que te perdí

El día que te perdí - Literatura

Esa tarde decidí que quería pasar todo el tiempo contigo, a pesar de que no podías hablar, a través de tus ojos, sabía lo que sentías cada vez que recordábamos alguna anécdota.

Sonreías con la mirada cuando intentábamos ser graciosos y hacerte olvidar el dolor que tu enfermedad te provocaba, asentiste con tu cabeza cuando te propusimos rezar, y lo hiciste junto con nosotros, aunque no producías sonido alguno, me di cuenta al ver el movimiento de tu boca siguiendo las oraciones, también pude percibir la paz que te hizo descansar por un rato.

Cada que levantabas tus manos me confundías, no sabía si querías decirme algo, o abrazarme u opinar de lo que estábamos conversando.

De lo que no me queda duda, era del sentimiento que te provocábamos cada vez que te decíamos que te queríamos mucho, lo supe al ver que tus ojos se llenaban de lágrimas con cada una de las personas que te lo expresamos.

Sin duda alguna hablaste mucho, a través de tu mirada.

Tuve que salir un momento, para dar oportunidad a los demás que querían pasar tiempo contigo, sin embargo, me siento tan feliz de haber regresado a despedirme de ti, sin saber, que sería la última vez que te vería con vida, la última vez, que podría verte directo a los ojos, besar tu frente y tus manos y decirte lo mucho que te quiero.

No sabía…

Me fui esa noche con la ilusión de verte de nuevo al día siguiente, de rato me fui a dormir.

Al despertarme súbitamente mi hermana, inconscientemente ya sabía el motivo, pero escucharlo, fue lo más doloroso que pude sentir.

“Acaba de fallecer”

Lo primero que hice fue cubrir mi cara con mis manos y llorar por unos segundos, puesto que debía vestirme para ir a verte, no sabía lo que seguía, sólo sabía que debía ser muy rápida y estar allá lo más pronto posible.

Al llegar, ya estaban mas integrantes de la familia, unos afuera y otros dentro del cuarto contigo.

Al enterarme, no dudé en pasar, pero al acercarme a tu lugar, tuve miedo, miedo de verte sin vida, confundida por que la última vez que salí de ahí, tu estabas despierto.

A pesar de eso, entré, me acerqué a ti y besé tu frente, parecía que dormías plácidamente, por fin descansaste del dolor que tenías y del cual nunca te quejaste.

Un hueco en mi interior parecía apoderarse de mí y nada podía llenarlo, después de eso, sólo recuerdo a mi familia llorando inconsolable, abrazándonos fuertemente sin poder contener el dolor que provocaba tu partida.

El mayor de mis miedos se hizo realidad, y esa realidad superó el dolor que creía que sentiría.

Sólo espero encontrarme contigo en algún momento y poder verte directo a los ojos y abrazarte fuertemente.

Te quiero y extraño Wichito.

El día que perdí a mi abuelito.

Con amor para Papá Luis.

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Acerca del autor

Linda Cecilia Salinas Martinez

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