Sociedad

Diario De Una Migrante Venezolana: La Hora Del Team.

Diario De Una Migrante Venezolana: La Hora Del Team. - Sociedad

 

Tengo un grupo de amigas que han sido parte, en diferentes momentos, de la decisión que tomé de salir del país. Yadri, a quien ya nombré, me ayudó a escoger la que sería mi nueva carrera, el español como segunda lengua, pero también tengo un trío que conmigo formábamos un grandioso cuarteto y ha sido de las amistades más entrañables que he tenido, la amistad más antigua de mi paso por el Humboldt.  Ellas fueron cómplices de todas mis decisiones desde el 2014 y se alegraron, rieron, lloraron y preocuparon conmigo, todo al mismo tiempo.

A María Elena la conocí el primer día que llegué al Colegio Humboldt en el 2000, ella estaba delante de mí en la línea de la cantina de Pastora, se presentó con esa enorme sonrisa que tiene y se ofreció a presentarme a los demás, Annedis y Anita fueron parte de “los demás”.  Yo llegué al Humbodlt a enseñar religión, a la escuela no se le hizo atractivo para ese momento mi título en historia sino el de teología, fue esta asignatura la que me abrió las puertas del colegio y la que me hizo acercarme a las que serían mis buenas amigas allí. Inicié mis actividades en primaria y una de mis horas de clase en el salón de la maestra de primer grado, Sandra Mastella, coincidía con la hora administrativa de Anita, a quien sorprendía riéndose, junto con el profe de deporte Mattey, de mis canciones y bailes. En esa aula estaba su hija Anaís y allí llevé yo al año siguiente a Rossanna, ambas niñas tenían la misma edad y estudiaron en la misma clase hasta el tercer grado y yo fuí por varios años su maestra de religión. Annedis, como las cosas buenas, llegó por añadidura porque era amiga de las otras dos, pero sus expresiones “caripeñas” dieron el toque humorístico y franco a las conversaciones y a partir de allí se afianzó nuestra amistad y nuestro grupo se consolidó con las cuatro para todo. Hoy en día Anita está en España y María Elena y Annedis están en Caracas, pero siempre hemos encontrado la manera de estar pendiente la una de las otras.

Pasamos casi quince años trabajando juntas, porque además formamos parte del mismo departamento, aunque María Elena estaba dedicada en enseñar matemáticas un día pasó también a formar parte del departamento de Religión, el cual yo coordinaba junto al de Sociales al que Annedis y Anita pertenecían, de esa manera quedamos aún más conectadas.

Anita y Annedis abajo. María Elena al lado mío de pie. 

Cada inicio del año escolar nos reuníamos en alguna panadería para desayunar juntas el primer día que se iniciaban las actividades docentes y luego, buscábamos nuestros horarios con la esperanza de encontrar una hora administrativa donde coincidiéramos todas, hora a la que llamábamos “la del team”  porque bajábamos, primero a la cantina de Pastora, y más tarde cuando modernizaron esa área, a la “cantina nueva” a beber café y a conversar de todo. Hasta el día de hoy cuando hablo con Anita por WhatsApp siempre comentamos la falta que nos hace la “hora del team”.

Ellas siempre confiaron en mí y me apoyaron en todo. Las involucré en un montón de actividades que nos trajeron mucho trabajo y quebraderos de cabeza, pero cada vez que se me ocurrió alguna idea, después de explicárselas, ellas siempre estuvieron allí y dijeron que sí. Sin ellas ningún proyecto habría salido adelante porque son unas increíbles e incansables trabajadoras, dedicadas con energía a todo lo que tuviéramos que hacer, y años más tarde, cuando Carlitos y Luis entraron a nuestro departamento de Sociales, no les quedó más que seguir la misma línea porque estas mujeres eran energía pura.

En una de esas “hora del team” les hablé de mi propuesta de trabajo en Africa. María Elena se preocupó mucho por la situación política y sanitaria del lugar; Annedis estaba muy contenta y no hacía más que decirme que yo me lo merecía, que le echara ganas. Anita estaba asustada, de casi todo, y me decía que revisara bien y que lo que fuera que decidiera me apoyaría porque algún día nos veríamos otra vez cuando ella montara su chiringuito.

Ellas guardaron, hasta el día de hoy, el nombre del país al cual me dirigía, nombre que yo no revelé a nadie más, salvo Yadri, porque no quería, por un lado malas vibras de gente diciéndome que no era un buen lugar, por el otro gente que me estimaba pero que me  asustaría más de lo que ya lo estaba, o peores vibras de otros que pudieran desear que todo me fuera mal, es que “de que vuelan, vuelan..”

He hecho nuevas amistades en los lugares que he estado. He tenido diferentes compañeros de trabajo los ultimos años, buenos colegas, algunos excelentes, super trabajadores, y otros regulares y hasta mediocres, pero en ninguna parte he encontrado un grupo como el nuestro: mujeres trabajadoras, luchadoras, cada una con su distinta cruz a cuesta, motivadas, recias, sensibles, compasivas y fieles. Mujeres que de distintas maneras han estado ahí y que siempre han creído en mí. Amigas que nunca se reunieron conmigo para ir de fiesta o a tomar una copa en la noche, pero que siempre estuvieron en multitud de almuerzos, cafés, reuniones, actividades, hospitales, funerarias, ayudando, poniendo el hombro y haciendo el bien sin mirar a quien. Amigas que jamás con sus actos o palabras destruyeron sino que siempre construyeron.

Chicas, ¡ No saben cuánto yo también extraño la “hora del team”!

 

 

 

 

Cada inicio del año escolar nos reuníamos en alguna panadería para desayunar juntas el primer día que se iniciaban las actividades docentes y luego, buscábamos nuestros horarios con la esperanza de encontrar una hora administrativa donde coincidiéramos todas, hora a la que llamábamos “la del team”  porque bajábamos, primero a la cantina de Pastora, y más tarde cuando modernizaron esa área, a la “cantina nueva” a beber café y a conversar de todo. Hasta el día de hoy cuando hablo con Anita por WhatsApp siempre comentamos la falta que nos hace la “hora del team”.

Ellas siempre confiaron en mí y me apoyaron en todo. Las involucré en un montón de actividades que nos trajeron mucho trabajo y quebraderos de cabeza, pero cada vez que se me ocurrió alguna idea, después de explicárselas, ellas siempre estuvieron allí y dijeron que sí. Sin ellas ningún proyecto habría salido adelante porque son unas increíbles e incansables trabajadoras, dedicadas con energía a todo lo que tuviéramos que hacer, y años más tarde, cuando Carlitos y Luis entraron a nuestro departamento de Sociales, no les quedó más que seguir la misma línea porque estas mujeres eran energía pura.

En una de esas “hora del team” les hablé de mi propuesta de trabajo en Africa. María Elena se preocupó mucho por la situación política y sanitaria del lugar; Annedis estaba muy contenta y no hacía más que decirme que yo me lo merecía, que le echara ganas. Anita estaba asustada, de casi todo, y me decía que revisara bien y que lo que fuera que decidiera me apoyaría porque algún día nos veríamos otra vez cuando ella montara su chiringuito.

Ellas guardaron, hasta el día de hoy, el nombre del país al cual me dirigía, nombre que yo no revelé a nadie más, salvo Yadri, porque no quería, por un lado malas vibras de gente diciéndome que no era un buen lugar, por el otro gente que me estimaba pero que me  asustaría más de lo que ya lo estaba, o peores vibras de otros que pudieran desear que todo me fuera mal, es que “de que vuelan, vuelan..”

He hecho nuevas amistades en los lugares que he estado. He tenido diferentes compañeros de trabajo los ultimos años, buenos colegas, algunos excelentes, super trabajadores, y otros regulares y hasta mediocres, pero en ninguna parte he encontrado un grupo como el nuestro: mujeres trabajadoras, luchadoras, cada una con su distinta cruz a cuesta, motivadas, recias, sensibles, compasivas y fieles. Mujeres que de distintas maneras han estado ahí y que siempre han creído en mí. Amigas que nunca se reunieron conmigo para ir de fiesta o a tomar una copa en la noche, pero que siempre estuvieron en multitud de almuerzos, cafés, reuniones, actividades, hospitales, funerarias, ayudando, poniendo el hombro y haciendo el bien sin mirar a quien. Amigas que jamás con sus actos o palabras destruyeron sino que siempre construyeron.

Chicas, ¡ No saben cuánto yo también extraño la “hora del team”!

 

 

 

 

 

 

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

5.00 - 8 votos
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

Rosa León Fandiño

Deja un comentario

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información