Sociedad

Diario De Una Migrante Venezolana. La Reunion Familiar Y La Decisión.

Diario De Una Migrante Venezolana. La Reunion Familiar Y La Decisión. - Sociedad

 

A finales de mayo de 2014 en mi casa tuvimos una reunión familiar para discutir la oferta del college británico en Africa. Nos sentamos mis dos hijas, mi papá y yo a hablar. Fue una muy emotiva reunión. Cantidad de sentimientos afloraron y distintas opiniones se expusieron.  A papá le pareció una buena oportunidad y se sentía muy orgulloso de la oferta que yo había recibido, sin embargo le preocupaba muchísimo la inestabilidad política de esa región. Me preguntaba si consideraba que la situación política allá sería major que la de nuestro país, porque ¿Cuál era la idea de arriesgarse a pasar lo mismo afuera? De ser así mejor quedarse en Venezuela. Andrea estaba super emocionada y contenta. Le daba mucha tristeza que me fuera, pero le pareció todo un logro ese contrato y toda una aventura irse a enseñar español a un lugar tan remoto y exótico. Ross estaba entre enojada y muy triste, se levantaba de su silla y caminaba enojada porque yo me fuera tan lejos y los dejara, luego se sentaba y lloraba porque no quería que me fuera, pero le parecía una buena oportunidad y su mayor sentimiento era la confusión de los mismos. Yo, por mi parte, estaba emocionada con la nueva oportunidad, exitada con conocer paises africanos, alentada de poder ganar un buen sueldo y aterrorizada con toda la responsabilidad de ese nuevo cargo, nuevecito de paquete todo el sistema GSCE para mi. Me  preocupada que no pudiera dar la talla y luego me alentaba a mí misma porque yo nunca le habia tenido miedo a los retos y estaba dispuesta a aprender y dar lo major de mí para lograrlo. Pero me tenía muy acongojada que por primera vez iba a dejar a los tres seres más valiosos de toda mi existencia, no importa que ya estuvieran “grandesitos todos”. Como ven fue una reunión bastante emotiva.

Nosotros siempre hemos estado juntos, somos las tres mosqueteras y Dartañán. Cuando mis hijas tenían dos añitos nos mudamos a Anaco, estado Anzoategui, para trabajar en la escuela de la empresa petrolera, PDVSA y sus filiales para aquella época. Mi papá, se quedó  en Caracas, pero los primeros seis meses de nuestra mudanza yo tomaba mis nenas y cogía un autobús para la capital cada dos fines de semanas a ver a papá. Luego se hizo tan pesado ese viaje quincenal, especialmente porque Andrea se mariaba mucho, que comencé a viajar una vez al mes. Cuando tuve que dejar de viajar mensualmente entonces papá viajaba cada dos meses y se quedaba con nosotras por quince días. Las vacaciones las compartíamos entre Caracas, Anaco y Margarita. Así siempre hemos estado, juntos.

Después de discutir los pro y los contra de la oferta de trabajo y de exponer todos nuestros sentimientos pasamos a votar. Aceptaría el empleo, la decisión había sido tomada.  ahora a echarle ganas a este nuevo reto. Pero antes, había un montón de cosas que hacer previas al viaje, que con la oficina de recursos humanos del college quedó pautado para el lunes 4 de Agosto.  Quedaba poco tiempo y muchas cosas por hacer. Entre esas múltiples cosas, como sacar la visa, traducir al inglés todos mis documentos, apostillar los títulos, practicarme exámenes médicos, meter todo lo que necesitara en dos maletas; también estaba renunciar a mi trabajo en el Humboldt. Había llegado la hora de decirle adiós a catorce años de mi carrera profesional en ese colegio. Renunciar a la asignatura para la cual me había preparado muchísimo durante los últimos años: la historia.  Asignatura que amaba con todo el corazón y que me habia llenado de enormes satisfaciones enseñarla. Varias promociones habían pasado por mis manos, me sentía muy orgullosa de sus logros en el área de historia cuando salían a las distintas universidades en distintos países a probarlo y escucharlos hablar con orgullo de su colegio y de lo aprendido en mi cátedra me daba mucha alegría. Por otro lado me daba tristeza decirle adiós a mis amigos, a mis colegas de más de una década con los que no solo había trabajado sino compartido numerosos momentos, buenos, mejores, de lucha, de logros y de tristeza. Era toda una etapa, casi quince años, de la que me estaba despidiendo, pero había llegado la hora y la puerta que había estado buscando para superarme y superarnos en casa se había abierto y no iba a dejar de pasar por ella.

Mis nenas.

Siempre juntas.

 

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Acerca del autor

Rosa León Fandiño

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