Literatura

Días en el campo



Días en el campo - Literatura

Primer día, primera misión, era tan solo un novato, no conocía el combate ni las formaciones que debíamos seguir, había escuchado, no por mucho tiempo, las terribles cosas que ocurrían durante nuestros encuentros bélicos, espantoso era pensar en ello, pero en el momento no quería recordar que ese era  tal vez mi último día de vida, un irónico primer día, tampoco podía quejarme, en tiempos de guerra como aquellos, con enemigos dispuestos al exterminio de mi comunidad, siempre faltaban soldados, y yo, había llegado al mundo para el servicio, el conflicto vivía dentro de mí y vivía yo por él, pelearía en esa y todas las guerras que fuera posible, por mi honor, mi colonia y mi reina.  

Estaba ya en formación, en espera de mi general aún sin tener idea de nada así que solo seguía mi instinto, algunos de los presentes habían peleado y logrado huir en la batalla del día anterior, en nuestra situación huir era lo mejor que podíamos hacer, cuando nos sabíamos perdidos huir nos daba la oportunidad de vivir un día más, un día más para proteger a la reina.  

Al lado de la formación circulaban los obreros, los que aún podían andar, iban a su trabajo, sus rostros tristes y cansados no eran otra cosa que el reflejo de lo que estaban viviendo, el miedo a ser atacados como tantos otros días, el miedo a ser sepultados vivos como había ocurrido con muchos de sus compañeros, porque justo donde ellos trabajaban era el lugar de combate, sin importar a donde fueran siempre los esperaba ahí una batalla. 

¡Soldados! 

Una voz fuerte y grabe me saco de mis pensamientos, era el general, debo decir que no tuve palabras al verlo, había perdido dos de sus extremidades y tenía una más rota, el tórax y cabeza tenían heridas profundas como si hubiera sido aplastado más de una vez; aun así se veía fuerte e imponente con su complexión robusta. 

Hoy los obreros intentarán conseguir alimentos para la colonia, nuestra misión es protegerlos aún a costa de nuestra vida ¿está claro?  

Resonó un profundo «Sí señor» y el general continuó con sus indicaciones.  

Su deber es pelear no morir, pero de ser necesario lo harán para evitar que lo hagan ellos; brindar apoyo y seguridad es lo primordial, no les aseguro que haya una batalla pero deben estar preparados para ella, ataquen al enemigo antes de cualquier baja, de los obreros o nuestra, hagan lo mejor que puedan, esos que parecen dioses no tienen piedad, no se rindan, aunque sientan miedo no sé rindan, por ellos, por el futuro de nuestra colonia, por ustedes y por nuestra reina. 

Luego de lo que muchos comentaron fue un inusual discurso salimos de nuestra trinchera, nuestro hogar, la fila de obreros iba ya muy adelantada, así que veteranos y novatos avanzamos velozmente en una formación totalmente aleatoria y esforzándonos por alcanzar la punta de aquella línea roja que se perdía más allá de la visita. Pronto cubrimos la longitud de la fila en una formación camuflada, un zigzag que casi nos hacía parecer uno con los obreros. El sol apenas iluminaba la tierra y el rocío aún se sentía en la hierba entre la que avanzaremos, sentí mucho miedo al penetrante en esa terrible maleza, nos superaba en tres o cuatro veces nuestra altura, todo era húmedo y oscuro, ni siquiera el camino que generaciones habían construido al andar por ahí era seguro en esos momentos, con un poco de esfuerzo había logrado contener mis sentimientos para seguir avanzando como un fuerte elemento del escuadrón de soldados. Iba casi al frente de la fila y casi llegábamos a nuestro destino. 

En cuanto se hizo visible la copa de aquel enorme árbol todo se tornó más complicado, había rocas gigantes que debíamos sortear, podíamos pasar por en medio de algunas, siempre con el peligro de quedar atrapados ahí si algo caía o se deslizaba de pronto, pero en otras era imposible, lo único que podíamos hacer era escalar por uno de sus lados para luego bajar por otro, claro que esto no siempre resultaba como esperábamos pero siempre buscábamos la manera de no perder la orientación ni alejarnos demasiado del camino, aunque eso no era garantía de regresar a casa. Aquellas escarpadas rocas eran el último obstáculo, pero las debíamos cruzar con precaución pues según los pocos sobrevivientes de los ataques, era en ese lugar donde habían visto a muchos de sus compañeros morir, y es que nuestro enemigo era tan cruel que disfrutaba vernos triturados contra las rocas, sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, pero ya habíamos llegado y esos pensamientos se alejaron.  

Los obreros comenzaron a recolectar la comida, en ese árbol había suficiente para incrementar las reservas de un par de meses a un año o más, pero el trabajo no era sencillo, los obreros tenían que volver lo más rápido posible con la comida a cuestas, los soldados se colocaron al lado para vigilar que sus retornos estuvieran libres de sorpresas; decidí que me quedaría sobre las rocas así vería más terreno y podría anticipar algunos peligros, comuniqué mi idea a mis compañeros y tres más me acompañaron, así que entre diez y dieciséis se quedaron en el punto de recolección, mientras nosotros cuatro subíamos la roca vigilando cada uno hacia un punto cardinal y el resto del millar custodiaba a los obreros que repetían interminables veces el camino. 

Vigilaba hacia el norte, tenía una visita excelente del camino, todo se veía en calma y de un momento a otro alguien comenzó a gritar, se hundía rápidamente, bajo lo más rápido que pude y corrí hacia él, otro soldado del camino llego a la par y juntos lo sacamos del agua que había aparecido misteriosamentese extendía rápido, construimos una pequeña barrera con algunos materiales que encontramos por ahí, eso iba a evitar que el sendero quedara inundado, me ofrecí para investigar el origen del agua misteriosa mientras el resto de los soldados con los que había construido la débil estructura trataban de tranquilizar a un viejo obrero que gritaba enloquecido saber lo que ocurría y que todos íbamos a morir.  

Me abrí paso entre la hierba, que cada vez era más espesa y sólida, siguiendo el riachuelo, avancé lo más rápido que pude, había recorrido una corta distancia pero estaba exhausto y quise sentarme un momento, pero justo cuando esa idea se apoderaba de mi pude ver el origen del agua que inundaba nuestro sendero, era una cascada de casi diez veces mi altura que parecía emanar de una cueva con una perfecta forma redonda sostenida en su posición por algunas hiervas. Intenté llegar a su costado para investigar un poco más, pero en tanto me acercaba parecía moverse hacia atrás por algún extraño motivo, comencé a correr en mi desesperación justo en el mismo momento en que la cueva se elevaba y parecía formar un tobogán, apareció un arcoíris de las gotas que escapaban en el choque del agua y la tierra, me maravillé con la belleza de aquel espectáculo, el agua caía con suavidad y junto con el tobogán describía una parábola, estaba fuera de mí, perplejo con lo que veía olvidé preguntarme lo que pasaba; de pronto el agua comenzó a oscilar, salía con más presión, más dispersa, y entonces lo supe, aquello era obra del enemigo. Frustrado y molesto por lo que había hecho corrí para advertir a mis compañeros y a los obreros, pero al llegar al borde del camino vi como uno a uno fue derrotado y yo mismo fui sepultado en lodo, nadie sobrevivió, la colonia perdió de nuevo, la compañía solo logró acertar un par de mordidas, fue todo, el daño que hicimos, no sé compara con lo que él nos hace día a día, nosotros nos defendemos mientas él se divierte. En mi agonía, a punto de la muerte me di cuenta que no tenemos oportunidad contra él, cada individuo de su clase tiene una forma distinta de tortura, nosotros nacimos para defender a nuestro pueblo no para pelear, y recordé lo que mi madre, la reina dijo una vez, antes de que ellos vinieran la vida era mucho más feliz

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Hima

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