Literatura

Dios Es Quien Le Enseña Al Hombre, Pero ¿cómo Recibe Esta Enseñanza?

Dios Es Quien Le Enseña Al Hombre, Pero ¿cómo Recibe Esta Enseñanza? - Literatura

“El modo en que el cristiano recibe enseñanza divina”

No hay discusión tan más ridícula (en mi zona) que la que tiene que ver con el modo (y con los medios) en que se recibe la enseñanza del Espíritu Santo por el creyente. Es muy vergonzoso observar el error en que ha caído la iglesia de este tiempo, ya que han permitido que el extremismo religioso les lleva a tomar una de estas dos posturas: Unos (mayormente los carismáticos) afirman que, aunque tengo que leer la Biblia (pues es la Palabra de Dios), lo más transcendental (y en algunos casos, determinante) es recibir la dirección del Espíritu por medio de alguna experiencia (mística); otros, (mayormente los conservadores) le dan mucho más énfasis al estudio sistemático (sea devocional o crítico) de las Santas Escrituras resaltando que es la “regla (norma) de fe y conducta”, al punto de negar (hasta) la función magisterial del Espíritu Santo.

Personalmente, no estoy de acuerdo con ninguno de estos extremos pues los veo (a ambos) muy peligrosos. Más bien, estoy en total acuerdo con Charles. Ryrie que escribe en el cap. 1 de “Equilibrio en la Vida Cristiana” lo siguiente: “No hay nada más devastador para la práctica de la vida espiritual que un desequilibrio”, y continúa: “Una aplicación desequilibrada de las doctrinas relacionadas con la espiritualidad bíblica dará como resultado una vida cristiana desequilibrada”.  Con razón tanta gente (que asiste a la iglesia como “cristianos”) vive una vida que no reflejan para nada un crecimiento “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (II P. 3:18), siendo este resultado, la consecuencia de ignorar la importancia y vitalidad de cada uno de estos puntos.

Ahora, para probar que es más bien un equilibrio el que deberíamos tener en cuanto a la recepción de la enseñanza divina (sea por el estudio de la Escritura o por la acción del Espíritu en forma directa), y no posicionarnos en ninguno de estos extremos, quiero hacer referencia a Mateo 22:29, como un pasaje bíblico que enfatiza este equilibrio; y para iniciar, citaré la traducción que hace la RVR´60 que literalmente dice: “Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios”.

En este pasaje (como yo lo veo) Jesús está haciendo referencia a dos fuentes, modos o medios en que Dios enseña al hombre, y según él, cuando ignoramos (dejamos de lado, no entendemos o nos alejamos) de alguna de ellas, podemos errar (desviarnos del camino correcto y ser engañados). Estas fuentes se describen como “Escrituras” y “poder de Dios”. Al tomar ver el contexto nos damos cuenta que los fariseos le plantean una cuestión (que, aunque era para tentarle) sobre la vida futura, a lo que Jesús les responde que el motivo de su error radicaba en el hecho de que ignoraban estas dos fuentes de conocimiento. Para no desviarnos, apliquemos ahora esta verdad a nuestro tema como sigue:

En cuanto al estudio de las Escrituras, solo diré que a lo largo de toda la Biblia hay diversos pasajes con mandamientos explícitos (de parte de Dios) que nos demandan estar en contacto con ella, además de que muchos otros textos resaltan las consecuencias (sean buenas o malas) de estudiarlas o rehusarse a hacerlo. Respecto a la ayuda del Espíritu Santo en la adquisición del conocimiento de Dios (y de la vida), no hay que olvidar que la misma Biblia nos enseña que él fue enviado para guiarnos a encontrar la verdad; esta función bien puede ser manifestada indirectamente (revelándonos la Escritura) o directamente (como hablando al hombre en su conciencia y/o corazón). Algo muy importante es que la forma en que el Espíritu Santo nos ayuda en la adquisición del conocimiento de Dios, puede darse también en dos formas, que como dice Ryrie, “puede ser directamente, cuando uno medita silenciosamente en un pasaje, pero también puede ser por canales intermedios”, y cuando se refiere a canales intermedios, indica que pueden ser libros, hombres dados a la iglesia, concordancias y diccionarios bíblicos; y concluye: “A fin de cuentas, el Espíritu es quien nos enseña, ya emplee la vía intermedia o no. Naturalmente tiene que hacerlo si hemos de comprender la verdad”.

Quiero concluir así: “En cuanto a adquirir el conocimiento de Dios, es necesario un equilibrio (entre el estudio de la Escritura y la función magisterial del Espíritu. Quien indica lo contrario se equivoca, está engañado y engaña a otros arrastrándolos a su mismo camino de error, de donde tal vez no puedan volverse nunca”.

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Acerca del autor

Ps. M. Hermenegildo González Silva

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