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¿dios Ha Muerto?

¿dios Ha Muerto? - Literatura

¿Dios ha muerto?

En la actualidad, en gran parte del hemisferio occidental de nuestro planeta, la iglesia se ha ido separando del Estado paulatinamente. En este proceso de secularización, se ha liberalizado a la sociedad en tiempos cada vez más acelerados, nos libramos de las religiones institucionalizadas asumiéndonos artistas de nuestra propia vida como seres humanos, libres y pensantes por nosotros mismos, sin aceptar dogmas o verdades vendidas como absolutas. Con el paso del tiempo, todo lo que la iglesia rechazaba como el divorcio, la homosexualidad y las distintas presentaciones de la ideología de género (bisexualidad, transexualidad, etc), han tomado fuerza como movimientos exigiendo su propia voz y la aceptación de los tales. Como fruto de ello, por ejemplo, el 17 de mayo de 1990 la Organización Mundial de la Salud quita la homosexualidad del catálogo de enfermedades mentales. Pero tomaría recién hasta el 18 de junio del 2018 para que se quitara la transexualidad de dicho catálogo.

Con los avances de la ciencia hemos descubierto de dónde venimos, y podemos plantearnos hacia dónde queremos ir en ésta vida, aunque aún sigue robando el sueño de muchos la pregunta por la vida después de la muerte. Ahora bien, pensemos en la famosa pregunta… Según la RAE, la muerte es la cesación o término de la vida. Por lo tanto preguntarse si hay vida después de la muerte es en tanto vano como carente de sentido. Sería como preguntar si hay un punto más al norte del Polo Norte. Ahora, podríamos cambiar la pregunta por el término <<algo>>. ¿Hay algo después de la muerte? Esta pregunta puede tener más sentido, aunque bien sabemos que es imposible que un muerto se levante de su tumba para contarnos su experiencia en algún más allá. Y, si bien podemos enviar transbordadores y satélites al espacio, no podemos mandar satélites a la muerte para descubrir si hay vida allí, sepase disculpar la ironía. Por tanto es una pregunta que dejamos para los Filósofos y Pensadores, sabiendo que es una pregunta que nunca tendrá una respuesta definitiva.

El Escritor y premio Nobel de Literatura argelino Albert Camus, nos diría que no vale la pena perder el sueño pensando en el sentido de la vida y en el más allá. Su Filosofía del absurdo aclara bastante su posición frente a lo fútil y ridículo que es buscar sentido a la vida, cuando ésta no tiene ningún impacto frente al Universo. Pensando que el Universo conocido posee aproximadamente 13700 millones de años, y la humanidad solo 300 mil, puede resultar lógico este razonamiento. Camus compara la vida del ser humano con el antiguo mito de Sísifo, quien, según la mitología griega, por engañar a la muerte haciendo que su esposa no haga el ritual de enterramiento del cuerpo y vuelva a la vida para morir de viejo, Zeus no lo condena al Hades, sino a cargar una gran roca hasta la cima de una montaña por toda la eternidad. Lo cruel del castigo es que cuando la roca llegue a la cima, ésta se caerá por el otro lado de la montaña y Sísifo deberá volver a cargarla hacia la cima. La metáfora explica la vida humana como el mero hecho de despertarse, ir a trabajar, comer, dormir, y volver a despertarse, para ir a trabajar, volver a comer y volver a dormir para despertarse de nuevo y seguir cumpliendo el ciclo. Lo que aconseja Camus es no vivir pendiente de ese utópico sentido de la vida y de la felicidad, sino aceptar que solo tenemos una vida y debemos aprovechar al máximo nuestro paso por este planeta.

También resulta imposible pensar un más allá en términos del más acá. El más acá lo llamaremos <<realidad>>. Es imposible pensar desde nuestra realidad un más allá, ya que lo pensaríamos en términos puramente terrenales. Como Nietzsche escribió, <<los seres humanos hemos creado a Dios a nuestra imagen y semejanza.>> Nos resulta imposible concebir el más allá, ya que en cualquier intento que hagamos de imaginarlo, lo haremos dentro de los límites y parámetros de nuestra <<realidad>>. Por ejemplo, en la concepción cristiana del Cielo, su más allá, hay ríos y calles, su dios sentado en un trono, y canciones. Nada que se salga de nuestra realidad, salvando el mito fantástico de los ángeles, que no son más que creación literaria humana. Vuelvo a acudir a la frase de Nietzsche ya que resulta también imposible pensar en dioses más allá de nuestro entendimiento. En la tradición judeocristiana se entiende a Dios como antropomorfo, con sentimientos y emociones, carácter y temperamentos, un tanto caprichoso e inestable si se me permite. Se habla de un dios omnipresente, omnisciente y omnipotente, esto se podría alegar a favor de su deidad, pero resulta ridículo pensar que pueda crear triángulos de cuatro lados, absurdo imaginar que si todo lo sabe, sin embargo crearía una humanidad que rehuiría de él, y un tanto macabro creer que si puede estar en todos lados, permita la muerte por inanición de niños en Oriente Medio, es decir ¿Qué clase de dios sería ese? Si bien no es un intento de negar la existencia de Dios, es más bien un modo de explicar que si existiera un dios, sería imposible pensarlo fuera de nuestras concepciones de la realidad. Como pudimos demostrar, el dios judeocristiano posee características plenamente humanas, al igual que todos nuestros dioses contemporáneos. De hecho, la idea de que Dios era luz proviene de una interpretación para sentirse a salvo en la noche, ya que en la antigùedad se creía que por la noche salían demonios y monstruos a vagar por las calles, y esto, por supuesto, generaba pánico colectivo. Así, Dios también servía para protegerse de lo desconocido, ese miedo que nos acecha, como el de la muerte que nos sigue como un lobo esperando a que nos detengamos un momento a descansar para clavarnos sus garras y despedazarnos con sus colmillos; lo que nos hace buscar un más allá para sentirnos a salvo.

La muerte de Dios, de la que Nietzsche habla en el aforismo 125 de la Gaya Ciencia, no refiere a una muerte literal sino a lo desactualizado de la metáfora de Dios. Que ya no hace falta un dios que nos diga qué hacer y que sea “luz” de nuestro camino, hoy en día triunfa la razón para decidir los caminos que vamos a tomar en nuestras vidas. Ya no necesitamos un dios que nos explique el Universo, se entiende que la biblia no se puede tomar como un libro de ciencias, claramente. Hoy podemos comprender nuestro Universo desde el big bang, desde lo más grande de la Astrofísica hasta la célula más pequeña de la Microbiología. Los milagros que en la biblia son descriptos, hoy se pueden entender y ejecutar con la ciencia, al menos la mayoría, el 90%, pero siempre queda ese 10% entregado a la Filosofía y a la Metafísica. Quizá en los tiempos modernos que vivimos, necesitamos una metáfora de Dios más actual, que nos ayude a crear un mundo mejor y más igualitario. No nos sirve un dios que permanezca mudo ante las guerras, las muertes por hambre o por pestes naturales, el cambio climático. O quizá no necesitemos una nueva metáfora de Dios sino entendernos como humanos y dejar de lado las pequeñeces que nos separan para unirnos como raza contra las injusticias. Aún hay personas que no creen en Dios pero creen en la humanidad como creadores de un mejor futuro.

Sin embargo, los seres humanos a lo largo de la historia han creado ficciones para sobrevivir y crecer en comunidades. Como explica el Historiador israelita Yuval Noah Harari en su libro <<De animales a dioses>>, las religiones han sido la ficción creada como herramienta, la más “esplendida” de todas las herramientas posiblemente, para hacer que el homo sapiens trabaje en grupo por un fin colectivo. Por ejemplo, una persona no puede adentrarse en la selva para ordenarle a un grupo de chimpancés que hagan tal o cual cosa, prometiéndoles que luego de su muerte irán a un Cielo lleno de bananas. Pero si puedes tomar a un humano, mandarle que cumpla los diez mandamientos durante su vida prometiéndole que llegará al Cielo después de morir y será aceptado por Dios. El homo sapiens evolucionó gracias a su capacidad de crear y creer ficciones para trabajar en colectivos con un fin común.

A partir de la Ilustración hasta hoy en día, las religiones tradicionales e institucionales han ido perdiendo su influencia en el Estado así como adeptos. Así como se dejó de reprimir la investigación científica por parte de la iglesia, las respuestas a las preguntas como ¿de dónde venimos? han ido llegando paulatinamente. Cuando Galileo Galilei respaldó a Nikolai Copérnico en su teoría del heliocentrismo, la iglesia católica lo encarceló y lo obligó a retractarse, de lo contrario sería quemado en la hoguera acusado de hereje. Cabe aclarar que hasta ese momento, 1632, se creía que todos los mecanismos del Universo conocido, orbitaban alrededor del planeta Tierra, teoría geocéntrica formulada por Claudio Ptolomeo en su Almagesto. Galileo, forzado, se retractó en público, pero sabía que la teoría heliocéntrica, que implica que el Universo conocido orbita alrededor del Sol, era comprobable e irrefutable. Ahora bien, en su libro sagrado en ninguna parte afirma que la Tierra sea el centro de los mecanismos universales. Entonces ¿Qué ganaba la iglesia con que Galileo se retractara de sus dichos o lo matarían? O creo que la pregunta más bien va hacia el lado de… ¿Qué perdía la iglesia si se comprobaba que los cuerpos celestes orbitan el Sol y no la Tierra? Pensemos, tiene cierta lógica que el Universo gire alrededor de la Tierra si un dios creó todo lo conocido y nos puso en un planeta especial, el único con las condiciones necesarias para que haya vida, eso nos dice que somos importantes. Es decir, la religión llena mi ego, el mundo gira alrededor mío. Sin embargo, si los cuerpos celestes orbitan alrededor del Sol, eso implica que ya no soy tan importante. Solo soy un ser insignificante, de un planeta insignificante que sigue a los demás planetas alrededor del Astro Rey. Eso quita credibilidad a la idea de que el planeta Tierra es un planeta especial y elegido, también ataca el ego. Y, lo más importante, abre la puerta a la investigación ya que se haya un vasto Universo lleno de nuevas cosas por descubrir, en el cual el único límite es nuestra curiosidad. Y también, ¿por qué no?, hallar formas de vida inteligente en otros planetas.

La ciencia ha tomado el lugar que antes ocupaba la religión, hoy en día las respuestas se hayan a través de la investigación empírica y no de la creación de mitos. Pero ésto se vuelve peligroso, ya que, llevado al fanatismo, se puede convertir en una nueva religión si no se pone cierto nivel de duda aún al saber científico.

Durante la historia se han debatido tres paradigmas o posiciones ante la existencia de Dios. La del creyente, que acepta que existe un dios y sigue sus ordenamientos y pautas. El ateo, niega radicalmente la existencia de cualquier dios o cualquier entidad metahumana. Y el agnóstico, que simplemente duda, ante la cuestión acepta que no sabe responderla entendiendo que nunca habrán pruebas suficientes para negar o aceptar la creencia en un dios. Se puede decir que esta última es la posición más humilde y sincera ya que no predica verdades dogmáticas y la más filosófica porque simplemente reflexiona. El agnosticismo dio el primer paso para el movimiento de los librepensadores que llega hasta hoy.

La humanidad está desencantada de las religiones institucionales, y estas van muriendo lenta y dolorosamente. Hemos avanzado lo suficiente como para que no se repitan atrocidades como las cruzadas o la inquisición. Sin embargo, ¿Qué nos deparará el futuro? Ante la pérdida de las religiones tradicionales, se han creado nuevas tendencias “espirituales”, personales. Creencias donde no necesitas acudir a una iglesia, mezquita o sinagoga. Las tiendas y los shoppings se han convertido en las nuevas iglesias, los estadios deportivos toman el lugar de las nuevas catedrales. Se persigue la felicidad como si fuera una meta y se vende a cambio de unos cuantos dólares pero que al poco tiempo deja el mismo sentimiento de vacío. El nuevo opio de los pueblos es la utopía de que pueden llegar a ser exitosos, sin que los individuos sepan definir el éxito. Buscan fuera lo que deberían encontrar dentro. Se adormecen en la tranquilidad de los hogares y cada vez creen ser más libres, pero, como dijo Darío Sztanrajber: <<no hay manera de dominación más efectiva, que el hacernos sentir libres y tranquilos.>>

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Acerca del autor

Emanuel Echartea

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