Literatura

Diseño inteligente: el renacer de Ockham



Diseño inteligente: el renacer de Ockham - Literatura

Platón hizo una pregunta: ¿son buenas las cosas porque Dios las quiere o Dios quiere las cosas porque son buenas? El Génesis opta por lo segundo. Dios crea las cosas y ve que son buenas. Todo fue creado de una vez según su especie. No hay muerte ni sufrimiento, tampoco evolución. El ser humano es objeto de una creación especial, se le da un soplo de vida, el alma.  En Estados Unidos, partidarios del diseño inteligente intentan identificar al posible diseñador con el Dios bíblico. Pero las diferencias son palmarias. Uno de ellos dice: “Si podemos mencionar una característica que nos diferencie del resto de los animales, es la retención de la tasa de crecimiento neural después del nacimiento. Esta es probablemente la innovación que nos hace humanos. Esta característica nos da la inteligencia y, de acuerdo con algunos científicos, nuestra cultura.  El cerebro de los grandes simios (orangutanes, gorilas y chimpancés) crece rápidamente antes del parto, pero después del nacimiento su tasa de crecimiento se hace lenta. Los humanos en cambio, tenemos un crecimiento del cerebro aún hasta los dos años de edad. Durante nuestro temprano desarrollo postnatal, añadimos aproximadamente 250.000 neuronas por minuto”. De lo que no parece darse cuenta este autor es que mientras el Dios judeocristiano nos hace inteligentes al dotarnos de un alma racional e inmortal, el del DI lo hace ampliando nuestro cerebro, un cerebro muy vulnerable que puede fallar por falta de oxígeno o nutrientes. Es decir, el diseñador no garantiza inmortalidad del alma. Además, la semejanza entre el ser humano y el Elohim bíblico estriba precisamente en la posesión de un alma inmaterial. Ambos poseen inteligencia y voluntad libres porque ambas características no dependen de las leyes de la materia ni de un sistema nervioso complejo. Por el contrario, el diseñador crea, a lo largo de millones de años, órganos complejos como el ojo y el cerebro, para que el ser humano vea y piense, cosas que este diseñador puede hacer sin necesidad de cuerpo.

El Dios judeocristiano no destruye las especies creadas ni las rectifica. El del DI aniquila innumerables especies, incluso a todos nuestros ancestros homínidos, y rectifica otras, como los cetáceos, animales terrestres que volvieron al mar. Cuando se pregunta a un partidario del DI el porqué de esa actitud del diseñador, responde que este es libre de crear y destruir especies, de hacer que nuestros pensamientos dependan de un sistema nervioso complejo, etc. O sea, lo bueno y lo malo dependen de la voluntad de la divinidad, algo que había defendido Guillermo de Ockham, para quien el bien y el mal dependen de la voluntad divina. Cualquier día Dios nos manda matar a nuestra familia y eso será bueno, porque las cosas son buenas si Dios las quiere, no por sí mismas. No por casualidad William Lane Craig, un defensor del ajuste fino y el DI, justificó la matanza de los cananeos, incluidos los niños, en un video que ha sido muy criticado. Por el contrario, la mayoría de los teólogos se ha apoyado en el Génesis para darnos la imagen de un Dios mucho más estable, que mantiene las cosas porque estas son buenas en sí. Por eso no cambia caprichosamente las leyes morales ni las de la naturaleza.

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Acerca del autor

Luis Alberto Solórzano Sojo

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