Literatura

Dolor



Dolor - Literatura

Te observo en la lejanía dejando volar mi imaginación. El tiempo pasa de forma extraña, los minutos se vuelven horas cuando no te veo y los segundos que me dedicas se escurren entre mis dedos, sé que me observas en secreto pues mi vista periférica capta tu mirada posada en mí. Me confunde tu actitud conmigo, tu amabilidad y sonrisas que únicamente yo puedo sacar me hacen pensar que sientes lo mismo. Pero que ingenuidad la mía, solo es mi cruel mente tratando de darme lo que en mi corazón quiero, de solo recordarlo rompo en llanto, pero no puedo evitarlo, te amo tanto.

 

Otro día en el trabajo y como de costumbre veo tu silueta acercarse por el pasillo, pienso que ha de ser una de tus rondas… ¡Que sorpresa me traes otro cliente!, me encanta el hecho de que intentes ayudarme, simplemente no paras de parecerme la mezcla de todo lo bueno que hay en este mundo, es otro motivo más para sonreír como idiota, te acercas e inmediatamente empezamos una típica conversación casual, me cuentas tantas cosas sobre ti que no puedo evitar pensar en un nosotras, guardo toda la información que puedo para repasarla en mi mente más tarde, como mi pequeño tesoro; oyéndote mi imaginación no puede evitar perderse en sueños, para solo caer de bruces de mi nube y golpearme hasta sangrar devolviéndome a mi situación actual. Ligeras lagrimas caen de mis ojos, la presión en mi pecho se vuelve insoportable, siento que podría morir, mientras me preguntas que me pasa, posando tus fuertes pero delicadas manos intentando remover el rastro de mis amargas emociones me penetra con esa mirada que siempre me devuelve los años de vida que perdí, pero eso tu no lo sabes, me miras con preocupación, me alejo un poco -con detinencia claro está-, el paso de tus manos solo queda como un sentir pasajero, un fantasma entre mis mejillas un poco rojas, tu tacto antes cálido, ahora comienza a sentirse helado, mi corazón se agita, mis emociones y sentimientos crecen, ¿por qué tiene que ser así?, ¿por qué no puedes mirarme como yo te miro?, como un vagabundo solo me conformo con las sobras que me permites, anhelando que aunque sea un momento me alimentes de tus manos y no solo del frío y áspero suelo. No puedo evitarlo, simplemente me provocas esto, deseo con todas mis fuerzas odiarte por meterme en este embrujo, yo estaba bien en la insensibilidad del día a día, ya no recordaba el ardor en mi pecho de amar con fuerza, ¿Cuándo deje que obtuvieras algo de mí, para poder hacerme un hechizo que parece no tener final?, sea lo que sea, por favor libérame, me duele verte feliz y no ser yo quien lo haga…

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Acerca del autor

Cecilia Farías

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