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Dualidad en la ley



Dualidad en la ley - Cine y Televisión

Corpulento, quizá gordo, vestía su alopecia con un sombrero, símbolo de masculinidad, del mismo modo que el puro. Tranquilidad en cada paso, en cada acción que desempeñaba. Puede que fuese la frustración de limitar su movilidad debido a la panza, por lo que su ceño no dejaba nunca de estar enfurecido. En el primer momento se describe al personaje de Quinlan como un hombre admirado, siempre dispuesto, con una gran trayectoria policiaca, lo cual le convertía en un héroe para sus vecinos. Parecía que una fina y destacada capa de imperfecciones cubría sin dejar hueco a la duda el personaje del Capitán Hank Quinlan.

Totalmente opuesto al gendarme norteamericano, Orson Wells describe de manera canónica a Vargas, un tipo donde la racionalidad y la honestidad no dejan de imperar en su día a día. A pesar de todos aquellos males y peligros que le persiguen, él, impasible ante la vileza que le rodea logra conducir cada acto hacia lo correcto, logra solventar cada enigma como si nada. Curiosamente dos hombres opuestos, donde la justicia actúa de una manera diferente, pues el más plausible para el público llega a ser Vargas. En lo que concierne a los vecinos y personajes que adornan el largometraje es totalmente el contrario.

Los vecinos, amigos, compañeros y enemigos que personifican a los factores externos y naturales establecen una fuerza que Vargas no puede doblegar. Estas fuerzas, imbuidas, por supuesto, generan en Vargas un mal, un vil venero que no depura. No es capaz de soslayar los obstáculos que de manera inocua se le presentan en el camino. Quinlan, como responsable del enredo, se siente abrumado por las declaraciones de aquel que sostiene en su mirada el más puro acto de honor. Vargas busca convencer, vislumbrar la verdad del capitán, mostrar sin ninguna digresión como las que aplacan y calman las palabras de este texto.

Ante la intención del indomable Mike Vargas resulta evidente la preocupación que mordía cada retal de piel que sostenía, ordenaba y contenía las patrañas de un hombre, que verdaderamente se había hecho a sí mismo. Aunque multitud de veces le haya sonreído a su cómplice por excelencia, aquella que latente florece  solo en días raros e inesperados, la suerte como as en la manga. Porque algunas veces la verdad no sirve, sabiendo que su ausencia pueda reestablecer la justicia, algunas veces el malo tiene razón, algunas veces el capitán Quinan no solo fue el bueno para sus próximos, también para el espectador que ve como el preso culpable encamina cabizbajo un destino inexorable.

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Deo

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