Medio Ambiente

Economí@ v€rde: Sol, que te quiero verde



Economí@ v€rde: Sol, que te quiero verde - Medio Ambiente

Sostenible, ecológico, renovable, verde y reciclable son algunas de las  palabras con las cuáles nos hemos familiarizado en los últimos tiempos. Hoy no entendemos nuestro día a día sin que una noticia o la simple tarea de vaciar el cubo de la basura nos recuerde la importancia que ha alcanzado la ecología y nuestro impacto sobre el planeta.

Pero, dónde han quedado relegadas otras hermosas palabras como rentabilidad, economía, competitividad e industria?

 

El ecologismo responsable

Para transmitir la idea que pretendo compartir no me remontare al Neolítico, no se preocupen, simplemente retrocederemos algo más de una década, si Vds me lo permiten. En aquella época feliz de chirigota y fanfarria, el Dorado llamaba a nuestras puertas mostrando la cara más amable de una ficción de opulencia en forma de pisos y ganancias insostenibles.

El Gobierno decidió entonces hablar de Alianzas de civilizaciones y el hermanamiento de propios y extraños, hermosas palabras que murieron pocos años después ahogadas por las deudas e impagos de Países, Empresas y Particulares. En aquella idílica coyuntura, el dinero se prodigaba como el maná de tiempos bíblicos y el Gobierno, henchido con su nueva imagen de caballero andante, recorrió España plantando instalaciones de producción de energía solar e parques fotovoltaicos como quién planta rábanos.

 

El dinero no era problema y, como un nuevo rico, la preocupación por los costes, rentabilidades y otras consideraciones se apartaron guardándose en el cajón del olvido. Pero la crisis llego como los cuatro jinetes de la apocalipsis. Y, las renovables, muy caras y poco rentables, se convirtieron en una losa pesada. Había compromisos de pago que debían cumplirse. Había un impacto en el precio de la electricidad que dejaba de subvencionarse y pasaba a pagarse directamente por la población, pagado hasta entonces indirectamente por esa misma población. La competitividad de las empresas era menor que la de nuestros vecinos al tener que afrontar costes muy superiores en la factura eléctrica; un coste especialmente importante en el caso de industrias como la de la transformación de metales y, concretamente, la del Aluminio.

Los negros días llegaron y desaparecieron, bueno, realmente no han terminado de abandonarnos y veremos si vuelven de nuevo. Y, ahora, volvemos a iluminar los campos con la luz de un nuevo día. La plantas solares para la producción de energía renovable llega con fuerza renovada. Pero, ahora, nos dicen que es más barata que antaño y, gracias a ello, nuestra factura de luz bajará. O eso dicen. El buen juicio de combinar rentabilidad y precio en la ecuación junto a ecología y renovables me alegra porque parece que vuelve la sensatez. Esperemos que sea verdad y no nos engañen. La empresas y las familias han de comer y una carrera hacia la ecología sin planificación y sin tener en cuenta costes, precios y economía no nos conviene.

Necesitamos un planeta viable pero también necesitamos el pan en la mesa, la casa caliente y los zapatos en los pies y, por tanto, si hubiera que mantener energía nuclear o retrasar los planes de implantación de renovables para hacer sostenible nuestra economía me parecería una decisión juiciosa.

Si las renovables son rentables en términos de país soy el primero que me alegro pero espero que no cometamos por segunda vez el mismo error de no compatibilizar la sostenibilidad del planeta con la sostenibilidad de nuestra economía.

Y, sobre todo, no nos hagamos trampas al solitario. Construir las placas solares tiene un coste elevado en términos ecológicos que debe valorarse. Las placas se construyen en China con procesos de fabricación contaminantes y un impacto en la emisión de gases de efecto invernadero. Una carrera demasiado abrupta con una fabricación descontrolada podría provocar el efecto contrario al deseado, es decir, más emisiones por fabricación en términos absolutos que la reducción por generación con renovables. China sigue quemando miles y miles de toneladas de carbón como combustible para obtener energía, lo que implica grandes cantidades de emisiones a la atmósfera.

Seamos cautos y valoremos el cuadro a nivel global y no nos centremos y una visión muy focalizada y local. Y, si después de un análisis riguroso vemos que todo apunta en la misma dirección, en dirección al sol, avancemos con un plan trazado que garantice una vida mejor y un planeta sostenible.

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ElContraRegidor

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