Economía

La economía sumergida en España en la media europea ¿Buen dato?

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Economía sumergida en España

En contra de la opinión generalizada, la economía sumergida en España está aproximadamente en la media europea. Si bien es cierto que los países del norte tienen unos niveles significativamente más bajos, casi todos los países del sur y del este de Europa están por encima.

En efecto, según los datos de Friedrich Schneider, el académico más reputado en analizar la economía “B”, la economía sumergida en España se sitúa en el 18.2% del PIB, muy cerca de la media europea del 18%. Los países del norte no suelen superar el 15%, siendo los que tienen un índice más alto los escandinavos (alrededor de un 13%), y los que menos Suiza, Reino Unido y Francia (con entre un 7 y un 10%).

Por detrás de nosotros se encuentran Italia, Grecia y la mayoría de los países del Este de Europa con hasta un 31% de economía sumergida en el caso de Bulgaria.

Este dato “suena” especialmente positivo cuando además tomamos la serie temporal y constatamos que, por ejemplo, la economía sumergida en España era de un 27% antes de la crisis, y ha reducido su nivel tanto de forma absoluta como relativa a la media.

En cualquier caso, antes de lanzar las campanas al vuelo, debemos ser conscientes del principal motivo de esta reducción. Y es que España prácticamente ha destruido durante la crisis la base de su modelo productivo, que era la construcción, y que además es un sector muy proclive a mover dinero en “B” – trabajadores no declarados, blanqueo en la compra de viviendas, facturas reducidas o directamente sin factura, pagos en metálico, etc. Además, la reducción de renta de los deciles más bajos a causa del paro y la precariedad, traen como consecuencia una disminución de otros trabajos tradicionalmente en B, que suelen ser pagados por las familias o personas individuales, como la asistencia en el hogar, etc. Por lo tanto, el motivo de la reducción no se debe a una mayor eficiencia regulatoria o ejecutiva, sino sencillamente a la desaparición de sectores proclives a ello.

¿Qué podemos hacer para que la economía sumergida en España se acerque más a los países más desarrollados?

Lamentablemente, los índices de economía sumergida en España no son fáciles de mejorar. Sabemos que sufre una gran influencia cultural que no se puede cambiar de un día para otro. Resumimos aquí los parámetros más relevantes sobre los que sí se puede influir:

  • El modelo productivo: Los empleos sometidos a nómina son los menos susceptibles de esquivar la inspección fiscal. Un país un mayor porcentaje de trabajadores a sueldo tiene por lo general menores índices de economía sumergida.
  • El tamaño medio de la empresa: Son las empresas pequeñas, especialmente las micropymes, las que más tienden a tener trabajadores en su plantilla de forma irregular. Por ello, un país con un tamaño medio de empresa mayor tiende a tener menores índices de economía sumergida.
  • La rigidez del mercado laboral, causa principal de los dos puntos siguientes.
  • Temporalidad y Estacionalidad: Siendo esto también un problema para España, los trabajos con un final establecido son muchas veces no formalizados por ahorrar gastos y trámites, mientras que los trabajos más estables adolecen menos de esto mismo.
  • Precariedad: En ocasiones, los sueldos que se reciben son tan bajos, que es el mismo trabajador el que prefiere no estar regularizado. Es el ejemplo de infinidad de trabajadores del hogar, que prefieren no tener contrato ni seguridad social a cambio de poder disponer de la totalidad de su dinero.
  • Crimen: Por supuesto, las actividades ilegales forman siempre parte de la economía sumergida. Una tasa menor de crimen (aunque más exactamente deberíamos decir un comercio ilegal de valor más bajo) tiene como consecuencia un descenso de la economía sumergida.

¿Atacan las actuales propuestas económicas el problema?

Estando cerca de las elecciones del 26J, casi todos los partidos políticos basan buena parte de sus propuestas de financiación en una mayor recaudación mediante la reducción del fraude fiscal. Casi todos ellos centran su discurso contra las grandes empresas, muchas veces atacando esquemas fiscales totalmente legítimos en España y en la mayoría de los países desarrollados – como, por ejemplo, el absurdo cálculo de la tributación fiscal dividiendo el pago de impuestos en España por sus ingresos globales, llegando a tasas del ¡¡1%!!.

Pero ninguno se atreve a coger el toro por los cuernos y resolver el problema de la economía sumergida en España a partir de los principios enumerados anteriormente. De todos ellos, el único quizás políticamente correcto es el de la precariedad, pero muy pocas veces se propone mejorar esa precariedad mediante el incremento de las condiciones de vida, sino directamente mediante la prohibición, lo cual redundará, si realmente se pone en práctica, inequívocamente en la desaparición de muchísimos puestos de trabajo. ¿Alguno de vosotros conoce a alguien con un sueldo habitual que disponga de alguien que le ayude con las tareas del hogar y esté dispuesto a hacerle un contrato, pagarle seguridad social e indemnización por despido en caso de no necesitar más sus servicios?

Por lo tanto, dado que ningún dirigente está dispuesto a tomar las medidas necesarias para reducir la economía sumergida, no podemos ser muy optimistas a este respecto. Lamentablemente, España seguirá teniendo unos niveles de economía sumergida muy superiores a los de los países más desarrollados, y probablemente, esta diferencia será aún más amplia en los próximos años por la vuelta de sectores con índices históricamente más altos.


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Acerca del autor

Joaquín Vallehermoso

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