Sociedad

Efemérides 23/8/73



Efemérides 23/8/73 - Sociedad

23 de Agosto de 1973. Tres mujeres que responden a los nombres de Kristin Enmark, Birgitta Lundblad y Elisabeth Oldgren, junto con un hombre llamado Sven Safstrom se encuentran en el interior de una entidad bancaria situada en Norrmalmstorg, una concurrida plaza de la capital sueca, Estocolmo. Nada hace prever que ese día sus vidas darán un vuelco inesperado. Allí, mientras esperan a ser atendidos, otro hombre entra en la sucursal. Se trata de Jan Erik Olsson, un preso que en ese momento disfruta de un permiso penitenciario. Olsson, natural de Ekeby, a más de quinientos kilómetros de donde ahora se encontraban, busca bajo su chaqueta, sacando al instante una ametralladora que, dirigiendo hacia el techo, empieza a disparar. Tras unos segundos de confusión, uno de los trabajadores del banco activa la alarma silenciosa, lo que conduce a un breve tiroteo entre el ladrón y un par de policías que llegan al lugar de los hechos rápidamente. La refriega termina con los dos agentes retirándose y uno de ellos herido levemente por una bala que le alcanza en una mano. Tras ello, Kristin, Birgitta, Elisabeth y Sven, protagonistas inesperados, son conducidos a una de las cámaras acorazadas, donde Olsson los mantiene encerrados durante las siguientes ciento treinta horas.

Durante ese periodo de tiempo, la policía sueca intenta negociar con el secuestrador, el cual exige la liberación de su colega y compinche de fechorías, Clark Olofsson, quien cumple condena en prisión. Además solicita cientos de miles de coronas, chalecos antibalas, cascos y un vehículo para escapar junto a los rehenes. Sorprendentemente la policia accede a sus peticiones y en poco tiempo, Olofsson es puesto en libertad y entregado a Olsson, junto con el dinero y el coche. Lo único a lo que se oponen es a permitir que huyan arrastrando consigo a Kristin, Birgitta, Elisabeth y Sven.

La situación parece estancada y, mientras los medios se hacen eco del intento de robo con secuestro incluido y el público acude a comisaría y satura las líneas telefónicas para ofrecer soluciones de lo más dispares, los rehenes empiezan a forjar una extraña relación con sus captores. Kristin, Birgitta, Elisabeth y Sven empiezan a sentir una gran empatía hacia Olsson y Olofsson, y a ver en ellos a dos personas amables, incapaces de hacerles daño y que, solo por las circunstancias, se han visto envueltos en esa tesitura. Kristin y Olofsson incluso parecen haberse convertido en algo más que amigos. Precisamente es ella quien, en un momento dado, decide llamar al primer ministro sueco, Olof Palme, para rogarle que la policía les permita acompañar a Los secuestradores en su huida, pues, según sus propias palabras, “Olof, confío en Clark y su compañero. No nos han hecho nada. Al contrario, han sido muy amables. Lo que me da miedo es que la policía ataque y provoque nuestra muerte.”

Este rechazo a las fuerzas de seguridad pudo ser corroborado, cuando a un par de agentes en compañía de un criminólogo y psiquiatra, llamado Nils Bejerot, se les permite el acceso al banco, para comprobar el estado físico y emocional de los rehenes. Según Bejerot, estos ven en la policía una amenaza y, al contrario, se sienten extrañamente a gusto con los secuestradores.

Días después del inicio del robo, las fuerzas de seguridad se disponen a lanzar gas lacrimógeno para forzar la rendición de Olof y Olofsson. Estos, en un intento desesperado de evitar ser capturados, suben en varias sillas a sus víctimas y las rodean por el cuello con sogas, amenazando con estrangularlas si la policía entra en el recinto. Pese a las amenazas, Kristin, Birgitta, Elisabeth y Sven, no temen por su vida y los agentes, conscientes de ello o no, siguen con el plan establecido. Finalmente los secuestradores se rinden y se disponen a salir al exterior, momento en el cual los rehenes les rodean impidiéndolo, ante el temor de que la policía les dispare. Finalmente estos últimos entran y los detienen, ante las quejas de Kristin, Birgitta, Elisabeth y Sven, quienes piden que les suelten, ya que no les han infligido daño alguno. 

Días después, Olof Palme, recibe nuevamente una llamada de uno de los rehenes, quejándose de la mala actuación de las fuerzas del estado y solicitando la liberación de Olof y Olofsson. Este último finalmente sale impune, gracias al tribunal de apelaciones, pero el primero no corre tanta suerte y pasa varios años encerrado. Durante el juicio, Kristin, Birgitta, Elisabeth y Sven, van a visitar a ambos a la cárcel y forman parte de la defensa, lo que sorprende a prensa y audiencia y acaba por dar nombre a una reacción psicológica acuñada por el asesor policial Nils Bejerot e internacionalmente conocida como Síndrome de Estocolmo. 

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Acerca del autor

Tiago Xacó

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