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El Adiós



El Adiós - Literatura

El Adiós

Esta mañana, mirándome al espejo buscaba con ahínco la otra parte de mi ser,

mi amada correspondencia. La compañera de una vida.

Me había convertido en un hombre sin sombra, incompleto.

 

No podía reconocer aquel reflejo. De pronto la piel ajada y los  cansados ojos no eran más los del anciano aplastado por la ausencia.

 

No, eran los de un pobre niño desvalido, el huérfano que busca por las calles el cariño de una madre.

El joven que busca con frenesí  un ensueño de amor.

La mujer de entraña vacía que anhela la pradera verde en su vientre.

El hombre que dejó poco a poco sus riñones tras un volante cada día de una vida, estando sin estar.

 

Y de nuevo el viejo hundido en un mar de desesperanza, un suspiro que se niega a salir, ahogando un pecho comprimido. Un universo que se ha quedado sin estrellas. El lamento que chilla entre los vientos.

 

Acaso una lágrima rodando aquellos zurcos.  Acaso un gesto/sonrisa que se marchitó como una flor olvidada en un jarrón.

Y la fragancia se vuelve un recuerdo hundido en un rincón, y las noches y los días pasados, un oasis en el desierto de los días.

Y el tálamo, es ya demasiado grande para las noches eternas.

 

Tomo mi saco y ando los pasos hacia el sepulcro/morada.

Quizá las plegarias sean la flor que ilumine el último tramo de un sendero.

 

 

 

 

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Acerca del autor

Oriana Pleyade

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