Literatura

El Anhelo De Una Niña

El Anhelo De Una Niña - Literatura

Mi padre parece que no entiende que tengo 12 años. No soy una pequeña, ya no. Las lecturas de cuentos y las narraciones improvisadas que hace años me hubiera gustado escuchar ahora no estremecen mi piso. La vida cambia, y su principal característica es desde luego la movilidad, el mundo no es estático. No puedes aprehensar un momento bello por toda la vida. Mi padre parece no ser capaz de creer otra cosa de mí. Soy para sus ojos una niña, una pelafustana, una diminuta sin importancia.

Comprendo que para un padre su hija es sinónimo de niña, inocente, inexperta, pero serlo eternamente ¿No les parece algo raro? De hecho es más que raro, es una enfermedad.

Por el año 2000 antes de Cristo, los egipcios tenían un lenguaje complicado, digo yo, quizá deberían de haber reformulado las cosas y se habrían comunicado bien con sus esclavos de guerra. Su sistema lingüístico carecía de orden, era todo un caos. Así que tenían que recurrir a otros sistemas de lenguaje, supongo que el corporal está dentro de las posibilidades. Sin embargo estamos en el siglo 21, no entiendo por qué mi padre sigue hablándome como en aquella época, porque sinceramente no nos entendemos para nada.

12 años no significa ser una niña, significa que estoy aprendiendo a vivir, que necesito habilidades nuevas, mejorarlas si es que las tengo, o en su defecto apreciar las bellas cosas para ser capaz de ser sensible. Pero para nada es vivir encapsulada, sosegada en una capa de humo, en el que me debo alejar del conocimiento bueno y las experiencias vitales. Quizá choco con algunas perspectivas ajenas, pero véanlo desde mi punto de vista, los niños que realmente son niños, que carecen de pensamiento crítico, son propiciados por conductas como éstas. La naturaleza del hombre es empírica más que otra cosa y lógicamente privarnos de la realidad es una de las más crueles formas de aprendizaje.

12 años no significa ser una niña, significa que estamos ansiosas de aprender, no a seguir pensamientos dogmáticos como el hecho de que para nuestros padres, debamos ser niñas para siempre.

(Tap tap)

Suenan pisadas que parecen aproximarse a mi cuarto, pienso que debe ser mi padre.

Se abre la puerta y efectivamente, es él.

-Cariño, estaba buscándote para comer helado en el parque- Me dice con un gesto amigable.

-Padre tengo que hablar contigo. Ya no deseo que me leas cuentos en las noches.

-Pero no entiendo ¿Por qué me dices eso?

-No me gusta, siento que no crezco para nada.

-Comprendo, pero antes de que prosigas quiero que te sientes aquí y que me escuches sin interrupciones. Es importante.

-Está bien.

-Todas las noches, cuando duermes después de haberte contado esas historias, regreso dentro de 30 minutos para ver si estás bien. Abro la puerta y en toda la pesada oscuridad, te escucho hablar dormida.

Dices: La damisela se oculta en el castillo. El caballero la protege y ríe con la bella dama.

¿Te parece que eso es muestra de que detestes esos cuentos?

Hija, lo hago para verte feliz. Yo sé que afuera, nadie lo hará. Esta etapa de tu vida es la más hermosa que puedas tener, porque tu inocencia está intacta. Comprende que no lo hago para menospreciarte.

Me quedé pálida, no supe qué responderle. Mi cabeza dio vueltas, tantas que me sentí a morir.

Pero ahora sé que a pesar de todas las ganas que tengo de crecer, con lo que me dijo mi padre, comienzo a pensar que las cosas son coherentes. Yo sigo siendo la niña a la que le gustan los cuentos de papá.

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Geraldinsky

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