Literatura

El Arte De Decir: El Miedo

El Arte De Decir: El Miedo - Literatura

Camilo se retorcía de las ganas de hacer pipi y me miraba desde el marco de la puerta del baño. Cuando percibo su desesperada posición le pregunto:

– ¿Que pasa hijo? –

– Me hago pis –

– Anda al baño –

– Me da miedo –

-¿Por qué te da miedo? –

– La luz, está apagada –

– Prendela –

– Me da miedo –

– ¿Que te da miedo hijo? –

– Prender la luz –

– ¿La luz te da miedo? –

– No, meter la mano en el baño, que está oscuro –

– ¿Me estás bromeando? –

– ¡No papá, es en serio! –

– Cerra los ojos y mete la mano – Le aconsejo.

– ¿Como? –

– Claro, si cerras los ojos va a estar todo oscuro –

– ¡No! No me gusta ese plan. Acompañame –

En ese momento recordé como me había curado del miedo a la osciridad:

Era muy de noche y yo había quedado a dormir en casa de un compañero de escuela.
Habíamos jugado toda la tarde en una casita en un árbol al fondo del patio de la casa de mi amigo.
Estábamos por ir a la cama cuando nos dimos cuenta que olvidamos la figuritas en la casita del árbol y pedimos a la madre que vaya por ellas.
Mala idea: La mamá del niño sentenció:

– Ya están grandes para tener miedo, vayan ustedes –

La señora prendió la luz del patio y allá fuimos, despacito y temblando del frío o del miedo, o de ambas cosas.
Llegamos a la casita y dimos con las figuritas cuando en ese momento la mamá de mi compañero apagó la luz y quedamos completamente a oscuras en medio de la nada. Creo que fue la primera vez que insulte a alguien – Hija de puta – pensé – Nos apagó la luz la hija de puta –
Desde la ventana de la casa escuchamos el grito de la señora :

– ¡Ahora vengan a oscuras, si no los come ningún bicho se les va a curar el miedo! –

Y allá volvimos. Fueron los segundos más intensos de mi vida, todavía los recuerdo como si fuese ayer.
Desde ese momento y para siempre cada vez que sentía miedo simplemente iba hacia donde estaba el temor.
Uno de mis miedos mas grandes era el de pasar por la puerta de la habitación de mis padres por la madrugada para ir al baño porque me reflejaba en un espejo y en esas épocas existían historias de fantasmas que se aparecían en los espejos por las noches. Luego de esa secuencia en el patio de la casa de mi amigo simplemente me pare delante el espejo y espere que algo apareciera. Nada apareció y vaya si me sentí cabrón.

Luego de recordar esta experiencia intenté ayudar a Camilo a curar su miedo a la oscuridad y lo acompañe al baño.
Prendí la luz y el Chino entró. Cuando se acomodó para realizar sus necesidades apagué la luz y cerre la puerta:

– !!Nooo!! – Gritó el pequeño.

– Tranquilo hijo, no pasa nada. Cuando seas grande me lo vas a agradecer –

(Se hizo silencio por unos segundos)

– ¿Terminaste? – Pregunté.

– Si, casi – Respondió.

– ¿Viste que no pasa nada? –

– Si ¿Vos tenes lavarropas pá? – Preguntó.

– Si mijo – Respondi con curiosidad.

– Ah ¿Y que preferis? ¿Que me haga caca encima o que me de miedo la oscuridad? –

– Ninguna de las dos Camilo –

– Ups –

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Gaspar

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