Literatura

El arte de decir: Un cumpleaños diferente

El arte de decir: Un cumpleaños diferente - Literatura

El 1 de enero de este año falleció repentinamente y a los 29 años una prima muy cercana y muy querida. Ella tenía diabetes, enfermedad que de no ser controlada puede resultar peligrosa. El primer día del año cayó descompensada y horas después murió a causa de un paro cardiorespiratorio. 

Ella había sido madre de dos niños, el más grande de 9 años de edad que obviamente consigue asimilar la perdida y el pequeño, que ayer mismo cumplió 6 años y maneja la muerte con una magia especial. 

A la hora de la torta y en el momento de soplar las velas, el pequeño cumpleañero, que vivía su primer fiesta de cumpleaños sin su madre, pidió un deseo antes de soplar las velas y en voz alta:

– Esperen – Dijo a los familiares presentes – Apaguen la luz, así se pone todo oscuro y hago de cuenta que mamá esta acá, con nosotros –

Un silencio abrumador invadió la sala. La luz se apago y en la oscuridad casi absoluta, a la luz de seis velitas de cumpleaños, los llantos empezaron a brotar. Y todos lloraron con un dolor irremediable en el alma, dolor que solamente el tiempo con su paciencia sabe disimular. 

Cuando una madre muere, se muere consigo lo más importante en la vida de un hijo. Porque desde que nacemos y hasta que nos hacemos con cuestiones que dependiendo de la edad resultan de una marcada importancia, ellas, nuestras madres, son el complemento de nuestras vidas, son oxígeno,  amor y todo lo relacionado a ser un individuo desde el yo materno. 

Hoy día mi madre anda cerca de los 55 años y aprovecho cada oportunidad para decirle que la amo, ejercicio que me da felicidad desde y para siempre. 

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