Anuncios
Literatura

El Asesino Y El Escritor

El Asesino Y El Escritor - Literatura

El dolor… Acompañado con morfina. Dejar las cosas arregladas, no prolongarlas. Asir la enfermedad como al toro, por los cuernos, deslizarla por una pendiente de alivio. Ganar tiempo. Un instante, un momento, todo el espacio necesario para sentir ese dolor.

Lo miro, lo combato, lo abato, lo aparto deliberadamente de mí. No lo suprimo del todo, pero lo apaciguo. El enemigo sigue revolviéndose dentro de mí, pero no es sino su naturaleza destructiva quien lo alienta lo suficiente como para cortarme el resuello. Me desgarra con su ira descontrolada; el vientre, la espalda. Como una herida gigantesca. Una herida que pulsa el botón apropiado y propaga relámpagos de tormento a todos los átomos de ese cuerpo que aún respira, y por eso mismo sobrevive y sufre.

Sobrevive por el aire. Un aire que vacía el pensamiento, y que no es a un tiempo también, sino combustible para ese magma de lava que me arrasa por dentro; angustia, desesperanza, desespero, exasperación, ansia, congoja.

Luces acuden a mis ojos, sonidos a mis oídos, perfumes a mi olfato que atraen recuerdos. Un vértigo se apropia de mi consciencia. Un vértigo solapado.

– ¿Qué puedo hacer? Soy un escritor sencillo que sigue creyendo que la imaginación es sólo eso, imaginación, hasta tal extremo que me siento perdido ante una realidad tan concluyente.

– Se lo confesaría a usted todo si me diera esa oportunidad.

– No me interrumpa, por favor, ¿por dónde iba? Ah, sí; no me siento en absoluto cómodo en esta realidad. Es como vivir entre fantasmas. Tal vez mis lectores sólo me leen por ello. Porque pongo realidad a través de fantasmas en sus vidas cansadas. Los fabrico del mismo modo que usted delira ofreciéndome su dolor agudo. Pero, ¿es acaso tan ficticio como mi prosa?

– Eso es pueril. Es usted un vulgar patán, un irreverente.

– En absoluto, soy un vate, un juglar, un cuentacuentos útil más para divertir a las masas contando la historia a su antojo, que un devoto contador de la verdad.

– Entonces me está usted diciendo que no quiere escribir mis memorias.

– Por fin me ha entendido. Entiende lentamente para ser usted un asesino. Pero no se enfade, hagamos una tregua. Dígame, ¿es real ese cuento de dolor y entereza? ¿Procede del sentimiento opresivo de culpa propio de su condición criminal? ¿Se siente sólo acaso en esta cárcel?

– ¡Insolente! estúpido chupatintas sin conciencia.

– Conciencia es precisamente lo que a usted le falta, carnicero miserable. ¡Busque un médico, yo no puedo ayudarle!

Salí de allí sin mirar atrás, notaba sus ojos clavados en mi espalda mientras retorcía sus manos cuanto le dejaban los grilletes.

Anuncios
¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

3.00 - 4 votos
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

Aicrag

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información