Literatura

El Bastón De Ogué

El Bastón De Ogué - Literatura

Sucedió que en una tierra muy lejana donde la naturaleza reinava y los seres humanos convivieron con seres de mucha luz, un Anciano rey tuvo la necesidad de casar a su hermosa hija, para lograr ese propósito Obatalá advirtió a todos los interesados en casarse con su hija que, deberían presentarse con un bastón de características específicas. Una de esas características y la más importante fue tener la cabeza humana tallada.

De inmediato, todos aquellos hombres interesados en poder casarse con la bella hija del rey, comenzaron a trabajar en seleccionar el material más divino, metales preciosos como el oro y la plata, maderas finas, marfil y muchas más fueron explotados para la elaboración del bastón. La economia del lugar comenzó a prosperar pues aquello trajo como una exigencia el pago de grandes cantidades de dinero para los artesanos de todo el lugar y más allá, aquellos encargados de conseguir los materiales también percibieron dinero asi como los que transportaban esas riquezas.

Nunca antes la creatividad artística y pensamientos filosóficos se habían fundido en un solo objetivo, el romance al máximo en cada uno de los trabajos impecables para satisfacer los requerimientos específicos del anciano rey, pero esto iba más allá de la belleza de su hija pues las riquezas que ella presumía eran grandiosas y ningún hombre dejaba de codiciarlas.

En medio de tal algarabía llegó al pueblo un hombre llamado Ogué. Este también se vio tentado a participar de la competencia pero sus pretensiones se vieron frustradas ya que no había nadie dispuesto a trabajar en su encargo. Todos dedicados a los encargos y otros elaborando sus propios bastones, el panorama no era muy esperanzador para el forastero Ogué.

En medio de su frustración, Ogué pensó en elaborar él mismo su bastón, fue hasta el campo donde el sol tocaba el pasto y las gotas de rocío reflejaban notas de distintos colores en el horizonte, mariposas de colores violeta y aves de singulares cánticos lo envolvían y casi sin darse cuenta tropezó con una madera muy dura y alargada. Pensó de inmediato que eso le servirá, sigo más adelante y entró en un sembradío de ñame, arrancó tres de ellos y siguió caminado hasta encontrar un maizal de donde escogió una mazorca hermosa de grandes granos.

Con los elementos en sus manos decidió atar en un extremo de la madera encontrada los tres ñames y con unos de granos de maíz simuló los ojos y la boca de un rostro humano. Con su mirada en un espejuelo de agua detalló su trabajo artístico y satisfecho en la fé de alcanzar a la bella mujer y hacerla su esposa, se marchó al palacio de Obatalá pues en medio de la búsqueda y elaboración de sus baston ya había llegado el gran dia de seleccionar al futuro hijastro del rey orisa.

Casi sin fuerzas y asfixiado de tanto correr se presentó Ogué en la entrada del palacio del rey, allí todos se habían presentado entregando su bastón y diciendo su nombre en voz alta y fuerte. Obatala y su hermosa hija iban detallando los bastones y los hombres que se presentaban al mismo tiempo, fue inconfundible pero impresionante cuando de último llegó nuestro esperanzado amigo Ogué entregando su singular bastón y recuperándose con una inhalación profunda, pronunció su nombre con voz gallarda y valiente destacando su tono de voz por sobre los demás que sonaban más pretenciosas que otra cosas.

El rey y su hija se acercaron a examinar El Bastón de Ogué luego de tan intrépida presentación, el padre de la hermosa mujer, tomó casi sin importancia el bastón en sus manos pero su hija vio algo más allá de los lujos y la hermosura aparente de los demás bastones, este que había sido presentado con tan grande esfuerzo, con humildad y coraje, una mezcla muy rara en los seres humanos, atrajo el interés de la mujer llevándola a pensar más allá de las riquezas materiales que pueda ofrecer mortal alguno que la rodeaba.

Acostumbrada a llamar la atención y obtenerla, por sus atributos físicos y desde luego sus riquezas materiales, interrogó al humilde hombre en medio de la asistencia:

– Cree usted que soy merecedora de este bastón?

A lo que Ogué respondió con una mirada firme en los ojos de la princesa, firme pero llena de pasión y deseo, de amor y fé como cuando se vea a esa persona con la que deseamos hacer todo el resto de nuestras vidas:

– No es un bastón lo que vengo a ofrendar ni amada princesa, es la vida y el esfuerzo, el compromiso y el deber, son los frutos de mis tierras y mi sudor para alimentarnos cuando estemos juntos para toda la vida, bastones los consigue cualquiera como pudo ver usted mi muy exquisita princesa.

Esas palabras fueron determinantes en la desicion de aquella mujer, volviendo su vista a su padre exclamó:

– ¡Padre!, es este el bastón que merezco y  este el hombre que hará de mí la felicidad de tu reino, solo un hombre que con humildad y fe trabaje para alcanzar sus metas más preciadas dando todo lo mejor de si podrá vencer las exigencias de los poderosos, las banalidades de los Ricos colocando a sus pies las bellezas de la vida y en sus manos cansadas del trabajo mi cuerpo suave, en sus labios las mieles de la pasión para su disfrute y alimento diario. ¡Es El Bastón de Ogué el que me satisface!

 

El anciano monarca vio con agrado que por primera vez los caprichos de su hija consentida y mimada habían sido saciados a tal fin que ya no era la interesada mujer la que hablaba, hablaba la futura reina con sentido común para guiar a un pueblo y tener familia próspera.

Mientras tanto en el enorme salón se encontraban los demás pretendientes sorprendidos por la desicion de la bella princesa, que entre ellos comenzaron a murmurar y la algarabía poco a poco revistió los grandes ventanales. De entre ellos, un hombre interrogó al rey:

-¿ Que sera de nosotros y nuestro esfuerzo, fueron grandes sumas de dinero las que colocamos para realizar estos bastones y tú, Obatala, al lado de tu hija haces menos nuestros tesoros?

Obatala sabio rey orisa se volvió a sus interrogantes invitados, con voz suave tomó por el brazo a este arrogante riquillo diciéndole a él y a todos los demás:

– En la salida se les entregaran sus respectivos bastones los cuales agradezco con la vida pues también hay mérito en el esfuerzo, pero ya ven hay cosas en la vida donde no basta el dinero ni las apariencias, también hay que ser humildes, responsables, soñadores, constantes…. Yo diría que humanos y no sobrenaturales. Tomen sus bastones y recibiran mis agradecimientos.

Así lo hicieron cada uno de los pretendientes, fueron recibiendo sus  bastones con la diferencia que cada uno de estos bastones se fueron convirtiendo en mujeres acordes a sus materiales y diseños, como muestra de que tan grandes pueden ser los deseos como lo que realmente tendremos.

Obatala volvió al lado de la pareja que muy alegremente planifican su futuro y poco a poco se iban conociendo en medio del salon:

– ¿Y para cuándo piensas casarte con mi hija, Ogué?

A lo que Ogué respondió casi sin apartar la mirada de los labios de su dulce mujer de cadera firmes y pechos abundantes:

– Mi muy apreciado rey, tengo unas tierras a las que debo cultivar y cosechar para eso falta un buen tiempo solo, así podré cumplir con lo establecido y casarme con su hija.

Más asombrado aún el rey exclamó con firme voz:

– ¿Acaso no sabes de las grandes riquezas de mi hija?

– ¡No es necesario tus cultivos y cosechas para vivir… Ella proveerá todo cuanto necesiten!

Ogué se dirige hasta Obatala lo toma por el brazo y lo lleva hasta la ventana desde donde se alcanzaba ver parte de sus tierras y señalandolas le respondió:

– Obatala, vivo de lo que tengo y soy como me vez, humilde labriego, apasionado enamorado, y fiel súbdito. Tu hija y yo estaremos bien… esas son mis tierras y nosotros dos sus únicos dueños.

De nuevo Obatala rey paciente y amoroso padre le entregó unas semillas mágicas a Ogué para que la siembra fuera mas rapida y que se casaran pronto.

La pequeña historia que hoy les relato es un Patakí de la tradición Yorugbá con una moraleja de impecable vigencia en los tiempos actuales. Por distintas razones nos hemos olvidado de la esencia de la vida, confundimos la preparación intelectual con un boleto a la prosperidad pero dejamos de lado el verdadero profesionalismo. Así como el doctor cura a las personas por dinero y no se detiene en el juramento hipocrático de salvar la humanidad aun sin que reciba pago alguno, lo mismo que una mujer vende su cuerpo por el mismo precio de las comodidades que no es lo mismo que las necesidades, también en nosotros los religiosos que teniendo el deber de cosechar nuestros conocimientos para una vida más humana y no lo hacemos.

Tal vez no se trate de ser como los pretendientes de la bella princesa, pues al final tuvieron una hermosa mujer cada uno, quizás no se trata de ser como Obatala que siendo rey pensó que con ese título y su poder podía impresionar y lograr todo lo que él consideraba correcto mal criando y ofendiendo, pero de lo que sí estoy  seguro, es que debemos ser un poco más de cada uno de los personajes; logrando el balance pues la prosperidad nos llevará a la abundancia y la abundancia al poder y el poder… ¿ a donde nos llevara el poder, después de tenerlo?… reflexionemos cada dia y no olvidemos que debemos sembrar y cosechar primero nuestro corazón y nuestras vidas para obtener las recompensas, tal vez así recibamos la mágica bendición de la abundancia en todos los sentido. Aboru, Abato Abosise. Mil bendiciones para todos.

 

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Acerca del autor

Carlos Colmenares

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