Literatura

El Beso Frio De Aquella Dama.



El Beso Frio De Aquella Dama. - Literatura

El pasar de esa noche, con el café en la mano, con el suéter color negro, pantalones negros y una vans negros. Un frío tremendo, con tanta prisa al caminar por aquel malecón de la ciudad, con la única iluminación de la luna llena, no era la primera vez que pasaba por ese lugar, los alumbrados públicos estaban programados para apagarse todas las noches a las 00:30 a.m.
El reloj que mamá me regaló puesto en el brazo izquierdo, era muy fino y de muy buena marca, por cierto, marcaban las 00:56 a.m. era eso el maldito motivo por el cual todo el trayecto caminado era tan lúgubre, tenía el presentimiento que era el camino a la muerte, que mente para más aterrador, un stop en ese entonces a mis pensamientos pavorosos, bebí un sorbo del café que sostenía con la mano izquierda, vaya que estaba caliente, perfecto para esa ocasión, con el cigarrillo en la otra mano, no soy el único maldito individuo que lo hace, en el mundo al parecer hay muchos, el café y un cigarrillo en una noche como aquel amanecer, la opción como esa era lo primero en el pensar de muchos, pero bueno, en aquel entonces una buena música de fondo que escuchaba a través de los audífonos conectado a mi Apple, el jazz era mi género preferido en especial la de Frank Sinatra – SUMMER WIND. De tan solo escucharla me olvidaba lo que a mi alrededor pasaba, ese orgasmo mental de tal armonioso musical era suficiente para que pasara eso.
El viento del mar de esa noche entre cruzando en mi camino, castigándome con aun más frío de lo normal de aquellas noches anteriores. Tanto que tomé de un solo sorbo el café y calentar mi esplendido cuerpo, el tiempo pasaba y cada vez se hacía más tarde y no había cuando terminara el maldito camino de aquel malecón. Maldita sea mil veces, maldita sea, la batería de teléfono se agotó y dejo de sonar la música. Aceleré mi paso con tal ímpetu, sin mirar atrás y a los costados, era un total silencio en aquel suburbio, que el reventar violento de las olas decoraba el lugar con sus melodiosos sonidos.
Casi al finalizar el trayecto del camino, divisé la figura de una persona en uno de las bancas del malecón de esa noche iluminada por la luz de la luna, todo mi cuerpo se atemorizó, se paralizó por unos segundos, que lo sentía eternos. Respiré hondo, aguanté el aire y me armé de valor, caminé con tal tranquilidad, con los nervios en punta y con la mano en forma de puño para defenderme de cualquier acto vandálico. Cada paso que daba me acercaba más aun, mientras más me acercaba, escuchaba el llanto de una dama, la curiosidad en mi diminuto cerebro aceleró las ganas de pararme frente a ella y ver qué es lo que le pasa. Así que me armé de valor, me acerqué con un ¡hola! Con una mirada intimidatoria con los ojos lagrimosos se asustó. Era más que obvio que se asustara, ver un desconocido a esa hora, que marcaban las 1:20 a.m. descuida no te haré daño, con tal desconfianza se secó las lágrimas y como todo un caballero me acerqué con el pañuelo en la mano a secar las lágrimas de su mejilla. En mi cabeza no me dejaba de preguntar qué es lo que hacía a esa hora, en ese lugar tenebroso y solitario una hermosa mujer.
Soy Adolf, discúlpame por el atrevimiento y por asustarte, normalmente no se ve a una señorita tan hermosa a estas horas de la madrugada, en un lugar silencioso y sin compañía. Sabías que es muy peligroso, pueden pasar muchas cosas.
Un total silencio nos invadió a ambos, el sonido de su llanto causado por aquella dama se silenció. La miré fijamente y estaba totalmente la cabeza inclinada, al ver que no se daría un contacto de diálogo no pude hacer más que solo retirarme. Era más que obvio que no quisiera hablar a un total desconocido, quién en su sano juicio lo haría, en especial a esa hora y en un lugar silencioso, por su suerte de ella, era una persona con pensamientos sanos y no como muchos enfermos sexuales que están por ahí rondando en espera de sus presas.
Al ver que no pasaba nada, decidí retirarme lentamente, con unos cuantos pasos de distancia a ella. Una voz muy hermosa y sutil, el sonido de la nada salió.
Espera Adolf, lamento no contestarte antes, me disculpo por ello soy Alessia Taylor y gracias por el pañuelo.
Yo: Alessia Taylor! que hace una chica tan bonita a esta hora y en un lugar como este.
Ella: es una larga historia Adolf.
Yo: El amanecer es largo mi querida Alessia T.
Una breve historia relatada por sus labios, ante tal chica como ella me di por vencido con la mirada tan penetrante, me senté al lado de ella con una atención fijamente, me hipnotizó enseguida con su mirada. Últimamente estaba perdida en lo más profundo de las tristezas que existía, no lo pudiese describir porque no sé qué es perder a un ser tan valioso como nuestra querida madre con tan solo de pensarlo mis sentimientos se desmoronan. Lo único que pude hacer en eso entonces era darle un abrazo por varios segundos.
Me contó que cada atardecer cuando era pequeña, solían recorrer ese malecón con su mamá, y unos de los asientos favoritos era exactamente dónde estamos y es así que cada noche desde unos días que su mamá murió para en ese lugar muchas horas de la noche.
Ya era muy tarde de la madrugada lo propuse irnos, yo estaba cansado por el trabajo y mamá me esperaba en casa, supuse que estaba preocupada ya que mi teléfono estaba apagado. Así que la dije que lo acompañaría a su casa, ya que no lo quería dejar sola en ese lugar. Muy gustosa aceptó la propuesta y eso me tranquilizó.
Alessia era una chica muy hermosa, al verla caminar definitivamente me encantó, no era un simple encanto, era uno de esos encantos que realmente perturbaba mi ser. Lo mejor de todo, era que la casa de Alessia, estaba a unas cuadras del malecón, así que no duró mucho la caminata hacia su hogar, al estar a unos centímetros de la puerta que nos separaba, dije, por qué no hacer el intento de preguntarle si nos volveríamos a ver y también pensé, que si no lo hago, nunca más la volveré a ver.
Yo: Alessia Taylor, me gustaría verte de nuevo y conversar, bueno, si tú lo permites.
Ella: Claro Adolf sería un gusto volvernos a encontrar y platicar, solo ve a ese lugar y a la misma hora.
Yo: Espérame que ahí estaré mí querida Alessia cada noche para ti.
Bueno me retiré a casa contento, por qué logré conocer a Alessia Taylor y aun mejor, que la volveré a ver. Ya en casa, en mi cuarto, me quedé pensando en lo sucedido, me puse a pensar lo doloroso que es perder a una madre, es por esa sencilla razón que la amo a mi vieja, la valoro, porque una madre es como una estrella fugaz que pasa por tu vida una sola vez, amala porque cuando su luz se apague jamás la volverás a ver.
Ya en el trabajo a punto de salir, el frío estaba como la de ayer, retomé el camino recorrido del día anterior para ver a Alessia y tal como dijo ella, ahí estaba, la encontré en el mismo lugar, me alegró al verla con una sonrisa en la cara y no con las lágrimas en las mejillas. Desde aquella vez cada noche transcurrida, ella estaba ahí, en el mismo lugar y a la misma hora.
Una de las tantas noches de encuentros nuestra conversación fluyó más de lo normal que las noches anteriores, tanto así que di el primer paso y le robé un beso, esos labios bien resaltados, con la cara fría, un beso tan apasionado del tan ambrosía que me perdí en lo más profundo de mis pensamientos. Nos miramos fijamente chocando nuestros frentes y sonriéndonos, esa noche no lleve mi suéter y yo me moría de frío, prefería estar con ella que antes ir a casa a traerlo, me sonrió, se compadeció de mi al verme temblando, me presto el suyo, antes de eso lo acompañé a casa, nos despedimos con un beso y me llevé el suéter de esa dama. Le debo a Alessia, si no fuera por su acto de bondad, a casa llegaría congelado, gracias a Dios no fue así.
A la mañana siguiente me alisté como todos los días para ir al trabajo, al suéter negro de Alessia lo puse dentro de mis cosas para entregárselo en la noche, ya que eso era mi rutina nocturna de todos los días desde la vez que la conocí.
Esa noche como todas las otras noches tomé el mismo camino, llegué al mismo lugar, pero ella no estaba, en ese entonces no me preocupé, será que hoy no quiso salir o tenía cosas que hacer o salió a otro lugar, solo me quedó ir directo a casa y supuse que mañana la volveré a ver y devolver el suéter, pero no fue así, no supe el por qué, ella no estaba en ese lugar, su ausencia ya llevaba varias noches y extrañaba el susurro de su voz.
Con el pensamiento del por qué ella ya no estaba ahí me rondaba la cabeza todo el camino a mi casa, estaba muy cansado y llegué de frente a acostarme, ya de mañana del día domingo decidí ir a su casa y saciar mis dudas del por qué su ausencia y a la misma vez entregar el suéter.
Caminé algunos minutos para llegar a su casa ya que la distancia no era muy larga, bueno ya estaba ahí, al tocar la puerta un señor robusto y con barba muy esponjosa me abrió la puerta supuse que era el señor Taylor.
Yo: buenos días señor Taylor disculpa la molestia, pero busco a su hija Alessia Taylor vengo a devolverle el suéter que me prestó hace algunos días.
El señor me dio una mirada desconcertadora y con tal asombro que me asustó, y de repente con una rapidez me quito el suéter de la mano se froto la cara con tal delicadeza y tristeza que en un momento salió sus lágrimas, no entendía nada de lo que pasaba en ese entonces.
Me invito pasar a su casa no sabía cómo explicarse y a la vez explicármelo sobre Alessia y me lo dijo, me quedé tan sorprendido y asustado que no lo podía creer y que todo era una mentira, no puede ser, ¡cómo! si ella estuvo conmigo todas esas noches, excepto después del beso, el señor Taylor tampoco lo entendía, su expresión de un hombre confundido, era fuera de lo normal todo lo que me dijo, lo primero que se me ocurrió, salir corriendo y comprobarlo, tan de prisa hacia aquel lugar donde los muertos descansan, al llegar al cementerio me fui exactamente donde el señor Taylor me dijo y lo comprobé, ahí estaba todo, era cierto, no lo podía creer estaba tan confundido, traumatizado y asustado, el nombre de Alessia Taylor en aquella lápida.
Alessia Taylor 07-05-1984 a 11-07-2004, muy desconcertador todo lo imposible de mis creencias manipulados por la religión desde mi infancia de lo paranormal, al parecer en esas semanas de romance hacia un ser del otro mundo, se hizo posible, no podía asimilarlo, esperaba despertarme y que todo fuera un sueño, maldición no podría estar loco o ¿si?, el suéter que me dio decía lo contrario mi estado mental estaba bien, pero contarle ante la sociedad, imposible de creerlo ni en sus más sano juicio lo podrían aceptar a la realidad.
Alessia con la pérdida de su mamá se deprimió tanto, que no podía más, las primeras semanas de ausencia de su querida madre hacia el mas allá, lo torturó tanto al alma que estaba en un pozo de sufrimiento sin salida, cada día que pasaba se sumergía más, que solo divisaba oscuridad.
Llego a un punto donde no pudo más, una decisión fatal en aquel entonces, no lo pensó ni dos veces para aquella actuación irresponsable,solo buscaba una forma de morir sin sufrimiento donde solo en un segundo acabara con su vida, en el ático su padre guardaba un arma se apodero de aquel objeto para su atroz suicidio, antes de eso llamó a su padre para despedirse,el padre no lo entendía y confundido se fue al trabajo, un par de plegarias hacia Dios con el llanto en sus ojos y la punta del arma presionado en la garganta, hola mi querido Dios donde todos acuden a ti en desesperación por que no tiene otra alternativa, como muy bien sabes soy Alessia Taylor y eres cómplice por todo lo que he pasado, no pediré perdón de nada en esta plegaria, note lo mereces y estaré hospedada en lo más profundo del infierno con los oídos al tanto esperando tus palabras de perdón y tus suplicas hacia a mí, te estaré escuchando como lo haces y espero que te acompañe la suerte, lo necesitarás, prefiero podrirme en lo más profundo del abismo antes de perdonarte. AMEN…. tres, dos uno, el sonido de un disparo decoró el ambiente y un cuerpo sangriento en la habitación..

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Acerca del autor

Jose Ascheri

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