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El bosque de los suicidios



El bosque de los suicidios - Viajes y ocio

 

En  Aokigahara, algunos lo llaman Jukai, “mar de árboles” porque durante todo el año es verde y silencioso, no funciona el GPS. En este bosque del monte Fuji  es común ver señalizaciones  hechas por los visitantes y los voluntarios para que nadie se pierda y para que todos puedan volver a salir

Recorrer el parque es toda una experiencia. A sus puertas y en diversos puntos de su interior, el visitante se topa con carteles  en los que la Asociación Internacional de Prevención del Suicidio intenta persuadir a los desesperados de que cumplan con su propósito..El problema de  los suicidios es tan agudo aquí que el lugar está poblado de carteles que piden a los visitantes que piensen «una vez más» en la vida que les fue otorgada y que tengan presentes a «sus padres, hermanos y hermanas y niños». «No sufra solo, antes, contacte a alguien«, continúan los mensajes, acompañados de el número de teléfono de una línea de ayuda psicológica.

Adentrarse en las entrañas de Aokigahara es introducirse en un universo de silencio, en un mar de árboles profundo y oscuro, en el que perderse suele convertirse en algo habitual. Aquí resulta difícil orientarse ante la imposibilidad de utilizar brújulas u otros instrumentos destinados a tal fin.

Por ello, no resulta extraño encontrar cintas de colores atadas a los árboles que permiten a los suicidas marcar el camino y despedirse de esta forma del paisaje natural que les rodea  y, según algunos, facilitarles el regreso si deciden desistir en su intento-. La imagen resulta desoladora, como la de su aparcamiento en la que suelen permanecer por largo tiempo vehículos abandonados por quienes finalmente no regresaron.

En la mayoría de los casos, se ahorcan de las ramas de los árboles, en otros, ingestan venenos o altas dosis de drogas. A día de hoy, Aokigahara es el segundo lugar del mundo donde más gente se suicida, solo por detrás del puente Golden Gate de San Francisco (EE.UU

Algunos creen que los orígenes de esta siniestra “fama” se remontan al siglo XIX, cuando siguiendo la tradición ubasute, las  familias japonesas  incapaces de mantener a parientes  ancianos o enfermos los abandonaban en el bosque para que murieran allí. Años después, el cine -con cintas como El bosque de los sueños (‘The Sea of Trees’) o El bosque (‘The Forest’)- y diveros libros no han hecho más que hacer aumentar la popularidad de este singular rincón.

Es el caso de la novela Nami No Tou, de Seicho Matsumoto -publicada en los años 60- en la que una pareja de enamorados se suicida en el bosque, o la exitosa obra escrita tres décadas después por Wataru Tsurumi. Con el sugestivo título de El completo manual del suicidio sugiere Aokigahara como uno de los mejores escenarios del mundo donde perder la vida.

El suicidio en Japón

Según cifras de la Organización Mundial de la Salud, Japón tiene el tercer lugar de tasa de suicidios más alta del mundo, después de Corea del Sur y Hungría.

«El aislamiento es la principal causa para la depresión y el suicidio», dijo a la BBC Wataru Nishida, psicólogo de la universidad Temple de Tokyo . Los kamikazes y la tradición japonesa del harakiri, el «suicidio honorable» de épocas milenarias, se utilizan como razones para justificar esta problemática. Para Nishida, la cultura alrededor del suicidio podría ser un factor, pero su explicación es que Japón no tiene historia del cristianismo, por lo que nunca fue un pecado. Incluso se lo ve como una manera de asumir responsabilidades.

Lo cierto es que en Japón, el suicidio es la principal causa de muerte entre los hombres de 20 y 44 años. Las cifras despegaron desde la crisis financiera de los 90 y aumentaron en 2008. Las crisis dejaron un tendal de jóvenes  precarizados  con contratos de corto plazo y poca estabilidad.

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renzo

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