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«El bueno, el feo y el malo» de Sergio Leone



«El bueno, el feo y el malo» de Sergio Leone - Cine y Televisión

El bueno, el feo y el malo (V.O. Il buono, il brutto e il cattivo a.k.a. “The good, the bad and the ugly”)

Italia, 1966

Director: Sergio Leone

Género: Western

(Imagen: Logo de la película – wikimedia commons, dominio público)

La tercera parte de la Trilogía del Dólar es también la más larga y la más ambiciosa, así como, generalmente, la mejor puntuada por la crítica. Si “Por un puñado de dólares” (1964) tenía un solo protagonista (El forastero Joe) y “La muerte tenía un precio” (1965) contaba con dos (Los cazarrecompensas “Monco” y Mortimer), “El bueno, el feo y el malo” (1966) tiene tres: El trío de pistoleros que ya menciona el título.

El flemático personaje de Clint Eastwood (ésta vez denominado “El Rubio”) es ligeramente distinto a su equivalente de las entregas anteriores, sobre todo en lo que respecta a la estética: En la última película de la trilogía Eastwood ya no lleva su famoso poncho, sino una gabardina. Pero el purito continúa portándolo en los labios (Leone ya dijo que el cigarro toscano “era el auténtico protagonista”; y ésta vez su relevancia es mayor, pues Tuco pudo seguir el itinerario del Rubio y llegar hasta él a base de ir recogiendo sus colillas por el desierto).

Sólo en las escenas finales, a partir del paso por el campamento militar nordista y tras la voladura del puente, Eastwood vuelve a colocarse su característico poncho; que parece ser exáctamente el mismo que en las otras dos películas. El colt que Clint usa en “Por un puñado de dólares” y en “La muerte tenía un precio“ tiene en la culata el dibujo de una serpiente enroscada. En cambio en “El bueno, el feo y el malo” su arma parece ser un revólver diferente, con un cañón bastante más largo.

Originalmente, Leone había previsto que el papel del “Malo” recayese en Henry Fonda, actor muy apreciado por él. Sin embargo terminó interpretándolo Lee Van Cleef, quien ya había colaborado en “La muerte tenía un precio” como el coronel Mortimer. Henry Fonda sería el antagonista del arquetípico “pistolero solitario” en el épico “Hasta que llegó su hora” (1968), último western del director romano.

Las respectivas tramas de las películas que componen la Trilogía del Dólar no tienen conexión alguna entre sí (como sí sucede, en cambio, en la Trilogía del Padrino). Lo que las une (además de su género y época) es su estilo visual y narrativo, sus esquemas argumentales y la presencia de los mismos actores principales (especialmente Clint Eastwood). Y también como es obvio, el haber sido concebidas por un mismo director, un mismo equipo de guionistas y contar las tres con unas colosales bandas sonoras a cargo del maestro Morricone.

El rostro nuevo en la tercera entrega es el del “Feo”, el lenguaraz y bufonesco bandido mexicano Tuco (nombre completo: “Tuco Benedicto Pacífico Juan María Ramírez”). Interpretado por Eli Wallach, el personaje de Tuco pone una simpática nota de humor e ironía – Por cierto, del mismo modo que Eli Wallach aparece en la tercera parte de la Trilogía del Dólar también tiene un rol importante en la tercera parte de la otra trilogía fundamental; la del Padrino. En “El Padrino III” (1990), un ya anciano Wallach caracteriza al jefe mafioso don Osvaldo Altobello.

Éstos tres hombres implacables están condenados a colaborar para llegar hasta el tesoro. Los tres se odian, pero al mismo tiempo se necesitan. “El Bueno” es efectivamente el menos malo de los tres, y el único que realmente se merece su apodo (aunque un apelativo aún más idóneo sería el de “el Astuto” – pues no sólo su puntería sino también su inteligencia queda más que demostrada). Los otros dos carecen por completo de escrúpulos, y tienen previsto apuñalar por la espalda a sus contrincantes a la primera oportunidad (tras haber encontrado los dólares, se entiende).

El bueno, el feo y el malo” es un western con ligeras pinceladas cómicas (mayormente de humor negro) enmarcado en el contexto de la guerra de secesión estadounidense. Los personajes principales tienen la oportunidad de presenciar furibundos combates entre ambos bandos, los yankis unionistas del norte y los secesionistas confederados sureños.

La película contiene (en parte debido a su larga duración de casi 3 horas) mayor número de escenas míticas y diálogos geniales que sus dos predecesoras en la trilogía. Entre ellas se encuentra la del atraco de Tuco a la armería; o la del manco que irrumpe en la estancia en la que Tuco se encuentra metido en la bañera con la intención de ajustarle las cuentas: El manco cree sorprenderle, le apunta con una pistola y comienza a sermonearle diciendo que le hará pagar muy caro sus fechorías. Tuco, quien tiene la pistola oculta bajo la espuma de su bañera, se limita a acribillarle a balazos y a pronunciar una frase lacónica y lapidaria: “Cuando se dispara se dispara, y no se habla”.

Es muy cómico el enorme cinismo de Tuco, quien en la enfermería del monasterio le dice a los frailes que “cuiden bien a mi amigo, él es como un hermano para mí” – cuando pocas horas antes estaba paseando al Rubio por el desierto para matarlo lentamente de sed y agotamiento (Claro que eso fue antes de conocer la existencia del tesoro del cementerio…). El Rubio, por su parte dice una frase sumamente memorable (a la vez que paradójica) mientras está convaleciente en la enfermería: “Dormiré tranquilo porque sé que mi peor enemigo vela sobre mí” (Nadie puede hacerle daño si incluso su peor enemigo se afana en protegerle).

La escena del duelo triple (¿o “truelo”?) en la plazoleta central del cementerio es una de las máximas cumbres del cine leoniano y una de las mejores secuencias western de todos los tiempos. Tres grandes, Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach; preparados para desenfundar y apretar el gatillo. Primerísimos primeros planos a sus ojos inquietos, a sus sudorosas frentes y a sus diestras manos en estado de alerta. Todo ello aderezado por los acordes de la excelente banda sonora de Morricone…

Como curiosidades: 1500 soldados españoles participaron como extras en la película (rodada en Almería). Lee Van Cleef tenía el dedo corazón de la mano derecha parcialmente amputado, lo cual puede verse si se presta atención durante la escena del duelo.

Otra frase legendaria (y una de las últimas del film) le dirá el Rubio a Tuco en el cementerio: “El mundo se divide en dos categorías: Los que tienen la pistola cargada y los que cavan…”

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Felix85

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