Salud

El caballo como terapeuta

El caballo como terapeuta - Salud

 

¿Por qué utilizar el caballo como terapeuta?

Tras la domesticación del caballo por su utilidad en labores de trabajo y transporte, pasó a ser imprescindible en prácticamente todas las casas. Una vez cubiertas esas necesidades, el caballo pasó a un segundo plano de ocio. Hoy en día y gracias a estas actividades de ocio, hemos podido estudiar el comportamiento del caballo, así como aprender a comunicarnos intentando hablar el mismo idioma. de este modo y con un trato adecuado del animal, encontramos una nobleza y un animal colaborador en todo momento.

Actualmente, se llevan a cabo en todo el mundo diferentes terapias con animales que han demostrado ser muy beneficiosas para la salud integral de las personas. Algunas de ellas son las terapias asistidas con perros o las terapias con caballos. En ellas se analizan las magníficas casualidades de estos animales como medio rehabilitador

En las terapias asistidas con caballos hay diferentes aspectos que nos explican el porqué del caballo como medio rehabilitador, entre ellos destacan las dimensiones del animal, su movimiento acompasado y multidireccional, la temperatura corporal que irradia a las piernas del jinete, el vínculo emocional que se establece entre ambos, la comunicación sensitiva y el entorno facilitador

Tamaño

El caballo, a diferencia de otros animales que intervienen en terapias asistidas, como pueden ser los perros,  tiene un tamaño que nos permiten subir a él y desplazarnos de un sitio a otro posicionándonos sobre su dorso. Es esta experiencia la que marca una clara diferencia principal con el jinete, ya que interactuar con de este modo con el caballo es en la mayoría de casos emocionante y en todos los casos despierta algún tipo de reacción, ya sea temor, emoción, desconfianza o ilusión.

Movimiento

El caballo al paso mantiene un ritmo acompasado de movimiento bilateral asemejado al movimiento del caminar humano. Transmite una media de 90-120 estímulos por minuto a la pelvis del jinete. Este movimiento que estimula su parte física consigue también relajar toda su musculatura, la que está en contacto con el animal, y el resto del cuerpo con el vaivén. El paso del caballo se define como un movimiento rítmico, tridimensional y rotativo que produce una estimulación en la musculatura del jinete casi idéntica a la que produce una persona cuando camina. Proporciona beneficios a nivel neuromuscular y sensorial, y mejora y refuerza el tono del tronco y de la pelvis, trabajando grupos musculares que de otro modo son muy difíciles o muy cansados de trabajar.

Entorno

Un entorno natural y relajado es el espacio ideal para este tipo de terapias. Habitualmente, los centros de equitación se encuentran retirados de los centros urbanos, y rodeados de otros animales y de naturaleza. El cambio del entorno, favorece a la asociación del jinete a un entorno distendido y relajado.

Calor

La temperatura corporal del caballo es de 38°C. Este calor que desprende el animal se transmite al jinete en todos los momentos en que está en contacto con él: el cepillado, acariciado o la monta; en estas situaciones, la transmisión de calor corporal permite relajar la musculatura y, a la vez, estimula los sentidos. Una similitud serían los focos de calor utilizados en las salas de rehabilitación.

Vínculo emocional

Tras su domesticación, el caballo se convirtió en un animal dependiente del hombre; este lo utiliza a cambio de garantizar su sustento, y eso hace que el animal vea al hombre como fuente de alimento y de seguridad, no ya como un depredador. Lo considera un líder y, por tanto, se establece un vínculo espontaneo caballo hombre. El humano le proporciona seguridad , estabilidad emocional, y con ello aumenta su autoestima y su capacidad de afecto hacia los demás, su empatía. Por su parte, el terapeuta trabaja con ambos para que el animal le sirva de nexo de unión con el jinete, y así poder ayudarlo.

Comunicación

Como animal herbívoro que es, el caballo se comunica con su entorno de manera primaria, con su cuerpo principalmente. El ser humano ha desarrollado un mecanismo de comunicación mucho más complejo, pero si la situación lo requiere, puede simplificarlo hasta el extremo de hacerlo similar a la comunicación animal. Por este motivo, los terapeutas deben enseñar a sus jinetes a conocer e interpretar cuanto antes el lenguaje del caballo, pues ello redundará en un buen entrenamiento mutuo. En algunos casos, los jinetes también tendrán que comunicarse mediante sonidos, gestos, miradas, o medios de comunicaciones alternativos como el lenguaje de signos y las imágenes.

Sensibilidad

Todo animal depredado desarrolla una sensibilidad especial hacia su entorno. Una sensibilidad que también usan con los humanos para conocer con qué objetivo nos acercamos a ellos: con ganas de comérnoslos, con miedo, con respeto o simplemente con naturalidad. Cuando se trabaja con personas con diversidad funcional, esta sensibilidad construye un gran aliado. Con el caballo de trabajo es recíproco, pues este ve más allá de lo físico y es un magnífico ayudante en la sesión. Como contrapartida, exigirá que poco a poco el jinete aprenda a controlar sus sentimientos y emociones mediante ejercicios de respiración y relajación corporal.

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Acerca del autor

S. Alvarez

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