Literatura

El café de siempre

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El café de siempre - Literatura

Esa mañana Hanna se despertó antes de que sonara el despertador, la verdad es que no pudo dormir, había sido una de esas noches en las que tenia el mismo sueño pero uno de esos que se vuelven pesadilla, fue al baño se miro en el espejo y pensó en como seria su día. Así que se ducho y busco en el closet algo que ponerse para su entrevista de trabajo por llamarlo de alguna manera.

Después de 15 minutos parada en frente del closet, al fin se decidió por unos jeans claro pitillo, una blusa de gasa blanca con encaje manga larga y unos zapatos beige de punta abierta con tacón de diez cm a juego con una cartera pequeña, delineo sus ojos café con delineador negro, se puso ritmel y uso el labial rosa y como siempre se puso ese perfume que le fascinaba “coco mademoiselle de Channel” soltó su cabello castaño claro y ondulado que le llegaba a la cintura. Miro la hora en su teléfono eran las 7:30am debía salir pronto, si no quería llegar tarde al café donde había quedado de verse con karen.

El taxi la dejo al frente del local donde claramente se podía leer en letras cursivas de color blanco y con una bonita taza humeante al lado “El café de siempre” era un lugar muy bonito tenia muchos cuadros de tazas de café colgados sin ningún orden especifico en las paredes y el olor, uno de sus preferidos ya que el café era una de sus adicciones. Busco una mesa desocupada, todas tenían floreros con flores amarillas y manteles con estampados de granos de café, pero lo que mas llamaba la atención eran las sillas en forma de taza; encontró una que estaba cerca de las grandes ventanas que daban a la calle y pidió un café mientras esperaba.

Miraba a toda esa gente pasar de un lado a otro, a simple vista se veían tranquilas, algo apuradas por llegar temprano al trabajo, llevar los niños a la escuela; personas que tal vez como ella sentían ese vacío a pesar de que ya había pasado tiempo, exactamente dos años pero ella sentía como si hubiera sido un día…un día que nunca terminaba, entonces recordó eso que decía Albert Einstain de que el tiempo era relativo ella lo estaba viviendo y lo confirmaba cada día.

Metida en sus pensamientos escucho la voz de un hombre que estaba parado al lado de ella.

– Hola Hanna, ¿te acuerdas de mi?

Continuara…


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albani guillent

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